Por encargo
del Presidente Joaquín Crespo, el General Domingo Sifontes, inicia
trabajos el 2 de marzo de 1.894, fundando El Dorado a orillas de los
Ríos Cuyuni y el Yuruán, que allí
convergen y que pese a un pretendido reclamo del imperio ingles y sus
agentes, logra imponer la soberanía Venezolana y captura a nueve (9)
oficiales Británicos (enero 1.895).
(“Aspecto Histórico, Político y territorial de El Dorado”: América
Rivas, Martín Lima, Nolva Palomino y Yagnora Guzmán, 2007),
No solo han extraído el preciado metal, el saqueo de la balata (caucho) y de finas maderas dejaron sus huellas en estas tierras. Y desde el 21 de octubre de 1944, su historia ha estado ligada de igual manera a la instalación de la Colonia Penitenciaria, con el primer traslado de prisioneros provenientes de la “Isla del Burro” en el Lago Valencia, nombre de dolorosa recordación para muchos revolucionarios venezolanos. No debemos de olvidar que etas dos, tanto la “Isla del Burro” como la penitenciaria de ”El Dorado” sirvieron para la nefasta represión de luchadores políticos. Se dice y afirma de igual manera que en esta última estuvo recluido Henry Charriére (Papillón), de la cual se inspiro para su afamada novela.
Con el transcurrir
del tiempo, El Dorado ha pasado por varias
épocas de auge y estancamiento. Auge por el impulso dado con obras
de infraestructuras y presencia estatal, como por la siempre informal
explotación minera. Pero por estas mismas o a falta de estas ha transcurrido
por periodos de olvido.
Hoy en pleno
avance del proceso Bolivariano liderado por el Presidente Chávez, vuelve
a llamar la atención precisamente por la Penitenciaría y por la explotación
del Oro. En primer término por el inicio de una nueva etapa en el Centro
de reclusión, que con la ejecución de un proyecto agropecuario, busca
la reinserción social de los privados de libertad y autosuficiencia
alimentaria de quienes laboran y habitan en el mismo, llamado cuando
su creación en el año de 1944 como
“Colonias Móviles de el Dorado”.
A la vez su
centro urbano es un Puerto en continua ebullición, con ires y venires
de quienes de alguna manera se benefician del auge aurífero: comerciantes,
intermediarios, pequeños y medianos empresarios, y por
último diría yo, los mismos mineros, que arriesgan hasta su propia
vida para obtener el esquivo tesoro. Es como lo expresaría un lugareño
de manera quizás exagerada “Un Pueblo sin Ley y sin Dios”, o tal
vez con Leyes y Dioses que no tienen lugar para ocuparse de lo más
sentido en la cotidianidad de sus gentes.
Vale la pena
anotar que en El Dorado y quizás en otros centros poblados de la zona,
se manejan costos altísimos para cualquier actividad. La habitación,
la alimentación, el vestuario, el transporte y demás insumos
y servicios, pueden costar hasta el triple en comparación con otras
regiones de Venezuela. Todo bajo el pretexto de que como hay Oro, hay
dinero en cantidades y se debe aprovechar dicha bonanza. Sin dejar de
mencionar que a boca de mina los precios son aun más escandalosos.
El Yucuni,
que daría para todo un capitulo en la historia y en el hoy de esta
inmensa región, lleva sus aguas hasta la vecina Guayana. No es solamente
un fabuloso Río, poseedor de una gran Diversidad
Biológica, es de igual manera la ruta del combustible y el oro. Por
él no solo penetran las mercancías, los mineros y toda su infraestructura
sino inmensas cantidades de la gasolina que alimenta la maquinaria utilizada
en la extracción del metal.
Hoy la región se debate en la incertidumbre por la promulgada ley de nacionalización del oro, que con su aplicación según los mineros, estos entrarían a ver disminuidas considerablemente sus ganancias y rentabilidad en el oficio que para muchos(as) ha sido de toda su vida, mientras los costos asumidos no rebajarían y la presencia Estatal y los beneficios sociales logrados por la Revolución en la Patria de Bolívar, siguen llegando aun a medias, quedando en deuda con la región y sus pobladores.