Arroz con pollo sin pollo

En la mesa de la ultraderecha la ultraizquierda no se ve. Cansado de hacerlo en el seno del pueblo, Bandera Roja está allí para ver si agudiza las contradicciones en el seno de la burguesía. Vainas. Toda una vida pateando la misma piedra, solo que ahora  le da de puntapiés por el otro lado, con el mismo furor y la misma inocuidad.  Sísifo eterniza su paseo entre Plaza Venezuela y Las Tres Gracias. 

 En la Mud hay también un centro, con sus matices moderados, su centro-izquierda,  centro-derecha y su extremo-centro. En la Rusia post-zarista, Stalin resolvió el asunto de manera expedita. El pico de sus Gulags se extendió desde Siberia hasta México, en la cabeza excelsa del profeta desarmado, Lev Davidovich Bronstein, o simplemente Trotsky. Mejor serían, para Tradición Familia y Propiedad y sus pichones, los métodos de Adolf  Hitler. Pero en una “democracia civilizada” la cosa no es tan cruentamente fácil, aunque ganas no faltan. Caldera logró unir un archipiélago tropical mediante la fórmula del chiripero. Pero el fundador de la democracia cristiana venezolana, ya se sabe,  le lleva una morena al candidato de Primero Justicia.

 Los “lineamientos para el programa del gobierno de unidad nacional” desaparecieron. El mamotreto que convocó a 400 cerebros hizo su debut y despedida con las primarias de la oposición, de las que todavía no se recupera Diego Arria. Y en las que todavía cree que está compitiendo Henrique Capriles Radonski. Este candidato no se ha percatado de que su contendiente es Hugo Chávez. No tiene la culpa. Su tocayo, Henrique Salas Römer, se dio cuenta de eso el 6 de diciembre de 1998 por la noche, cuando el ex presidente Herrera lanzó su alarmada proclama del joropo y las alpargatas.

 

 El candidato no tiene discurso porque la Mud no tiene programa. Las carencias personales son otra cosa. Frente a cualquier situación nacional o regional, cada grupo y personalidad opositora tiene su visión y la expresa en consecuencia. Queda el consuelo de proclamar que eso es pluralismo, pero al elector se le deja desorientado. Aparte de las pujas y codazos interpartidistas, otros factores meten sus manos en el plato: los medios de comunicación y las oportunistas ONG,  Uribe y su parapolítica, los “notables” que sobran en la derecha (pregúntenle al difunto CAP)  y, faltaba más,  la embajada de Valle Alto.

 

 Gente como los gobernadores que aprovecharon el portaviones chavista, Briceño y Falcón, flotan sobre las tablas de la talanquera en busca de otro “portaviones”. Toda su vida ha sido eso. La Mud y Primero Justicia se miran como gallina que ve sal. Los medios tienen su propia agenda. Se vivieron el Pacto de Punto Fijo y harán lo propio con sus sobrevivientes. En ese arroz con mango, el candidato queda cual un arroz con pollo sin pollo, como diría  Rómulo Betancourt, de tan inoportuna recordación en medio de este desorden de sus devaluados herederos.

 

 Ha dicho Leopoldo Puchi que “es difícil saber quién es más de derecha, si la Mud, los medios o PJ”. Tampoco se sabe quién es allí de izquierda o de centro. Lo único que se sabe es que todos son antichavistas, pero esta vez, esa certeza no les está dando resultado. Y a la luz de sus propios sondeos, es su candidato quien está pagando que el arroz con pollo no tenga pollo. 

Ni una alita.

    earlejh@hotmail.com


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

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