El verdadero sentido de la equidad. Trabajemos contra la pobreza (I)


Al hablar de justicia estamos dando relevancia a un tema para la reflexión y el análisis en América Latina, la pobreza, extendida a lo largo y ancho de su territorio y dibujada como mapa gris en comunidades enteras sumergidas en la más completa miseria.

La pobreza es la incapacidad de competir de igual a igual en una sociedad bipolar. Es la verdadera cara que nos ha dejado el neoliberalismo avasallador, que ha incursionado en nuestros pueblos obligatoriamente, como orden totalitaria.

La pobreza no es un fenómeno nuevo en la historia de los pueblos, se ha mantenido siempre, demostrando en este sentido, cuan incapaces y vulnerables han sido nuestros gobernantes al no darle importancia y estimularla con sus prácticas económicas desiguales que benefician a pocos.

Hablar de los pobres en América Latina, es hablar de un alto porcentaje de la población que se ahoga en condiciones difíciles de existencia, sin la mirada sensible de aquellos que han desgranado la nación, aprovechando sus recursos para sus fines individualistas, alejados de la moral y bufones de una verdadera conciencia de pertenecía de los pueblos.

La pobreza mantenida como lote sin limpieza, creciendo como monte, desasistida por los gobiernos al gastar en lo indebido y apropiarse de lo ajeno es el paradigma típico de la América Latina con la implementación de las políticas neoliberales y la puesta en marcha de los programas de ajuste estructural, que exige un mundo globalizado controlado por los países ricos.

Los pobres de Latinoamérica, carecen de los servicios básicos, de dinero para alimentarse, de viviendas para protegerse, de abrigos para cubrirse como tienen otros. Viven en casa construidas con latas viejas, con madera roída, cartón, y adobe, sin terminar. No van a la escuela, y si van en poco tiempo se convierten en desertores escolares.

Las familias pobres se han caracterizado por poseer un grado elevado de fortaleza, entendiendo su situación, luchan por sobrevivir, por alimentarse, por protegerse y por tolerar un Estado incapaz de generarles trabajo, abrigo, alimentos y asistencia social. Estado con una concepción inhumana sobre su verdadero rol en la ejecución de políticas públicas.

La verdadera fortaleza de población empobrecida está en su visión prospectiva, nunca dejan de soñar a pesar de los avatares de la vida. Siempre sacan fuerzas para luchar contra la adversidad que le impone el Estado, inmóvil y desgastado por la corrupción administrativa. Inmóvil ante un modelo económico que exige tranquilidad ante los problemas sociales, vistos estos como normales, y ahistóricos por los programadores y ejecutores del neoliberalismo.

Sin embargo los habitantes latinoamericanos, especialmente aquellos que pertenecen a sectores marginados y desasistidos por los gobernantes, han puesto la esperanza en los nuevos lideres que emergen de estos pueblos cansados y agotados de aquellas fábulas contadas por los expertos demagogos, donde se idiotizaba a la población con mensajes de grandeza y destrucción al oponente, el mismo cuento que la oposición venezolana esparcía como maíz a gallinero y que los medios de comunicación comercial enviaban a través de su practica, como moldeadores del Estado –Nación, que ellos deseaban tener, es lo que se conoce como Golpe de Estado mediático, utilizando, manipulando y vejando las acciones gubernamentales mediante la producción de la comunicación, acomodada a sus intereses. Una especie de bombardeo continuo sobre la mirada y el cerebro de todos los espectadores con las imágenes, consignas y discurso que ellos perciben como necesarias para denigrar al gobierno venezolano. Con la aprobación de la ley de responsabilidad social de prensa, radio y televisión, por la Asamblea Nacional en Venezuela, estos medios, hoy día, deben ajustarse a sus obligaciones dentro de la sociedad.

Algunos gobernantes latinoamericanos, han caído, por mantener su verticalidad en el quehacer político. Verticalidad heredada del ejercicio partidista, que llevan como emblema, lo permisivo en cuanto a la apuesta en marcha de políticas que no tienen nada que ver con los resultados de un verdadero diagnóstico nacional y si profusamente, con las relaciones entretejidas con sus partidarios, con los grupos poderosos nacionales y con los países ricos, quienes exigen modelos económicos que garanticen sus presencia y dominio.

Estas acciones que ejecutan los gobernantes, sin importar los efectos que generan en sus sociedades, el gran deterioro social que hacen, se vinculan a un grave daño social. Y todo daño social es delito. Exponer poblaciones a situaciones lamentables de existencia, es un delito, porque no solo viola los derechos humanos, sino la condición ciudadana difundida en la Constitución de la República de cualquier país latinoamericano y del mundo.

