Los esposos Ledezma caceroleando a un señor anciando y enfermo de cáncer, y al día siguiente exigiendo a las empresas no pagar impuestos. Que asco.

Carta de Alberto Muller Rojas a Provea respecto a las agresiones que sufrió en el Hotel Tamanaco el 1 de enero

Nota de Aporrea: Gracias al Sr. Francisco Zambrano por enviarnos esta carta.
Subject: Para Raul Cubas

Apreciado Raul:

Quiero aprovechar esta ocasión para enviarte a ti y a todas las personas que laboran en PROVEA, una organizacion a la que he acompañado casi desde su fundación, mis mejores deseos por un Año 2003 propero y feliz. Lamentablemente no puedo decir que él mío se inició con esos signos. Por el contrario, el comienzo de este nuevo año para mi fue marcado por un lamentable incidente que me ocurrió en el Hotel Tamanaco, donde según una costumbre familiar que instaurara mi madre, fui a pasar la noche de Año Viejo y recibir el nuevo. Todo muy bien, hasta que una banda, premeditadamente, dados los atuendos que distinguen al fanatismo antichavista, encabezada por Antonio Ledezma y su mujer, no sólo me agredieron con un cacerolazo que se prolongó por casí 6 horas, sino con todos los insultos e improperios imaginables.

Pero no fueron sólo contra mi. También ofendieron a mi señora esposa, una persona totalmente ajena a la actividad política, médico patologa de profesión, al servicio casi "ad honoren" del Hospital Oncológico Padre Machado", cuyo único pecado es ser mi compañera de vida. Lamentablemente para quienes protagonizaron semejante acto, no sucumbí ante la inhumana presión de unos niñatos que no vacilaron en amenazar mi integridad física - la de un anciano - y la de mi esposa y permanecí en el lugar hasta que cansados u obligados se decidieron a abandonarlo. No encontraron la persona débil que se deja conculcar sus derechos por bandadas de enfermos mentales con espíritus trastornados por la alienación mediatica. Simplemente sentí pena ajena hacia unas personas, que desconociendo la trayectora de otra, con más de 50 años dedicada a la docencia en centros académicos militares y en las Universidades "Simón Bolívar" y "Central de Venezuela"; con abundante obra escrita; con una actuación por la paz reconocida por la ONU quien me impuso la "Medalla de la Paz"; con un record de servicio por los derechos humanos; y, un servidor público honesto y dedicado tanto en su larga carrera militar, como en posiciones tales como la de Gobernador del T.F. Amazonas, donde me tocó enfrentar el injusto ataque realizado contra la etnia Piaroa por empresarios en complicidad con agentes gubernamentales y del partido AD, como Senador que luchó entre otras cosas por la implantación del Código Orgánico Procesal Penal, para transformar la justicia inquisidora reinante en Venezuela, en una justicia acusadora, con plenos derechos y garantías para el debido derecho a la defensa y fuera del monopolio de un gremio que la explota para su exclusivo provecho; como Embajador en un país amigo con el cual intenté y logré incrementar las transacciones binacionales.

De verdad que resulta desalentador para un hombre de mi edad con esa trayectoria tener la experiencia de vivir en un país donde pareciera que ya nadie sabe distinguir donde empieza la selva y termina la civilización. Donde se percibe en un grupo considerable de sus habitantes un proceso de secreción mental mediante el cual se comienza a admitir que lo macabro es un bien de consumo más o un derecho de las personas. Sin embargo, esa pena que siento por los inconscientes que participaron el al acto, no la siento por quienes lo estimularon y auparon: los esposos Ledezma.

Desde luego no albergo ningún rencor hacia ellos. Soy capaz de distingir una persona con neurosis fóbica de una normal. Lo que me preocupa es que individualidades con esos severos desequilibrios mentales sean quienes pretenden liderar el país. Ciertamente uno puede encontrarle muchos defectos al actual régimen -que yo los he señalado, incluso de una manera extrema cuando públicamente renuncié a la Embajada en Chile- pero nadie le puede imputar ataques a personas, en la privacidad de su vida, ni directamente ni por partes interpuestas. Esto parecería que obliga a uno, ante esa terrible disyuntiva, a tomar partido, si no fuese por el auto-respeto que le impone a las personas la obligación de mantener su libertad de criterio.

Como hecho curioso, habría señalar que en el desarrollo del incidente el gerente de seguridad del hotel, un ciudadano de apellido Gutierres, ex-agente de la Disip, expulsado a raíz de su comportamiento durante los hechos del 12 y 13 de abril próximo pasado -según propia confesión- me conminó, agregándole presión a la realizada por la banda, a abandonar el lugar, de donde era huesped registrado, a más tardar a las 4 pm a riesgo que de no hacerlo sería sacado aún cargado.

Desde luego, la directiva del Hotel lo desautorizó y en gesto que les honra me pidieron las disculpas correspondientes y me brindaron toda suerte de atenciones. Algo que les agradezco. Creo que se trata de un hecho de violación de los más elementales derechos humanos que debe ser hecho de conocimiento público para que se tenga consciencia de la situación que actualmente experimentamos los venezolanos que no queremos tomar partido - pero que nos obligan a hacerlo - en estos momentos en los cuales la irracionalidad pareciese ser el signo distintivo de nuestra vida como pueblo.

Saludos,

ALBERTO MULLER ROJAS


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Alberto Muller Rojas


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