Revolución y disciplina

Ante los acontecimientos devenidos en estos dos últimos meses, enmarcados primero, en la detección de la enfermedad de nuestro Comandante Presidente y, ahora, dentro de su franca recuperación, en lo que él mismo ha denominado “el camino empinado hacia el retorno pleno”, es sumamente importante, considero, hacer algunas reflexiones, tal como también el mismo presidente las ha hecho para sí y para todos y todas.

La primera de éstas, es referente a la disciplina, tomando como ejemplo igualmente a nuestro líder, quien se encuentra, él lo ha comentado,  asumiendo una disciplina Más rigurosa que la que ha mantenido durante toda su vida: “he vuelto a ser cadete” ha dicho. Pero siendo más específico, me refiero a la disciplina revolucionaria, que debemos fortalecer dentro de las fuerzas revolucionarias y en el poder popular, en general.

La disciplina no es más que la capacidad de actuar ordenadamente para conseguir un objetivo; pero la disciplina revolucionaria, va más allá, nace del propio pensamiento del individuo revolucionario, pero se activa a partir del objetivo colectivo. Es decir, debe ser la línea de conducta acordada por todos los miembros de ese colectivo, asegurando el cumplimiento estricto, entre su teoría y su práctica, para la consecución de los objetivos planteados en un plan estratégico determinado.

Sin disciplina en una organización es imposible emprender cualquier acción revolucionaria seria. Es necesario el desprendimiento  consciente del objetivo individual y entregarse física y espiritualmente al objetivo general establecido, para alcanzar la calidad política revolucionaria que conducirá a la consolidación del proyecto bolivariano, a la concreción de nuestra construcción socialista.

Un buen revolucionario o revolucionaria, debe ser disciplinado (a), cultivar la humildad, la madurez política; ir incluso, en algunas situaciones, en contra de lo que nos provoca, sacrificando el deseo instintivo y dando cabida al razonamiento profundo al que conduce el análisis situacional. Pero no confundamos el ser “disciplinado” con ser “borrego”, también la disciplina revolucionaria exige el derecho a la comprobación y a la crítica constructiva. Por eso es, disciplina revolucionaria en lo individual y en lo colectivo.

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ha venido dando muestras contundentes, ahora más que nunca, de unidad, de organización, de compromiso y también de disciplina. Debemos avanzar con más contundencia; ya que las luchas venideras se perfilan con grandes dificultades, quizás más duras que las vividas hasta ahora, porque es la verdadera confrontación entre el capitalismo y el socialismo; vamos a la profundización en la lucha por la autentica libertad y soberanía de nuestra patria.

De aquí surge otra reflexión muy importante, al considerar que efectivamente estamos en la cumbre de la confrontación de dos sistemas antagónicos: Capitalismo y Socialismo. Uno es muerte, el otro es vida; uno es destrucción, el otro construcción; no existen puntos medios, no hay espacio, entre éstos para grises ni pardos; no hay “tercera vía”: o vamos al humanismo, a la salvación de la humanidad, o vamos a la barbarie.

Llama la atención al respecto el Toby Valderrama en su columna, Un Grano de Maíz: “…Cuando del lado de allá dicen que pueden desarrollar sus planes dentro de la constitución, y cuando del lado de acá nos proponen un discurso conciliador que no va a los cambios estructurales, que se diferencia sólo en la cantidad, entonces nos igualamos al enemigo, en el centro nos encontramos todos. Así el socialismo se desdibuja y condenamos a la revolución a perecer…”.

Por ello, tomando en cuenta la advertencia del Toby Valderrama, el papel fundamental que juega en este momento, una estructura organizativa, partidista como el PSUV; recordando por supuesto, todo el engranaje ideológico, de integralidad, que debe mantener para que nos aseguremos que conduce, sin dudas, hacia un cambio profundo de paradigmas y une los pensamientos y las acciones hacia un fin común y beneficioso para las grandes mayorías; la construcción del socialismo bolivariano. O sea, no hay cabida para la conciliación. Debemos estar muy alertas con “los cantos de sirena” de los oportunistas, de los reformistas, porque lo que persiguen es que se simulen cambios para que nada cambie.

Vacilar sería perdernos, camaradas, todos los elementos que hemos debatido, discutido y muchas veces profundizado en diferentes espacios, desde todos los niveles del Partido, nacionales, pasando por los estadales, municipales, parroquiales y hasta comunales, hoy se convierten en armas muy poderosas, las cuales debemos tener sumamente afiladas para poder combatir.

Está  claro que “…el capitalismo, nacional y extranjero, es el enemigo de los pueblos del mundo, que no puede haber buen vivir, ni bienestar, dentro del capitalismo, por eso las promesas de la oposición son vanas….el socialismo no es un slogan…es la única manera de conseguir la verdadera felicidad de los pueblos y la existencia de la especie”.

Sin una férrea disciplina revolucionaria sería muy difícil seguir avanzando y pronto podrían aparecer entonces, las dudas, los desencantos. Sabemos que nuestra lucha es la lucha de todo un pueblo y es sólo con la planificación real, la organización, la unidad, la conciencia y como destacamos acá, con la disciplina revolucionaria, que llegaremos a alcanzar ese gran objetivo nacional y continental: la consolidación definitiva del Socialismo Bolivariano. Sigamos el ejemplo del líder indiscutible de esta revolución, Hugo Chávez Frías.

¡Patria Socialista y Victoria!!

¡Viviremos y venceremos!! 

sentirbolivarianobarinas@gmail.com


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Adán Chávez Frías


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