¿Qué harán los obreros mineros al ser aplastados por el PAN y abandonados por el PRI?


 
 

1. Hoy, en “Rebanadas de la Realidad” (publicación argentina de una organización

obrera),  Napoleón Gómez Urrutia –secretario general nacional del sindicato de mineros, publicó algunas ideas importantes. De entrada debo decir que Napoleón –por ser hijo de un líder minero supercharro y enriquecido de los años sesenta y setenta: Napoleón Gómez Sada- me causó inicialmente mucha desconfianza; pero desde hace más de seis años lo he visto con simpatía porque ha resistido –con gran inteligencia, sobre todo con apoyo de los obreros mineros- a los gobiernos de derechistas de Fox y Calderón que han buscado encarcelarlo y, quizá, asesinarlo. Y con aquello de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos” o “de defender lo que tus enemigos combaten”, he apoyado lo que han hecho los mineros en los últimos siete años. Es irresponsable negarles el apoyo como organización sindical por el hecho de no definirse abiertamente por el socialismo y la autogestión obrera, o por ser su dirigente “desconfiable”.

2. La realidad es que en México ha sido siempre difícil lograr la unidad política y/o sindical de los trabajadores. La historia de las luchas sociales han estado siempre infestadas de traiciones de partidos, organizaciones y líderes porque la historia de las batallas no han podido escapar de la enorme capacidad de los gobiernos –obtenida de las experiencias de una revolución burguesa que enseñó la manipulación de masas y un cardenismo que dio la experiencia de corporativismo- para engañar, mediatizar, comprar y absorber a los líderes sociales; también de reprimir a los movimientos, pero sólo cuando éstos mantienen con firmeza su autonomía. Por ello la izquierda radicalizada –que siempre desconfía- no acepta ninguna unidad teniendo aún desconfianza. Pero obviamente la clase dominante aprovecha esa realidad para crear más desconfianza entre los propios trabajadores y luchadores sociales; por eso debemos ser más inteligentes.

3. Los obreros que la industria minera en México han oscilado –según el INEGI- entre 131 mil personas en 1988 a 95 mil en 1996. El crecimiento de la industria ha dependido del mercado y de los precios del producto cuyo auge se ha basado en el valor de las exportaciones minero metalúrgicas que totalizaron mas de 3,500 millones de pesos en 1994, mientras que en el siguiente año ascendieron a 12,802 millones de pesos, a pesar de que el personal ocupado, como se ve, ha mostrado una tendencia a la baja. Su participación en el PIB es muy baja, sin embargo ha mostrado una baja participación, tal como puede observarse que en 1995 participó con cerca del 2.3 % en el producto interno bruto (PIB) industrial y sólo con el 0.6% en el PIB nacional; pero en los estados de Baja California Sur, Zacatecas, Colima, Coahuila y Sonora, la minería aporta un importante porcentaje del PIB estatal, el cual oscila de 11.7 % a 30.4%. Esto quiere decir que la fuerza de 120 mil mineros es muy importante en el país.

4. Escribe acertadamente Napoleón: La reciente aprobación de la Ley de Asociaciones Público-Privadas, de última hora en el Senado, después de haber sido aceptada en la Cámara de Diputados, es una confirmación más de que el actual gobierno conservador beneficia excesivamente al sector privado, al mismo tiempo que persigue y hostiliza a los trabajadores, a sus líderes y criminaliza sus luchas sociales. Ahora abiertamente protege a los hombres de capital, con cargo directo a los recursos del erario, que son propiedad de todos los mexicanos, los cuales se integran con las contribuciones que la población aporta a la Secretaría de Hacienda, aunadas a los ingresos por la venta de bienes y servicios públicos. Estos recursos no deben constituirse arbitrariamente en fondos bancarios para la inversión privada, pero es obvio que esto sucede porque la banca está casi por completo en manos extranjeras y éstas no procuran el beneficio nacional, sino sus intereses.

5. No es nada nuevo el llamado del líder minero con más de cinco años exiliado en Canadá obligado por la persecución que ha sufrido de los dos gobiernos del PAN; sin embargo el hecho que sea él, hasta ahora el representante legítimo de los trabajadores, quien reitere que Calderón es un presidente al servicio del sector privado y del capital, y que diga que ese gobierno criminaliza las luchas de los trabajadores, es esencial por que demuestra un buen contenido de clase de su discurso. No hay duda de que ha venido radicalizándose al mismo ritmo en que los gobiernos panistas de Fox y Calderón actúan sin el menor recato al servicio de los explotadores del país y, lo más importante, es que a los trabajadores les quede claro que a la burguesía explotadora del PAN y del PRI sólo les interesa tener aplastados a los obreros. En casi 12 años el PRI, que funcionó como una oposición fuerte al gobierno panista, no hizo nada en beneficio de los mineros y sería absurdo que lo olviden los obreros que tanto apoyo han necesitado.

6. Escribe Gómez Urrutia con mucha claridad acerca de la estructura endeble de la política fiscal en México. Como se sabe, además de que miles de millonarios no pagan impuestos por arreglos privados con los más altos funcionarios d gobierno, además por tener la capacidad técnica para escamotearlos, a otros tantos el gobierno desde hace ya décadas, les regresa una gran cantidad de recursos fiscales. “Es claro, escribe, que el gobierno con esta Ley de Asociaciones Pública y Privada, renuncia de hecho a realizar la obra pública de infraestructura que, incluso en medio de inconsecuencias de criterio, había venido realizando bajo otras siglas partidistas durante largas décadas y con un éxito variable aunque tangible. El actual gobierno federal demuestra no sólo su predilección por el capital privado, por encima de los intereses sociales de la nación, sino que le ofrece con esta ley derechista inmensos recursos públicos, lo cual sólo significa que no ha realizado obra pública de consideración, sino que ahora les entrega esa función a las empresas que puedan desarrollarla”.

7. Los gobiernos priístas jamás dejaron de controlar la fuerza obrera: primero desde la CROM en los años 20, la CTM desde 1936 –año en que se fundó-, luego desde el llamado Congreso del Trabajo que en 1966 para unir también a los dispersos. Las organizaciones con altos márgenes de independencia también fueron controladas con otros mecanismos: electricistas, ferrocarrileros, petroleros, mineros, burócratas, maestros. Ha sido sólo en las últimas tres décadas de neoliberalismo cuando los márgenes de autonomía han ido creciendo hasta convertirse algunos en críticos y opositores. Pero fuera de 1958-59 cuando lo ferrocarrileros pusieron en jaque al gobierno y por ello sufrieron la represión antiobrera más grande de la historia, cuando el Estado dio pasos atrás para luego recuperarse. El Sindicato Mexicano de Electricista, fue desbaratado pero la mitad de los obreros están en pie de lucha y ellos –así como los mineros y telefonistas, siguen jugando un papel muy importante para lograr la unidad tan necesaria en estos momentos de profunda crisis donde los asesinatos (más de 67 mil) están a la orden del día.

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Pedro Echeverria V


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