Ayyy, humor ya no me quieras tanto

Capriles: un “tráiler” de mala película

Yo no sé cómo escribir algo de Henrique. Es indescriptible, es inmutable, es inadmisible, es indigesto. De Henrique no escribe el que quiere, sino el que pueda, siempre y cuando pueda, porque realmente no se puede. Y no es que se trate de entenderlo en modo principiante, ni modo de experto. Sobre Henrique hay que suponer, y el peligro es que de tanto suponerlo se puede caer en sobredosis, y de tantas suposiciones se termine en supositorio.

Que escribir de quien no escribe, de quien no lee, de quien no habla, de quien no se ve. Y es que hay, de seguro que si, quien lo quiere, pero eso debe estar también bien guardado, porque se  corre el riesgo de caer en aquello de cómo querer a quien no ves, es decir en aquello de amor de lejos, amor de pendejo. Pero esta viene a ser una especie de fenomenología de Henrique que no ha descubierto imitar esto de Chávez, a quien lo quieren viéndolo y sin verlo también y a quien con la fuerza del amor le es fácil vencer distancias porque no importa lo  lejos que este para quererlo, para amarlo, por eso un pueblo larguirucho y nuestro como este de nosotros se aprendió a aquello de Alí para con el comandante: “no hay distancia ni tiempo cuando el amor es sincero”. Y es en razón de ello que cuanto venezolano lo está esperando  abrirle las puertas de su casa al comandante presidente, al contrario  de Henrique que no encuentra puertas abiertas en los barrios que ahora es que quiere conocer.

Y es que no se trata de poner una escoba detrás de la puerta, o colgar una penquita de zabila sobre la puerta, no. A Henrique no le van a  abrir las puertas porque la gente  que sabe de sinceridad y gracias a Chávez, aprendió a ponerse la escoba, pero al lado del corazón para no abrirse a las mentiras de aquellos que pueden ser exitosos dirigiendo sectas o asaltando embajadas, pero no patrias. Entonces vuelvo a insistir como escribir algo del que te conté, prefiero en compensación aello, escribir algo de la derecha venezolana y es como escribir del muchacho con mirada de piedra, del zoquete joven de 39 años que según Antonio Francés, no tiene prosapia intelectual pero va a enfrentar – según este anciano lleno de psicopatías y odios- a un “anciano enfermo de 58 años”. Lo que no quiere saber este anciano sociólogo es que Chávez ya no muere.

El (ya no lo voy a mentar mas por su nombre, no vaya a ser que  algunos, con el revolucionometro en la mano, se molesten) es una candidatura con epidural, campaña más dolorosa como esta nunca va a faltarle a los que aúpan el regreso de la privatización, o algo así como un pitozim con los que los ricos de aquí y allá, los  del departamento de estado gringo y J.J. Rendón están pariendo.

Yo por a terminar pensando, ante la posibilidad de escribir sobre el desorbitado representante de la rancia derecha venezolana que este no leyó, sino que soñó con la piel de zapa (La peau de chagrín) o con un Ángel de esos mandados por el Dr. Plinio (de Oliveira y su Tradición, Familia y Propiedad) que le trajo el cuerito mágico que ideo Balzac para que se espepitara  pidiéndole deseos. Ya el cuerito está superencogido, el muchacho de la mirada rara sin energía y lo más doloroso de todo… con una brecha de 20 puntos hasta nuevo aviso, y pensar que Chávez aún no ha llegado al campo de Carabobo. De seguro algunos en la MUD, están pensando la otra salida, porque el muchacho les resultó un tráiler de mala película.

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Nelson España

Miembro del Frente Antiimperialista de la Zona Sur - Anzoátegui

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