Si Chávez estuviera en Venezuela: estaría en terapia intensiva

Confieso, sin ser chavista pero solidario con el proceso bolivariano, que cuando miré el rostro del camarada Chávez en su alocución, desde La Habana, al pueblo venezolano en cadena nacional, me quedé como petrificado no por terror sino por asombro. Lo vi flaco y pálido luego de estar uno acostumbrado a observarlo pleno de vida, de fuerza, de movimientos y de capacidades en cada una de sus actividades como Presidente de la República. Su alocución o discurso, breve y claro y creo hasta por recomendación médica, me pareció maravilloso e ilustrativo no por el reconocimiento de la enfermedad que lo aqueja y que muchísimo lamentamos sino, especialmente, por el contenido de esperanza para nuestro pueblo expresado en palabras extremadamente coherentes y hasta poéticas. Fue, pudiera decirse, una alocución donde el tiempo y las razones de la vida se armonizaron para sintetizar una ideología universal que debe servir de escalafón a todas las políticas nacionales que premian la justicia. Incluso, no hubo vocero opositor que no dejara de reconocer la valía de su alocución. Poco importa si pocos o muchos lo hicieron por hipocresía o por sinceridad. Lo que importa es que el camarada Chávez le informó al país la verdad que millones de venezolanos y de otras naciones del planeta nunca hubiesen querido escuchar. Ojalá, así lo anhelamos los muchos, supere con creces la enfermedad, venza de manera definitiva el embiste maligno que sin él percatarse a tiempo le estaba haciendo una emboscada de muerte para llevárselo. Pues, larga vida, camarada Chávez.

Ojalá ningún médico que – hasta por la casualidad- pueda leer este escrito haga mal entendimiento de su contenido. Creo, sin temor a equivocarme, que si el camarada Chávez no hubiese visitado Cuba y desde Ecuador hubiera regresado a Venezuela estaría, en poco tiempo, en terapia intensiva con alto riesgo de muerte. Ciertamente, en Venezuela existen eminencias médicas en múltiples especialidades como, igualmente, existen en las demás naciones del planeta. Pero no siempre son los médicos quienes descubren o sospechan que una persona tenga una extraña enfermedad y, especialmente, cuando es reacia a los chequeos médicos. Sin embargo, existen médicos –en Venezuela como en el mundo- que, por estudio y experiencia, saben, con solo ver a una persona y sin necesidad de exámenes de laboratorio, cuál enfermedad le aqueja. Esos son las eminencias, a mi juicio.

Aquellos que han tratado de sacarle punta o provecho político especulando que el camarada Chávez despreció a los médicos venezolanos por no haberse hecho operar en Venezuela, están equivocados, es decir, no les asistió la razón. Me supongo que ni los más enconados que adversan a Chávez tengan, ahora, un solo elemento para continuar especulando de si era un montaje político porque las encuestas no le favorecen o por querer regresar como el único héroe capaz de salvar a la patria de los estragos del capitalismo o el único profeta con condiciones mágicas de guiar a la sociedad venezolana a la meta final del socialismo. No creo que vaya a salir alguien a decir que en Cuba, por recomendación de Fidel, maquillaron al camarada Chávez para que su rostro reflejara un efecto negativo de una enfermedad para justificar su ausencia. Su discurso fue, sencillamente, humano, voluntario, sincero y unificador en torno a un ideal que está muy por encima de todas las mezquindades o ambiciones de quienes sueñan con el poder político como la panacea de los instintos específicos de partidos políticos o de grupo selecto a través del individualismo.

Todo ser humano, ciertamente y aunque no sepa leer ni escribir, goza de una pequeña dosis de sicología producto de su propia vivencia y de su convivencia social. Cada persona, por lo menos adulta, está en facultad de percatarse de algunos síntomas que le van afectando la salud y manifestarlo procurando lograr remedios para su curación. Pero existen enfermedades que es muy difícil, en sus comienzos, que una persona capte los síntomas dentro de su cuerpo. Esas son las enfermedades que se desarrollan de forma sigilosa pero apresuradamente poniendo en peligro inmediato la vida humana. Pero un estadista y, al mismo tiempo, científico es, potencialmente, un sicólogo de gran alcance social no sólo por lo mucho que leen o estudian sino, también, por el constante contacto que mantienen con las masas sociales escuchando sus problemáticas y buscándole soluciones a las mismas. Fidel lo ha sido y lo sigue siendo. En Venezuela, con el debido respeto que se merecen todos los dirigentes políticos que se mueven alrededor del camarada Chávez y mantienen permanente contacto con él, aun cuando se hubiesen dado cuenta de algunos síntomas no comunes en el físico del Presidente, jamás lo hubiesen convencido sobre la necesidad de someterse inmediatamente a exámenes de laboratorio para determinar el género de enfermedad que Fidel sospechó, aunque científica o médicamente –no lo sé- no le hubiese comentado de cuál se trataba. Y debe haber sido tan enfática, tan convincente y tan correcta la opinión de Fidel que el camarada Chávez no dudó en hacerle caso. Pues, Fidel tenía razón y el camarada Chávez tenía una enfermedad que lo estaba conduciendo, sin darse cuenta de ello, aceleradamente a la muerte. Los dirigentes políticos que suelen dedicarse noche y día y día y noche a las circunstancias de su región y de su población terminan, casi siempre, siendo más tercos ante sus propios problemas de salud que aquel campesino que se aferra a su pedacito de tierra y lo ve, en todomomento, como la panacea que cura sus males fundamentales de sobrevivencia. El mismo camarada Chávez lo reconoció como un error fundamental.

