Fue por lana y salió trasquilado. Chávez rompió el latifundio marino

Capriles salió de pesca sin carnada

Estuvo en Cumaná, se reunió, según la prensa, con algunos pescadores y se desató a hablar mal de la política del gobierno en el área pesquera. A aquél acusó de abandonar al pescador artesanal, de asociarse y favorecer “sectores extranjeros” en lugar de hacerlo con los venezolanos.

 Ahora, uno no sabe a ciencia cierta con cuáles pescadores se reunió el candidato de Primero Justicia. Es posible que haya sido con esos tipos que suelen merodear esperando que les tiren algo, aunque sea un puesto “donde haiga”, que confunde con pescadores; pero pescadores de verdad, de esos de cordeles, anzuelos, atarrayas, redes inmensas de aquellas de mojarse para expandirlas y luego recogerlas o traer desde el fondo una sarta de meros, pegados a un palangre, para lo cual hay que botar el bofe, es poco probable. Esos son hombre duros, no ordinarios ni farsantes, poco dados a reunirse con patiquines, “lechuguinos y petimetres”, como llama Ramos Allup a la gente de Capriles.

 En Miranda, donde por cierto es gobernador, y según los Consejos de Pescadores jamás se ha reunido con ellos a hablar de sus cuitas y menos a ofrecerles o exponerles algún proyecto para mejorar la producción y sus condiciones de vida, también hizo lo mismo que en Cumaná.

 Para Capriles, que mejor es decir, la gente que conduce su campaña, pues al muchacho como si tienen prendido por la bemba con un anzuelo de coger mosca, de los chiquiticos, para pescar en la orilla y “cherecheres”, Chávez nunca ha mostrado interés por la pesca y quienes viven de la actividad.

 Eso comentó, como dijimos, en Cumaná y la costa mirandina. Pero fue por lana y regresó trasquilado; como salir de pesca y regresar a casa pelao, hasta sin carnada. O como suele suceder entre aficionados, en el mejor de los casos, al regreso a casa tuvo que freír lo que llevó como cebo. Porque no encontró ni quien caso hiciese a su prédica.

 Si de algo no debería hablar Capriles es de peces, pescados y de costa. Sus asesores deben evitar a toda costa, para no salirnos del mar y a él no le vaya mal, que toque tal asunto.

 De nuevo se pelaron los costosos y sesudos asesores. En la casa del ahorcado no se menciona la palabra soga. Lo que pasa es que por dónde sea que se meta el pobre muchacho le salta la culebra. ¡Porque tiene demasiados cables pelados tirados por allí! O como solía decir mi suegra, todos los nudos llegan al peine.

 Hablar de pesca por boca de Capriles, tal como lo hizo en la ciudad del Manzanares, cuna y asiento de pescadores; o entre los hombres de mar de la costa mirandina, es volver los recuerdos al golpe de abril, la huelga petrolera y el asalto a la embajada de Cuba.

 La furia contra Chávez se desató en aquel abril del 2002 por aquellas 49 leyes, en ejercicio del mandato habilitante acordado por la Asamblea Nacional. Entre ellas, una de las más combatidas y rechazadas por la oposición fue precisamente la “Ley” relativa a las costas y la pesca. Que definió la pesca de arrastre, tal como se venía haciendo en Venezuela, como criminal y ecocida, ejercida por un pequeño grupo de empresas, muchas de ellas extranjeras, y demandó ya no se hiciese en las proximidades del litoral. A partir de su aprobación, las embarcaciones rastro-pescadoras deben desarrollar sus actividades más allá de seis millas de la costa. Los dueños de las grandes embarcaciones destructoras pegaron el grito en el cielo y ayudaron a financiar todo contra Chávez. La oposición tomó esta inconformidad empresarial injustificada, antiecológica y egoista como bandera política.

  -”Allí mismito, como a doscientos metros, está la pesca. Ahorita mismo son abundantes los bancos de cojinúa; allí donde usted ve aquel movimiento, ese celaje.”

 Eso nos lo decía hace poco un pescador en la playa de Santa Fe y lo repiten a lo largo de la costa venezolana. El fenómeno ese, de la pesca abundante cerca de la costa, es resultado de aquella Ley, que casi le costó la vida al presidente y por la cual Capriles cometió los tantos desafueros que se saben.

 Esa Ley es el regalo más preciado que gobierno alguno pueda dar a los pescadores artesanales, los más débiles del área, quienes venían siendo sacados por la pesca de arrastre; a la población toda, a los humanos. Por eso y otras cosas más, han hecho todo lo que han podido para deshacerse de Chávez, hasta rezar para que muera. Aquella medida fue el equivalente de romper el latifundio y permitir a los campesinos usar la tierra para hacerla producir.

 Esa sólo circunstancia sirve para calibrar el interés de Chávez por la pesca y los pescadores, sin contar todas las acciones que a favor de ese sector ha acometido y que sería muy largo enumerar. Como la entrega de botes y motores, aperos de pesca en grandes cantidades, sitios de acopios bien equipados con el frío necesario; protección en salud, vivienda, educación y hasta las pensiones del seguro social a quien llegan a la edad debida. ¿Cuándo gozó el pescador de tales beneficios en Venezuela?

 damas.eligio@gmail.com 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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