Chávez, el guardián de los sueños libertarios



La serenidad se funde con el espíritu batallador de quien reposa impávido en el Cuartel de la Montaña. Más de 200 días de descanso, arropados con lágrimas de un pueblo que coincide en el vacío que dejó su partida física y ese “por ahora” eterno en el que se convirtió el Comandante Supremo, Hugo Chávez Frías.

Hoy, quizá un poco tarde, la mayoría de sus detractores reconocen la capacidad intelectual, política y el desprendimiento que caracterizó al “Arañero de Sabaneta”, aquel que con sus largos pies de “Tribilín” recorrió todos los rincones de la patria en busca de los senderos de la utopía.

Los atuendos de pelotero y militar sucumbían ante el traje humano que siempre vistió, más allá de sus típicas chaquetas que con su tela acariciaron miles de rostros que se aferraron a su pecho en busca de atención.

“Ese es el camino que nos trajo aquí: la Revolución, el despertar de un pueblo que se manifestó, de manera gigantesca, el 27 de febrero de 1989; y eso nos puso a la vanguardia de los cambios en este continente y el mundo”, señaló en el primer Consejo de Ministros, luego del triunfo arrollador obtenido en las elecciones del 7 de octubre.

Chávez sabía que los cambios estructurales son similares al ciclo de un río: se desplaza y enfrenta obstáculos en su recorrido, pero jamás se mantiene estático, pues renegaría de la dialéctica en la que está concebida “la única nave espacial” que agrupa a todas las razas, creencias y costumbres.

Estaba consciente, en términos ideológicos, que el patrón de medición de los logros socialistas –parafraseando a István Mészáros, el filósofo marxista de origen húngaro– se calcula en la medida que las políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general.

Con los pobres de la tierra…

Los ancianos, enfermos, hambrientos y todos los excluidos de la sociedad como si fueran “chatarras vivientes” tuvieron cobijo en esa hacienda que fue el corazón del “Redentor de los Pobres”, como lo definió su homólogo boliviano, Evo Morales.

“Yo tengo fe, y nunca la perderé, en que la mayoría va ir entendiendo poco a poco y se va a ir sumando críticamente, como debe ser, a este proceso”, expresó el líder bolivariano ante el fresco atardecer de Bailadores, estado Mérida, el 11 de febrero de 2001, durante la transmisión 62 de su programa dominical “Aló Presidente”.

Esas reflexiones proféticas se adhieren, paulatinamente, a los cambios que desde 14 años ocurren en Venezuela, pese a las conspiraciones existentes de quienes ostentaron el poder en detrimento de las mayorías.

“Tenemos un conjunto de desafíos que enfrentar: económicos, políticos, sociales, estatales y luego las líneas gruesas de nuestro proyecto”, manifestó el 22 de enero de 2012, desde el salón Néstor Kirchner del Palacio de Miraflores, en alusión al poder popular como instrumento de transformación del nuevo ordenamiento político-territorial del país.

De esa travesía nadie lo sacó. Consideró que las respuestas a los problemas presentados se hallaban en la organización colectiva de las comunidades, de allí que la transferencia de competencias hacia el “ciudadano de a pie” no sólo se quedó en retórica sino en hechos consumados.

Guía excepcional

“Un verdadero líder tiene que estar en el alma de su pueblo; de lo contrario, difícilmente, será un dirigente auténtico”, abogó ante la primera asamblea del primer Polo Patriótico, desde la Sala Plenaria de Parque Central, en Caracas, en 1999. Con el transcurrir del tiempo, esa misma idea se mantuvo incólume y la cumplió hasta donde la salud le permitió.

“Pienso que ahora debemos abrir una batalla en la construcción de los espacios concretos del socialismo con mayor rigor, con mayor dimensión, con la mayor aceleración en el tiempo, con una concreción mucho mayor”, argumentó en su discurso pronunciado con motivo de tercer aniversario del Frente Francisco de Miranda, celebrado en el Poliedro de Caracas el 29 de junio de 2006.

Para el Presidente Eterno, aquel abismo circunstancial entre el Norte y el Sur se hizo tan gigantesco que ahora es insostenible su orden económico, aunque algunos “espantadores de la comarca”, en su ceguera intransigente, pretendan justificarlo en función de mantener el disfrute, la opulencia y el despilfarro.

Con su capacidad de ver más allá de lo superficial, pronosticó la idea del mundo pluripolar que se enlaza como una gran red política, económica, social, tecnológica, alimentaria y espiritual que, a largo plazo, se convertirá en centro de gravedad de un nuevo orden universal.

Aunque su voz no se escuche directamente, jamás podrá ser borrada de la mente de cada uno de los venezolanos, independientemente el grado de afinidad o desagrado que haya podido despertar en alguien. Chávez, como guía, desató pasiones encontradas en unos que lo veían como un enviado de Cristo, mientras otros le endilgaron definiciones negativas que no se corresponden con la realidad.

La imaginaria luz que emerge del féretro se mantendrá encendida, siempre que las mayorías preserven viva la llama eterna de la patria con la que soñó el Simón de la Caracas emancipadora, ése padre ideológico del hombre que le enseñó al desdentado de la barriada que su voz pesa igual que las demás, sólo que juntas se convierten en el coro de la estrofa más hermosa: ¡libertad plena!.


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Oswaldo López Martinez

Periodista de @CiudadVLC/ Moderador del programa #EnLaCumbre, por @RNVcentral 90.5 FM

 Siguels@gmail.com      @OswaldoJLopez

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