Se fue el siglo XX

Cuando se habla de las instituciones debe entenderse que no nos limitamos a la realización completa, sino a toda una corriente del pensamiento, de enfoque de los temas político y culturales y de acción de diversos organismos matizados por la impronta de aquellas. La corriente que llamábamos institucionista ayer, acusa hoy, los rasgos generales de una preocupación por la renovación del pueblo venezolano, por atemperar el ritmo cultural de nuestra patria al nivel de la época en el mundo. Dentro de estos rasgos está el sentido de la libre discusión y del libre pensamiento, el respeto a la libertad de conciencia, unos métodos, en suma, que chocan con los tradicionales. En este tronco institucionista se producen una serie de inquietudes en torno al problema social cada vez más presente en las conciencias por su irrupción definitiva en el pueblo y en el quehacer cotidiano del país.

Se fue el siglo XX, pero no para sumirse en el olvido como algunos frívolos de la inteligencia hubieran deseado. Si el caracazo de 1989 y el paquete neoliberal de CAP no habían sido superados por el acaecer histórico, su problemática no había sido resuelta. Los temas que el siglo XX nos había propuesto no encontraron respuesta sino en los debates políticos, en los programas de los medios de comunicación y en realizaciones frustradas o incompletas, de manera que estaban aún en pie al entrar en el siglo XXI. Pero como la Historia es implacable, eran violentamente atropellados por los temas políticos y problemas de nuestro tiempo de verdad. Y así vino la insurrección de la juventud militar del 4F-1992. Y nos llegó el prohombre financiero cuando el señor de las haciendas y casi de vidas estaba lejos de desaparecer.

Y el socialismo se adueñó de las conciencias de unos, mientras otros pretendían la invulnerabilidad de estructuras caducas desde hacía siglos.

Así entramos en la Venezuela tremenda y desgarrada de nuestro siglo, con desgarraduras del anterior por haber faltado a la cita que en él nos dio la Historia. Y hay más, ni una de las fuerzas operantes en nuestro tiempo deja de estar enraizada en el siglo precedente. La Venezuela del siglo XX es la madre de la Venezuela contemporánea y sólo quien pretenda soslayar la misión venezolana de nuestro tiempo puede hurtar el cuerpo en ese choque cordial con una centuria comenzada en 1908, al 23 de enero de 1958, del 27 de febrero de 1989, concatenado con el 4F-92 y el 2 de febrero de 1999. En nuestro siglo, tradición y progreso no se encastillarán en banderías, sólo beneficiosas a quien temiendo a éste, invocan el nombre de aquella en falso. Venezuela acudirá a la cita de la Historia.

Venezuela seguía siendo el país agrario, de agricultura no capitalista, sino atrasada el país de escaso mercado interior; que jugaba en el mercado exterior con sus materias primas, pero la salida de éstas se realizaba en detrimento de sus propias posibilidades de industrialización. Su industria ligera luchaba con los precios de sus materias primas y, más aún, con los precios de la maquinaria a importar, lo que repercutía en un costo elevado de producción, pese a los salarios nada elevados. Por consiguiente, la situación de la agricultura podría caracterizarse así: predominio del latifundio (sin olvidar el extremo contrario de los minifundios). Falta de inversiones agrícolas, de explotación moderna (mecanización, abonos, simientes seleccionadas, racionalización de cultivos, etc.), mano de obra en gran abundancia con salarios irrisorios, bajos rendimientos de la tierra. Venezuela era aún prisionera de los moldes de vida de otros tiempos. Por eso, el examen de su situación agraria sigue siendo fundamental. Intentemos ahora aportar algunos elementos de juicio a estos principios generales:

La mayoría de las tierras cultivables se encontraban en el poder de un reducido grupo de propietarios. ¿Será preciso decir que dos millones y medio de trabajadores del campo no tenían ni un metro cuadrado de tierra en propiedad?

¿Qué ha sido de los habitantes de esos pueblos? Han tenido que salir de sus viviendas, alejarse de los campos regados con el sudor de su frente y emigrar muchos de ellos, maldiciendo quizá en su interior de la localidad que los vio nacer y no les facilitó un pedazo de tierra para sustentarse; y eso que, al levantar sus ojos para despedirse de las llanuras de Barinas, Cojedes, Guárico y portuguesa; oriente y occidente, han visto quizá terrenos incultos que les hubieran quizá proporcionado pan y trabajo.

En resumen, la tendencia a ponerse a tono con el capitalismo neoliberal se manifiesta en los gobiernos puntofijistas de esa época. Estas tendencias responden al viraje de crecimiento dado por la industria petrolera, al desarrollo de los intereses bancarios, etc. Pero siempre se estrellaron contra la estructura medieval del país a causa de la intocable burguesía, la incapacidad de la clase dirigente y la corrupción en la administración pública y en el poder judicial, que imposibilitaron la creación de un mercado nacional y, por consiguiente, de una verdadera industria nacional.

Además, la política, tanto exterior como interior, bien vista por la burguesía y por el imperialismo, significaba una dirección opuesta al pueblo. La concesión de privilegios a las clases dominantes y el aumento exorbitante de los gastos de la industria de puertos fueron los principales obstáculos perturbadores con que tropezó la tímida orientación de estos gobernantes que, por otra parte, jamás osaron quebrantar la tradicional estructura agraria del país. La política de dinero caro (aumento del tipo de interés) contribuyó también a devaluar la moneda, todo lo cual no pudo impedir, la subida de precios procedente tanto de la coyuntura internacional como de los aranceles que crearon un mercado de casi monopolio. 

Camarada: “Echa del escuadrón a todos los danzantes de la jeringa. Échalos antes de que se te vayan por un plato de lentejas. Son filósofos cínicos, indulgentes, buenos muchachos, de los que todo lo comprenden y todo lo perdonan. Y el que todo lo comprende no comprende nada, y el que todo lo perdona nada perdona. Esta quinta columna, rojo-rojita; no tienen escrúpulo en venderse. Como viven en dos mundos pueden guardar su libertad en el otro y esclavizarse en éste. Son a la vez estetas y betancuristas, calderistas, perezistas o luchinsistas”. 

manueltaibo1936@gmail.com

¡Gringos Go Home!

¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

¡Venceremos!     


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Manuel Taibo


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