Habilitante para gran salto

La historia de Venezuela en los últimos 14 años ha vivido momentos de ruptura y viraje muy significativos. Han sido acontecimientos/verdad, al decir de Badiou, que han trazado un horizonte de emancipación social y de lucha anticolonial contra los poderes globales del capitalismo.

Han sido casi 170 meses de una revolución política de contenido democrático y popular que retomo la idea del socialismo como modelo de organización de la Venezuela del futuro.

La Constitución de 1999, ha sido el marco político y jurídico que ha servido de soporte a cada uno de los pasos realizados para construir un nuevo tipo de democracia participativa; una nueva ciudadanía con todos sus derechos civiles, políticos, sociales, ambientales y culturales garantizados; un modelo económico orientado hacia la igualdad, la equidad y la solidaridad; y un Estado soberano que sustenta la independencia y la soberanía popular latinoamericana.

La sociedad y sus líderes, en primer lugar el Presidente Hugo Chávez, se movieron (se mueven) en la hipótesis de una transición hacia el socialismo bolivariano. Dicha transición, desde el rentismo petrolero y el orden social patrimonialista de la hacienda, ocurre desde el mismo momento en que se dio la derrota electoral del sistema puntofijista, en condiciones de agudas tensiones y duras confrontaciones de clase, que aún permanecen y se profundizaran, como lo podemos confirmar con el terrorismo económico y alimentario en curso.

No obstante la acción ofensiva en sus múltiples manifestaciones electorales, institucionales, diplomáticas, estratégicas, sociales y económicas, la dirección política ha debido recurrir a la infraestructura estatal heredada para realizar su gestión.

El recurso al viejo Estado y la convivencia con el rentismo petrolero, con el mercado capitalista, con las redes financieras y bancarias ha sido un tremendo lastre que complica el avance del proyecto emancipatorio.

De contera, la constitución del sujeto político del proceso, no obstante mostrar significativos avances, presenta desigualdades notables como consecuencia de las prácticas clientelares de las mediaciones y agencias conformadas y del populismo (de izquierda) que se apalancó en el caudillismo y el mesianismo, saturado de símbolos religiosos y místicos en la discursividad, enunciación y expresión oficialista, que pretende encajar en la mentalidad o el modo de ser nacional venezolano y bolivariano.

Como en los años críticos del 2002/2003, Venezuela está sumergida hoy en una coyuntura bastante compleja. Son circunstancias de mucho riesgo. Pueden ocurrir sorpresas y golpes demoledores de la ultraderecha.

La crisis económica y fiscal, fruto de la superveniencia del modelo de acumulación capitalista y de una burguesía importadora que acumula enormes fortunas gracias a la mala gestión macroeconómica y el manejo inadecuado de los dólares que ingresan por las ventas del petróleo, se ha materializado en dos fenómenos que causan mucho daño a toda la sociedad. Se trata de la corrupción y el burocratismo estatal.

La corrupción es un verdadero cáncer que destruye y desvía cifras descomunales del patrimonio social. Además, propicia la degradación y deslegitimación de las formas institucionales aceptadas. La corrupción es propia del modelo de acumulación capitalista que se mantiene e involucra a los agentes del rentismo petrolero y a las redes que administran el gobierno y numerosos segmentos de la sociedad civil que funciona con las lógicas de la ganancia.

Venezuela está urgida de un salto orgánico y la dirección del proceso ha planteado el recurso constitucional de una Ley Habilitante para aprobar medidas muy fuertes que ataquen la corrupción y el burocratismo.

La Habilitante debe ser la ocasión para plantear un gran salto político (a la manera maoista) que incluya una revolución cultural como escenario de lucha de clases en el que el movimiento popular despliegue una ofensiva contra la formación social capitalista y sus agentes sociales identificados como la burguesía importadora que monopoliza a Cadivi y el mercado de divisas, la boliburguesía vestida de rojo rojito y los grandes propietarios de fundos en las regiones.


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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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