La llegada del presidente Chávez al poder, no es una cuestión de verticalidad, es un salto cualitativo. Un nuevo partido político, un nuevo liderazgo, una nueva manera de entender la acción política para ciertos dirigentes y un nuevo despertar del ciudadano. Fue la necesidad de visualizar un Estado comprometido con la inmensa mayoría de los venezolanos empobrecida e irrespetada por los gobernantes de este pueblo. Y es que ninguna política norteamericana, aceptada por los presidentes de este país, y del resto de
Latinoamérica, ha sido diseñada e implementada para dar asistencia a la población de escasos recursos y es que ningún presidente electo democráticamente, fue sensible ante la injusticia que se derramaba en las clases menos favorecidas, desposeídas de todo, de sus alimentos, de sus tierras para tener sus viviendas, de su vestimenta, de su salud.

El mandatario venezolanos, ha dado a la clase pobre venezolana, herramientas importantes para recuperar su dignidad, para elevar su autoestima, para sentirse ciudadanos con derechos. Asistir a los pobres, es la directriz de su gobierno, criticado por los dirigentes políticos sepultados del ayer y que resurgen arropados con el mismo dogma que les hizo fracasar. La critica despiadada y descontrolada, hacia el presidente, nos ha permitido pensar en una esquizofrenia opositora, sin misión, ni visión de futuro acertada para el pueblo venezolano.

Independiente del liderazgo del presidente Chávez, de la fuerza que emana de su discurso, y de los programas de bienestar social que se ejecutan, existe un sentimiento que esta en lo más adentro del ser pobre y que tiene que ver con los sueños. Los sueños le permiten mantenerse en el acontecer de su pobreza, le accede a mantenerse erguido como aquel árbol, que observé en Santa Marta, de adolescente, y que tuvo en su tronco la soga del caballo de Bolívar, viejo, pero firme, atávico pero florido, como las quimeras de nuestro libertador, que resaltaban la unión de los pueblos latinoamericanos.


De tal manera que preocuparse por los sueños de los menos favorecidos y hacérselos realidad a través de estos programas sociales, es una excelente decisión del gobierno actual de Venezuela, una manera conciente de afrontar la pobreza en este mundo de la no conciencia, donde el consumo desorbitado que proporciona la vida material heredada, está por encima de la verdadera esencia del individuo.

Pero no es dar elementos económicos para subsistir, es enseñar para poner en
funcionamiento esa fortaleza, que emana como semilla en germinación, de lo más profundo de la existencia. Capacidad de resistir más capacidad de construir y cómo se refuerza esa capacidad de salir adelante, y esa voluntad de surgir, desarrollando una autoestima positiva. Es importante preguntarse, si los programas educativos que se desarrollan en Venezuela y que dan la oportunidad a los pobres de educarse, son generadores de un crecimiento personal, yo creo que sí, pero quienes liderizan la oposición venezolana tan expresada en los medios de manera burlesca e irrespetuosa, han dicho muchas veces que no. Me gustaría plantearles este interrogante: ¿Lideres para qué y para quienes?

La autoestima positiva nos permite surgir, desenvolvemos y buscar alternativas de solución a nuestras carencias. Descubrir lo que nos imposibilita el avance y volar hacia la búsqueda de nuevas opciones, a través de la preparación académica, el diálogo y el conocimiento de lo que existe. Nos permite descubrir esas habilidades que guardamos y que mantenemos ocultas cuando se está decaído. Permite al pobre evolucionar y disponer de habilidades sociales, de comunicarse y de luchar para combatir la pobreza.

Es bien sabido que a la clase pobre se le acusa de utilizar poca codificación en el lenguaje que emplea. Se le califica de personas desinformadas, carentes de modificadores en el lenguaje y mantenedores con su uso, de la estructura social a la que pertenecen. Si esto es así, se cometieron incontables errores en los programas televisivos privados, al insultar e irrespetar al presidente Chávez, quien ha manejado un lenguaje sencillo para comunicarse con un elevado porcentaje de pobres que habitan en Venezuela. Un presidente que opera un discurso coherente, explicativo y positivo, que da alegría y energías para enfrentar retos. La enseñanza en el discurso del presidente Chávez se revela
en la toma de elementos característicos de la cultura popular venezolana y de su historia, para incentivar al logro, a la búsqueda de metas. El llamado a la educación del pueblo, con su estímulo a la participación en las Misiones implementadas, ha sido un ejemplo de ello.


* Sociologa venezolana, radicada en Costa Rica


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Carmen Arelis Contreras Marquina *


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