El Presidente Mujica de Uruguay dijo, de forma más humorística que política y sin ninguna mala intención pero tal vez sabiendo algo de la dimensión de salud que se trataba, que Fidel había secuestrado a Chávez. Pues, la verdad es que sin ese “secuestro” la vida del camarada Chávez en Venezuela estaría en evidente peligro de desaparición por eso de no pararle a su estado de salud o no percatarse de síntomas internos que sólo un visionario como Fidel o una eminencia médica es capaz de darse cuenta sin requerir de exámenes de laboratorio.

¿Qué reflexión puede sacarse del discurso o alocución del camarada Chávez anunciando su enfermedad y su preparación para el retorno a Venezuela?

Lo primero que debe entender una masa social o una buena parte de un pueblo que sigue fielmente a un líder es que éste, igualmente, resulta una persona de hueso y carne, de sangre y músculos, como cualquier otro ser humano que nace, crece, se desarrolla y está inexorablemente destinado a morir independiente de los millones y millones de deseos por su larga vida y vocación de servicio a favor de su pueblo. Que lo más importante es aceptar que goza de capacidades de intelecto o de conocimiento –en lo individual- que no son comunes en las individualidades que sumamos la masa y que los pone a disposición de las voluntades multiplicadas de quienes sueñan y anhelan con un verdadero régimen de justicia social.

Lo segundo que debemos destacar, por eso de que el líder lleva en sus entrañas el germen de la muerte, es la imperiosa necesidad de una constante política de formación de cuadros en todos los niveles, fundamentalmente, de las organizaciones políticas y de las organizaciones de masas que apoyan al proceso revolucionario, para ser capaces de mantener la continuidad del pensamiento revolucionario en la práctica social cuando ya no tengamos en presencia al líder. Este, entendámoslo incluso desde el punto de vista humano, no puede vivir más que el sueño que forja para bien de su pueblo. La historia del género humano culmina justo hasta el momento en que muera el último de los seres humanos vivientes. Y la ciencia, especialmente natural, nos ha aportado demasiadas pruebas de que eso será así y no de otra manera.

Lo tercero que debemos destacar es que hay que hacer todos los esfuerzos posibles por entender la esencia de las palabras del líder en cada momento en que las pronuncie, determinar cuál es su verdadera o correcta orientación para respaldarla y, especialmente, cuando existe mucha credibilidad en su conducción. Un hombre común de la parroquia 23 de Enero, en entrevista para un canal de televisión expresó, a mi juicio, una interpretación correcta y sencilla del breve discurso o alocución del camarada Presidente Chávez. El supo captar, sin desmedro ni crítica contra nadie que apoye al gobierno del camarada Chávez, la esencia del contenido del documento leído desde La Habana para el pueblo venezolano y así se lo anunció a los miles de compatriotas que estaban en un acto público: “unidad… unidad nos exige el comandante Presidente para seguir llevando adelante las políticas que harán realidad el sueño de nuestras aspiraciones”. Más o menos fue así lo que dijo ese hombre sencillo y común de la parroquia 23 de Enero. Por eso, los que creen, incluso, que una persona que no sepa leer ni escribir o que no haya tenido estudio universitario es incapaz de captar lo neurálgico de los pensamientos sociales que se mueven y se disputan el destino del mundo en este tiempo, están completamente errados.

