La Raiz Zamorana de la Revolucion: El Programa Federal (II)

En esas tierras, Zamora se identifica con las capas de la población que de manera tan mezquina han sido tratadas por la República. Vive sus vidas, con los peones llaneros desafía los peligros de una naturaleza salvaje e inhóspita, se enfrenta, en la misma forma que cincuenta años atrás lo había hecho el abuelo Juan de Zamora, contra los bandidos que fungen de jefes de aquella población ambulante lanzada al pillaje por la propia sociedad oligárquica sobre cuyas bases materiales se edificó la república. Zamora demuestran en estos encuentros están dotados de un indomable valor personal, que a nada teme, jugándose desinteresadamente cada vez que es necesario defender a los humildes y a los débiles. Generoso cual ninguno, honrado como pocos, apasionado hasta la exageración, y actuando en el mismo medio social donde lo había hecho José Tomás Boves, bien pronto Zamora es considerado un llanero más. Llaneros son sus mejores amigos personales y llaneros habrían de ser sus más leales compañeros políticos en su lucha por la democracia y la igualdad social. En los caseríos, en los hatos, en los polvorientos caminos, los peones hablan de él como hombre audaz, valeroso y servicial, íntegro y de sentimientos de cariño hacia los humildes. Siempre tiene dinero para socorrer a los pobres, los haberes del trabajo personal pertenecen a todos. Físicamente, sus amigos lo describen como un hombre alto y delgado; de ojos azules y mirada viva y penetrante; sus facciones se distinguen por las líneas bien definidas, pómulos agudos, nariz recta, barba firme y saliente, frente descubierta y bien modelada que da a su rostro una rigurosa expresión de inteligencia, altivez y energía.

Los años que Ezequiel Zamora vive como modesto comerciante en los Llanos y valles de Aragua constituyen en realidad otros tantos años de vivo aprendizaje y maduración. Hombre se hizo enfrentando los más diversos problemas, jugándose la vida contra salteadores que saquean las caravanas; identificado definitivamente con el pueblo, viendo su vida, sufriendo sus permanentes privaciones, comiendo sus escasa comida, gozando de sus creadores diversiones, riendo sus chistes, comprendiendo hasta donde llega su grandeza y desinterés.

Si dura fue la niñez de Ezequiel Zamora, velada por las persecuciones, el terror y la lucha, si duros fueron los años de hacerse definitivamente hombre. Todos constituyen una preparación para el papel que habría de desempeñar como tribuno y organizador popular, primero, eficaz jefe de guerrillas, luego, indiscutiblemente caudillo de las masas populares, posteriormente. Hombre del pueblo, Ezequiel Zamora, es en suma, elaboración y hechura del pueblo venezolano. Este hecho determina que en las luchas sociales en las que participa como figura de primer orden exprese con absoluta fidelidad los sentimientos democráticos y las reivindicaciones socioeconómicas de la masa popular venezolana.


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Juan Martorano

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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