La mentira como estrategia

El rumor ha sido manejado como elemento perturbador desde siempre. Ningún mandatario honesto o facineroso ha salido ileso de esta pechoría “comunicativa” ¿Su objetivo? Sembrar la duda, crear zozobra y en el peor de los casos propiciar el caos. Carl von Clausewitz calificó la guerra como “el reino de la incertidumbre”, también resaltó que “al hablar de destrucción de fuerzas enemigas hemos de observar que nada nos obliga a limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que por el contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales…”. Como vemos, el arte de destruir con falsedades tiene su fundamento teórico y se usa desde mucho antes de Cristo cuando Pompeyo y Julio Cesar por ejemplo, no sólo dirimieron con sangre sus diferencias sino también a través de mentiras, matrices distorsionadas generadas por cada frente de batalla y, sobre todo, valiéndose de la calumnia para socavar la base moral de las tropas enemigas y del resto de sus seguidores en el pueblo. Hoy este planteamiento se ha redimensionado y adquiere nuevas connotaciones y repercusiones con la inclusión en el combate político de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Antes, quien manejaba el medio de “comunicación” administraba la verdad o la mentira; hoy, vemos con atención de qué manera cada persona –sin sugestiones morales o éticas- es un potencial mentiroso en masa, o al contrario, puede ser un comunicador virtuoso superando incluso la voluntad de “periodistas” anquilosados o emboscados por el palangre.

Los rumores de la salud del Presidente Chávez a través de Twitter es parte de todo esto y es un hecho fehaciente de los elementos que integran la estrategia propagandística de la oposición. La MUD, sabe muy bien que unos actores que predominarán en el clima electoral del año 2012 serán los internautas, los twitteros y todo aquello que se expresa desde la cibermilitancia, ágora electrónica o esta polis donde los grandes discursos no son tan necesarios para pretender destruir la reputación de un personaje público o ciudadano común. Hoy sólo bastan 140 caracteres bien escritos, articulados y retuiteados con los nodos correctos para iniciar una ola de rumores y perturbaciones en la sociedad, las cuales, pueden llegar incluso a trascender el terreno de lo meramente virtual hasta convertirse en acciones concretas con daños reales sino se detienen a tiempo. Goebbels (ministro de propaganda de Hitler) subraya que “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas… Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad” y también nos indica que “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. El antídoto para estas argucias del mercadeo político y de la fragua de líderes de laboratorio made in USA, es mantener la conexión del líder con el pueblo más allá de toda esta parafernalia tecnológica, la cual, si bien es cierto no debemos descuidar, tampoco poco podemos caer en su excesivo virtualismo y sobre todo, desconexión con la realidad de los ciudadanos. El Presidente Chávez ha sorteado este tipo de obstáculos por su carisma y especialmente por su acción de gobierno que, más allá de lo que digan o no los medios, se materializa en la cotidianidad de los más excluidos del sistema libre mercantilista. La diferencia entre un fantoche politiquero y un verdadero líder reside en que el primero necesita aparentar desde los medios de comunicación lo que no es ni será porque en el fondo su ideología no se lo permite, y el segundo viene del pueblo, sufre con él, se ríe con él, llora con él y en esencia, desea construir cambios sustantivos en la sociedad con él; lo demás, lo mediático es un valor agregado pero no el referencial omnisciente y omnipresente de su gestión.



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Mariano Ali

Periodista Venezolano-Palestino.

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