Lo cuarto que debemos destacar, especialmente cuando hemos oído y visto al camarada Chávez, pronunciar un breve discurso humanístico que combina la objetividad de una enfermedad ingrata que lo aqueja con su esperanza de seguir avanzando en el cumplimiento de sus deberes para con su pueblo, es que existen materias políticas u opiniones políticas sobre tópicos complejos de la lucha de clases, sin negarle a nadie sus derechos a la libertad de expresión y de juicio, que deben ser potestad del líder, dejar que él las desarrolle, las manifieste porque, entre otras cosas, es quien cuenta con suficiente masa social para creerle debido a que opina sobre elementos que tocan en profundidad sentimientos muy fáciles de sentirse heridos –fundamentalmente- en la masa de sus adversarios que no puede o no quiere entenderlos correctamente. O en su lugar, él sabrá poner esa potestad o responsabilidad en otra u otras personas. Es imprescindible que sepamos que ningún líder, menos de una causa revolucionaria tan sublime como el socialismo, es perfecto, es Dios que nunca se enferma ni muere ni jamás se equivoca. Fidel, como igual lo ha dicho en varias oportunidades el camarada Chávez, han reconocido no sólo sus enfermedades sino también el haber cometido errores y, no pocas veces, salimos quienes les admiramos o les seguimos y nos ponemos a dar opiniones a diestra y siniestra, basándonos en la creencia de que son perfectos y nunca se equivocan, y lo que hacemos es complicar las cosas y dar armas a los adversarios para que nos ataquen aprovechándose de nuestros desaciertos apresurados. Cuando un líder reconoce su error y rectifica no es derrota sino victoria para el avance de una revolución. En torno a la enfermedad del camarada Chávez, por ejemplo, muchos, reconocemos que por admiración y preocupación por la salud del líder, salimos acelerados, por responder a las especulaciones de los adversarios o enemigos, a dar opiniones sin tener elementos científicos a la mano ni contar con informes médicos verídicos y lo que realmente hacíamos, sin querer por supuesto, era alborotar un cúmulo de sospechas de las cuales se agarraban los adversarios para sacarle provecho. Que en la Casa Blanca y en unos cuantos palacios de gobiernos o casas de partidos políticos se hayan encendido velas deseando la muerte de Chávez, no nos extrañe pero tampoco nos debe preocupar. Ni la historia –en general- del mundo ni la historia –en lo particular- del individuo depende de las voluntades de quienes les desean el mal. Si dependiera de las voluntades los Estados imperialistas estarían sin presidentes porque resultan los más odiados en el mundo.

Lo quinto que debemos destacar y, especialmente, la masa social que es solidaria o apoya al proceso bolivariano, y acepta que Chávez es el líder del mismo, que de ahora en adelante no hay que esperar ver a ese hombre cuyas energías y fuerzas físicas lo hacían estar en muchas partes con la velocidad del rayo. La solidaridad está en comprender que ahora más que nunca debe aplicar medidas preventivas e incluso de reposo para evitar que las células cancerígenas que se le iban desarrollando para llevárselo con la muerte sin darle chance a tratamiento curativo, no vuelvan a encontrar espacios donde agazaparse y avanzar emboscadamente para aniquilarlo en corto tiempo porque lo que debemos desearle es salud para que siga al frente de misiones que enarbolen el sueño de la justicia social y pueda, cuando el tiempo de su práctica por razones naturales, le reclame su inevitable partida deje construido, por lo menos, gran parte de su sueño que es sueño de pueblo con ansia de emancipación social.

Y lo sexto que debemos destacar, especialmente en un momento de dificultad de salud por la que atraviesa el camarada Chávez y sobre todo cuando ninguna ciencia ha puesto a disposición del género humano una fórmula mágica para vivir –mínimo- dos siglos sin morirse, es que no convirtamos la tristeza o el dolor que produce verlo enfermo en un estadio permanente de reposo ni dejemos de cumplir con las tareas que nos están dadas por la necesidad de hacer progresar al proceso venezolano, es decir, que la masas de pueblo que apoyan al camarada Chávez deben continuar con su cotidianidad, cumpliendo sus labores, llevando adelante la programación que guíe hacia la conquista de lo mejor para el pueblo. Los que quieran rezar por su salud que lo hagan, los que quieren orar por su recuperación que lo hagan, y los que ni rezamos ni oramos, sencillamente, alarguemos al máximo el deseo de su pronta curación definitiva para que en su regreso llegue con el mejor estado de salud posible para que continúe cumpliendo con sus misiones a favor de nuestro pueblo. Aceptemos que el dolor que embarga a una buena porción del pueblo venezolano, por la enfermedad del camarada Chávez, es la libertad que se va a lograr con ayuda de la ciencia y la tecnología, y esa libertad es la derrota de la enfermedad para que el camarada Chávez recupere el estado de salud que se merece para que continúe al frente y ejerciendo el liderazgo en el proceso bolivariano que vive Venezuela. Es todo. Por lo demás, igualmente, debemos dar gracias al camarada Fidel que logró convencer al camarada Chávez para que entendiera la necesidad de someterse a chequeo médico, sin el cual poco hubiese durado su vida. Larga vida camarada Fidel.



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Freddy Yépez


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