Enamorados del pueblo



Indudablemente que para ejercer el rol de luchador social, se tiene que estar enamorado del pueblo.


Vivimos un pasado histórico, desprovisto de amor. Los dirigentes de los partidos gobernantes de la cuarta república, engrosaron las filas de una clase política que se enriquecía gracias a su participación en las diferentes esferas de la sociedad. El llamado clientelismo político que no es otra cosa que el aprovechamiento indebido de los canales del Estado para el ejercicio del lucro, fue la estrategia más vergonzosa que vimos pasar ante nuestros ojos los venezolanos(as), con un alto grado de censura.


Haciendo un repaso por el modelo viejo de sociedad venezolana, severamente dañada por la corrupción administrativa, visualizamos la serie de atropellos que ejercían sobre nosotros aquellos funcionarios que con su doble moral actuaban en defensa de un Estado Nacional “garante de la soberanía y del bienestar para el pueblo”. Mucho dinero pagado para obtener un documento, para lograr una cama en un hospital, un pasaporte, para favorecer el acaparamiento de los mercaderes y el contrabando de mercancías. Mucho dirigente acicateado por la burguesía e intereses personales, favorecedores de empresas constructoras y de las transnacionales, mucho desamor por nuestro país.


El abuso descarado se instituyó como un derecho consuetudinario, realizado sin el menor obstáculo para beneficio de los amos del poder. La corrupción fue jerarquizada, las prebendas dependerían del grado del funcionario y el importante rol que se ejecutaría para obtener el beneficio. Todo ello bajo la mirada atónita de los ciudadanos sin recursos y bajo la complacencia de los ricos, porque solo ellos podían pagar lo exigido para poder usufructuar y andar en libertad por nuestra patria, la patria les pertenecía. Ellos recibían los mayores beneficios de los contratos fraudulentos donde se regalaba nuestro país y sus tesoros, ellos y los nuevos ricos, camarillas que emergían del robo manifiesto.


Estas acciones observadas, fueron acciones desprovistas del más mínimo respeto. Funciones orientadas a la acumulación indebida, a la malversación de nuestro patrimonio sin importar el grave daño social que hacían a nuestra población. Mientras sus bienes y cuentas bancarias crecían, mientras regalaban nuestro país, mientras corrompían al funcionario honesto hasta acostumbrarlo a recibir migajas, mientras se burlaban de los ciudadanos venezolanos y celebraban sus aciertos y ventajas de ser dueños del país, incontables venezolanos, permanecían en la desidia. Incontables venezolanos vivían en la pobreza.


Falta de amor, es lo que se puede reflexionar en torno a esta grave actuación, falta de amor así mismos (porque el amor no es egoísmo, no es avaricia, no es aprovechamiento) falta de amor al prójimo, falta de solidaridad y sensibilidad: falta de amor al pueblo. Y lo más insólito es que bajo el toldo donde se cubren estos destructores de nuestro país que pelean por volver al poder, gente amiga, de buenos principios y hasta hacedores de nuestra propia ideología, se han conformado con quedarse ahí, en ese lado, donde se pinta más bonito la enajenante y corruptiva vida de todos ellos. Lo maravilloso de esta revolución es que le pertenece al pueblo y ya el pueblo decidió: No volverán.


Enamorarse del pueblo, así se expresó nuestro presidente en una entrevista que le hicieron en su viaje por Europa. Debemos, afirmó con fuerza, debemos enamorarnos de nuestros pueblos para salir de la pobreza. Que expresión más bella, que delicada y humana manera de hablar con respeto a un pueblo, a los pueblos del mundo. Una visión diferente para tratar a un país, a una sociedad, a un pueblo. Una mirada de amor, que no nace de la noche a la mañana, de la improvisación, que no nace por vocación populista, que nace del trabajo individual y de la pasión por la igualdad bolivariana, que nace de ese trabajo, ese trabajo del que hablaba el Che Guevara cuando mencionaba la importancia de la adhesión personal y la adhesión de principios para formar el bloque indivisible. La adhesión del amor para ser triunfadores en la batalla.


Enamorarse de Venezuela con la visión de Chávez, el gran luchador social de nuestra nueva historia, supone, un compromiso de amor por Venezuela, por los habitantes de Venezuela, por los excluidos de Venezuela. Un compromiso por la patria, que exige vigilancia de la corrupción heredada (que llama siempre como imán a la aguja). Corrupción que debe ser desterrada porque aquí la lucha es por la dignidad del pueblo, por la dignidad construyendo con amor para edificar la patria socialista de igualdad y justicia que deseamos.


Por eso, debemos denunciar a los corruptos, cercarlos, cerrarles el paso y destituirlos de la zona donde comienzan a cavar como hormigas, porque se llevan todo, hasta nuestros sueños los acomodan en su universo cultural para confundir a los revolucionarios nuestros y al pueblo. El enemigo batallando en nuestras filas se acomoda con dos objetivos básicos. El primero, sacar tajada con los programas de bienestar social, con los proyectos innovadores, donde se administran recursos y el segundo, sepultarnos como dirigentes. Ambos objetivos dan como resultado un indiscutible descrédito ante el pueblo.


Enamorarse de nuestro pueblo es la lección más hermosa que nos da Chávez en su discurso y en su actuación como mandatario. Nosotros los creyentes y luchadores en este proceso del pueblo, sabemos que para construir la nueva sociedad socialista venezolana debemos estar enamorados de nuestro pueblo. El amor hace maravillas: pregúntenle al pueblo venezolano por qué quiere a Chávez, pregúntenle a Chávez por qué quiere al pueblo y pregúntennos a nosotros por que escribimos para la revolución. Yo escribo por amor a la Revolución Bolivariana, porque estoy enamorada de mi pueblo.



(*) Socióloga



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Carmen Arelis Contreras M. (*)


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