El retrato

A las plagas hay que combatirlas, antes de que generen por contaminación, una enfermedad terminal, y corrompan los órganos del cuerpo, aplicando para ello la medicina necesaria y definitiva que terminara con la infección, dándole al sistema inmunológico las armas para fortalecerse y luchar contra la enfermedad, de lo contrario, termina el cuerpo por dejarse vencer y fallecer.



Así es la clase dirigente venezolana, que todo lo contamina, todo lo corrompe, una plaga que se alía con las causas más tristes, por su oportunismo, doblez y cobardía, se juntan con los peores y así se convierten en cipayos, traidores y vendepatrias. Actúan como si nunca hubiesen tenido una. En vez de tener una actitud patriótica, se doblegan ante amos e intereses ajenos y contrarios.



Esta clase dirigente, hipócrita e inconsciente, eficaz solo para su egoísmo, provee a los enemigos de este pueblo el mejor lugar para conspirar contra el pueblo, pero a su vez muestran su propia debilidad; este es el destino de los traidores que siempre creen llevar ventaja y nunca piensan en su caída.



En su necesidad y mente obtusa se creen seguros de su triunfo, del golpe artero y la maniobra envolvente para aplastar. Su tiempo ya paso y van a pagar caro su venta, el haberse arrodillado ante los enemigos jurados e históricos de este pueblo.



Esta clase dirigente, soberbia y pedante, negada a razonar cuando cree segura su victoria, es tan miope y torpe que no se da cuenta que por no haber tenido el oído pegado al latir popular, oyó solo latidos ajenos.



Esta clase dirigente venezolana aupa la intervención extranjera, la invasión por todos los flancos, muy rencorosa, muy vendepatria, muy dedicada a sus privilegios y prejuicios que no siente ningún arraigo ni sentimiento por su suelo nativo, cargada de frustraciones y de ira, agazapada y preparada para dar el golpe de gracia fulminante contra un pueblo y todo cuanto dentro esta, hipócrita y ladina, impaciente y lo peor: sorda, ciega e insensible, en consecuencia torpe, inepta y condenada al fracaso.



Esta es la clase dirigente venezolana, la que pretende retrotraernos al pasado, la que ha vendido al Imperio y sus aliados a la patria, la que intenta comprar las conciencias con cuentas de vidrios de colores, la que cree engañar al pueblo cuando ya es imposible que este se deje engañar, ni siquiera invadiendo nuestro lenguaje y nuestras construcciones, en ese populismo inventado, mentiroso, adulante y degradante.



Gran responsabilidad se pone en los hombros del pueblo, quien deberá honrar el compromiso de defender a la Revolución y ser invencible ante cualquier vicisitud próxima y probable, que deberá enfrentar, combatir y derrotar, contando con sus propios medios, capacidades y fuerzas, al enemigo interno y externo que lo amenaza y sobre todo, deberá develar por si misma lo que se oculta tras el retrato de la oposición venezolana, que al igual al “retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, esconde las miserias más abyectas, las degradaciones y las intenciones inconfesables y sanguinarias de quien es su candidato.

Confiamos en el Líder.

anazaicon@yahoo.com


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Ana Bordas


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