Buenos recuerdos de la cuarta


Por supuesto que tengo recuerdos agradables de la cuarta ya que nací en 1960 era una época en la que mi papá andaba metido en peos en la UCV con la juventud adeca, mi padre se graduó de odontólogo en la ULA un año después de mi nacimiento o sea en 1961, como en Mérida nadie iba al dentista, decidió mi viejo al año siguiente o algo así, irnos a Caracas a probar suerte, resulta que en la capital mi papá empezó con un buen trabajo y hasta carro se compró, pero también comenzó una vida para él, de guerrilla urbana y viví en carne propia junto a mi mamá y mis hermanos, las loqueras en las que se metió, por andar de adeco. Por darles un solo ejemplo, como el sabia tomar puntos de sutura, a mi casa en San Bernardino, acudían todos los guerrilleros urbanos de AD a cogerse puntos, porque también la guerra era contra los copeyanos y a su vez contra la ley.

En Caracas, se puso muy arrecha la cosa y llegando los años 70 nos mudamos a Maracay por el “tráfico” en realidad ya se formaban aquellas colas infernales. En Maracay compramos una casa en la urbanización Girardot de donde nos mudamos rápidamente a Calicanto a un humilde apartamento en el edificio Los Yaguazos. De ahí que, la infancia entre Caracas y Maracay fue agradable. En los Yaguazoz vimos el mundial del 74´ y en la urbanización Girardot el mundial de fútbol del 70´. Pero, esa Calicanto del 74´ es la Calicanto sin edificios, solo habían 3 o 4 entre ellos, el de mi familia. La entrada al Batallón Blindados Bravos de Apure, era por Calicanto, por la calle Coromoto se entraba al cuartel. No existían ni Las Ballenas, ni la José Casanova Godoy. Donde están Las Ballenas era un campo de prácticas de los tanques de guerra, lo mejor de todo que en esos tanques iba montado Hugo Chávez. Yo lo vi más de una vez.

Una de esas veces, llegaron de maniobras como 80 o 100 tanques de guerra y cuando iban a entrar al cuartel por la entrada de lo que hoy es la avenida Las Ballenas, no aparecía la llave de un gigantesco candado, se imaginaran el ruido y el humo de todos esos tanques que en cola esperaban para entrar, parados en la Av. Sucre, como no aparecieron las llaves se bajó Hugo Chávez y de un certero puntillazo, como con una lanza metálica, reventó el candado y así pudieron entrar al cuartel. En otra oportunidad, en las misas de aguinaldo del año 75´ que eran en la calle Coromoto de Calicanto, eran como las 3 de la mañana y los kioscos que colocaban los militares con arepitas dulces, empanadas, café, chocolate etc. todo sin costo alguno, permanecían cerrados, recuerdo que apareció Chávez y dijo con voz de mando, abran los kioscos y repartan todo ya. También vimos al comandante muchas veces en el campo, jugando.

Otras veces, jugábamos nosotros y el venia y hablaba algo con mi maestro Blanco. Quien era el instructor de beisbol. Mi hermano Marco, era pitcher del equipo de beisbol del cuartel, en categorías inferiores, yo jugaba cualquier posición. Ese equipo lo creo Chávez, nos doto de uniformes. Total, en la cuarta pasó algo bueno y fue conocer al que después sería el presidente más aclamado y victorioso de la patria bolivariana. El era así, solucionaba y si era rápido mejor. Me siento orgulloso de haber visto tantas veces a Chávez. Nosotros, entre ellos Marcos Hernández, Rafael Berti, el maracucho Eloy Ordaz, Roger Medina, Gerardo Tepedino, Arturo Olivares, Cheo y Marco Osorio mis hermanos, Néstor Quintero, José Alezones, Tico y Chuchu Medina y muchos otros; nos la pasábamos en el caney del cuartel o en el ring de boxeo. Así llegaron los 80´ y se acabó esa magnífica década.

Ahora, cuando ya no esta Chávez entre nosotros físicamente, doy gracias a la vida porque viví la época de Chávez, en su adorado cuartel que ahora se llama Abelardo Mérida. Bueno es recordar también, que se me pasó, que la callecita que había entre la Casa de los Andes y el cuartel, se llamaba Callejón Las Monjas, que era una calle que llegaba desde la antigua entrada del cuartel hasta le bomba Tommi. También, que era una época tan sana, que al salir de las misas de aguinaldo y llegando el amanecer, cuando se agotaba la caña y la comida, cuando se iba la gente nos “encontrábamos” en las casas de Calicanto y San Isidro, leche en botellas de vidrio, pan calientico; del de antes y todos los periódicos y revistas. Todo eso nos lo llevábamos, cual pandilleros juveniles y así “desayunábamos” antes de irnos a dormir, luego de una noche de patinata y aguinaldos. Por todos esos lados nos encontramos a Chávez. Sirva esto, para hacer un llamado a quien está indeciso, a que acuda a votar por Nicolás, que es como votar por Chávez, ya que continuaremos en la profundización de la revolución, en su proceso de cambios y de divisas para el pueblo y no para la oligarquía.


jorgito1926@hotmail.com



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Jorge Osorio Rojas


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