Sebatana ha se bokwe ka diatla

Sebatana ha se bokwe ka diatla (No puede uno enfrentarse a una bestia salvaje con las manos desnudas), el título de este artículo está referido con la expresión africana que el propio Nelson Mandela expresa en su autobiografía “El largo camino hacia la libertad” (2012: 282), en la cual, en franco diálogo con Moses Kotane, para ese entonces Secretario General del Partido Comunista, y ejecutivo del Congreso Nacional Africano (CNA), le señala que para llegar al poder sólo les quedaba la violencia como único elemento para acceder el poder.

Describe Mandela a Moses como alguien de una “vieja escuela” aferrado al “catón” de Lenin y Stalin sobre las “condiciones objetivas” para acceder al poder por la vía revolucionaria. Asimismo, confiesa el líder africano la creación de “unidades militares” por cuenta de la gente, razón por la cual, Moses era parte de un CNA en su antiguo molde, sobre todo por haber impuesto en el seno de los comunistas la propuesta de la vía diplomática. Posteriormente, explica Mandela que hubo una reunión comenzando el anochecer en Durban, y entre algunos de los presentes se hablaba de la oposición al tema de la violencia; dentro de la cual cita a Singh quien le diría: “La no violencia no nos ha fallado, somos nosotros quienes le hemos fallado a la no violencia” (p.283), hasta que finalmente Naidoo, ya en pleno amanecer les diría a los asistentes en tono enfático que ellos no aceptaban la violencia por el miedo de ir a la cárcel, lo cual hizo que el debate se hiciera más polémico, y terminaría con la decisión de autorizar a Mandela hacia la creación de una nueva estructura militar, casi que opuesta, diría yo, a los preceptos enmarcados en el CNA, que según el líder africano se refería a una “violencia organizada” que no podría conocer su destino.

Cuando se analiza este libro de Mandela en su magnitud sobre los primeros pasos en el siglo XX de lo que significó en Suráfrica la lucha contra el llamado Apartheid, el racismo, la exclusión y el menosprecio por los negros, encontramos en la contemporaneidad cuando desde espacios de poder, concretamente lo que en nuestra república comenzó a darse con el ascenso de Hugo Chávez al poder en 1998, la búsqueda de algunas respuestas: ¿Han renunciado tanto grupos opositores como autodenominados colectivos revolucionarios de imponer por vía de “violencia (des)organizada” la conquista de lo que consideran están en su derecho de alcanzar, como por ejemplo el conflicto que hoy ocurre en algunas universidades del país, cuando un grupo, cualquiera de ellos pretende imponer su razonamiento sobre el otro?

Por analogía, extraemos que las condiciones de Suráfrica de aquel 12 de Junio de 1964, cuando Mandela y los otros líderes del CNA, junto con el judío Dennis Goldberg fueron sentenciados a cadena perpetua en aquel, definido para mí, “Tartufo de Rivonia” son totalmente distintas en sus dimensiones políticas y sociales, hoy esas mismas condiciones muestran signos de resquebrajamiento en los nuevos prolegómenos que en tiempos recientes se han venido dando en 1998 por parte de los países de Suramérica. La corrupción administrativa, el tráfico de influencias, la exclusión política, las mal llamadas “asociaciones estratégicas” sobre nuestros recursos naturales, la negación de entender que nuestra educación no puede seguir al estilo norteamericano y europeo, la intolerancia de la crítica como factor de persuasión política, la creación de nuevas jerarquías sociales en el campo de las élites políticas. ¿Acaso no son elementos de un nuevo Apartheid que traicionan el pensamiento de nuestros próceres revolucionarios del sur en la búsqueda de la conquista de una vida en justicia social para nuestros pueblos?

Hay mucho que debatir en el plano de la (de)construcción política, llamada revolucionaria. La historia de Mandela revela elementos morales, éticos y de resistencia social para aproximarnos hacia un fin que el propio Chávez en su legado también nos dejó como parte de su pensamiento.

Lamentablemente, pareciera que el pragmatismo de una politiquería ensalzada en el mismo concepto de las transnacionales entre los Estados europeos y suramericanos con negocios de desarrollo “mutuo”, la explotación de oro violando condiciones del hábitat de nuestros ancestros (e incluso de torpeza ideológica), así como la incomprensión de los procesos históricos sobre el significado del comunismo y el capitalismo como únicas fuentes contrapuestas para alcanzar la supuesta eudaimonia, nos revelan la obligación de establecer vías distintas para conseguir otros espacios revolucionarios. Ante ello, ¿lo que hoy ocurre en Brasil es parte de un espejo o una ilusión que puede extenderse a Venezuela? Cada quien reflexione su propia respuesta.


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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