¿Qué es la democracia?

El discurso imperialista sobre el sistema democrático

La Democracia es una dictadura de la clase dominante que se constituye en un sistema de administración, distribución y legitimación del poder del Estado que como fuerza especial de opresión tiene el carácter de pertenecer  a ese gran grupo social que posee la propiedad privada sobre los grandes medios de producción, en el caso del  esclavismo, feudalismo o capitalismo

Todo modo de producción precisó y precisa de un sistema para ejercer y distribuir  la función del mando y de la obediencia al poder del Estado que pertenece a la clase dominante.

El esclavismo griego tuvo su sistema democrático. Como aquella era la democracia esclavista los pelasgos y los ilotas no votaban, ni podían ejercer ningún cargo en el gobierno que administraba los asuntos del Estado esclavista. La clase dominante, menos del 7% de la población de la magna Grecia ejercía la dictadura de la aristocracia, sobre los explotados.

En el feudalismo, se diseñaron otros sistemas para ejercer la dictadura de la clase de los señores feudales sobre los siervos de la gleba o de la tierra. La teocracia fue la predilecta, y sus modalidades monárquicas. Como nadie es más poderoso que Dios, según la teología y otros constructos de la filosofía idealista, no hacían falta las elecciones, por que el altísimo elegía a sus  representantes en la tierra, primeramente al Papa, que coronaba por inspiración divina a los reyes que administraban en el nombre de Dios a los vastos imperios que conquistaron los territorios de ultramar en el desarrollo sostenido del repugnante proceso de colonización de los pueblos, cuya cultura borraron, y cuya población exterminaron.

El modo de producción capitalista impone su dictadura de clase por medio de la democracia burguesa, que hoy podríamos llamar corporativa. También ha recurrido a tiranías cívico militares en gran parte del mundo, donde en muchas ocasiones ha infiltrado la resistencia al régimen para cambiar la cara de su dictadura permanente,  y propiciar e  implantar su sistema democrático burgués.

Tenemos entonces un discurso imperialista que nos presenta al sistema democrático como paradigma de la libertad, de la igualdad ante la ley,  y respeto a  los derechos humanos. Sin embargo ese discurso no se corresponde con la realidad de una dictadura de clase que democráticamente garantiza el desconocimiento de los derechos humanos y la opresión de la clase trabajadora y de los pueblos que sufren la explotación capitalista.

La defensa de la democracia es el crisol de ese discurso entaparador y gatopardeano, que asume las supuestas ventajas de un sistema de libertad e igualdad y que no menciona las  culpas y las nefastas consecuencias del modo de producción capitalista en contra de gran parte de la humanidad

El sistema democrático voceado por ese discurso y asumido por la clase dominada, y  por la los pueblos víctimas de los capitales nacionales y trasnacionales, no es la democracia popular que administra y distribuye el poder de gobierno y de obediencia como empoderamiento de los trabajadores y del pueblo, sino que es la dictadura del capitalismo y del imperialismo para impedir  la sublevación  de la humanidad que en los diversos espacios republicanos, lucha para culminar la liberación nacional y avanzar en la construcción del socialismo científico.

La democracia popular revolucionaria que construye la revolución Bolivariana en Venezuela  con la clase trabajadora y el Pueblo, no es la democracia voceada por el Departamento de Estado. La nueva democracia venezolana arranca con el proceso constituyente  originario para la refundación de la República que se da una nueva carta magna e inicia el desmontaje del viejo Estado Burgués, abriendo los centros de poder a la participación y al protagonismo de pueblo que había sido explotado y  excluido por el modo de producción capitalista y por su democracia burguesa y corporativa.

El imperialismo invade y le hace  la guerra a Libia, como en tantos otros lugares del mundo, para defender su sistema democrático que desconoce y pisotea todos los derechos políticos  y el elevado modo de vida del pueblo libio que le había dado la democracia construida al calor de la revolución del Libro Verde.

La democracia popular y revolucionaria que se construye en Venezuela,  garantiza los derechos humanos, la libertad y la igualdad social  para la clase trabajadora y el pueblo, que ahora protagoniza su propio empoderamiento, pero también para la  clase burguesa, que aun sigue poseyendo en gran medida, la propiedad privada sobre los grandes medios de producción.

tutas13@yahoo.com



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Eduardo Mármol


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