Para la derecha, preso es preso, de apellido calabozo

Empleo carcelario en perspectiva escuálida

Marìa, vieja amiga de tiempos de escuela secundaria, me abordò a la entrada del abasto excitada. Su estado era tal que, al mirarme desde cierta distancia, mientras gestualizaba como invitàndome me acercase, se vino hacia mí cual competidora en carrera de cien metros. Los ojos no estaban por salìrseles de las òrbitas, pero si igualitos a los de Leopoldo Lòpez, puyudos en exceso. Cuando estuvo cerca de mì, sin darme salutaciòn de año nuevo, pues no nos veìamos desde noviembre, preguntarme por la familia completa como de costumbre, alarmada me espetò la siguiente cantaleta cerrada con insòlitas preguntas:

-“¡Coño! Tù que simpatizas con el gobierno y este patuque que suelen llamar el proceso, como si la palabra fuese un talismàn, dame explicaciones.”

-“¿Còmo es esa vaina? ¿A quièn se le ocurre censar a todos los malandros, esos que nos tienen a monte, robàndonos, secuestràndonos y repartiendo plomo a diestra y siniestra, como si estuvièsemos en el salvaje oeste, para pagarles un salario o mejor fnanciarles de modo que tengan logìstica segura para practicar sus fechorìas?”

“¿Còmo es posible que ustedes, entre quienes hay gente que ha estudiado y es honesta, se conviertan en caja chica de delincuentes? ¿Son tan pendejos para creer que dàndoles real, becas o bonos quincenales al malandraje que pulula en la calle, van a lograr que cambien de actitud?”

Cuando terminò de hablar, pudo respirar hondo y asumiò un leve estado de tranquilidad; optè por tranquilizarle, volverle a sus cabales y crear condiciones me permitiesen intercambiar informaciòn con aquella persona, habitualmente sensata, no digna de definirla como una “reaccionaria orgànica”, pero si desmesuradamente ingenua y, sobre todo, alguien quien siempre ha sido nuestra amiga.

-“¡Hola Marìa! ¿Còmo estàs? ¿Cómo recibiste el nuevo año? ¿Còmo se encuentra toda tu gente? ¿Què tal estuvieron esas hallacas? Espero que alegrìa y felicidad los hayan desbordado.”

Reaccionò sorprendida y volviò a hablar; esta vez abandonò aquel estado de perturbaciòn:

-“Perdona. Hablè como una loca. Como si hubiese dormido anoche en tu casa.”

Respondiò con amabilidad mi saludo, felicitaciones y agregò:

- “Es que he hablado, ahorita mismo con fulano y me ha informado lo que te acabo de decir. Que Iris Valera, està censando a todo malandro que ande por la calle para pagarle un salario. Es decir, como dijo el mismo señor, pareciera pensar financiar la delincuencia.”

El “fulano” mencionado por Marìa, es profesor jubilado de prestigiosa universidad; suele merodear por el abasto, cumpliendo una religiosa labor de partido, cual viuda del pasado, como dijese su ex compañero Ròmulo Betancourt, y provee a quienes allì acuden de argumentos y mensajes como ese. Por supuesto, se aprovecha de su “prestigio” acadèmico para engañar a gente desprevenida, asustada por la inseguridad y sorprendida por las acciones y decisiones de un gobierno que rompiò con el pasado y se atreve hacer hasta lo inesperado por el bien comùn. Y eso, aunado al ansia de cambio que le embarga, no deja de asustar o por lo menos crear alarmas. Todo cambio inquieta.

-“No, mí querida Marìa. No es asì. Tù bien sabes quièn te hablò. De su pasado y lo que busca. Ademàs, eres muy inteligente para darle cabida a tales disparates e infamias.”

Le expliquè con paciencia la verdad del asunto. Del proyecto carcelario y para con los llamados “privados de libertad”. Del infierno que en aquellos espacios creò la vieja polìtica. De la intenciòn de Iris Valera por hacer realidad lo que soñò y sueña gente como Josè Luis Vetencourt y Elio Gòmez Grillo. De invertir el tiempo del interno en aprendizaje y actividad productiva para un fuuturo distinto; “para ello, como es natural y justo, se le pagarìa un salario”.

-“¿De eso se trata?” Preguntò Marìa al oir mi explicaciòn.

-“Si, es sòlo eso.”

-“¡Coño! Tengo que ponerme mosca. De nuevo, ese carajo me volviò a joder. Como cuando aquella historia de la carnicerìa, segùn la cual nos quitarìan hasta ropa y muchachos.”

Callò un instante, me brimdò una amplia sonrisa y se dijo, como si me lo dijese a mì:

-”Pensar que aquella vez, de pendeja, pintè por todas partes el famoso letrero, “Con mis hijos no te metas”.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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