Si a todo pa` que no hormigueen

Cambiar, con líneas estratégicas y todo, para que todo quede como estaba

Cada cierto tiempo se alborota el hormiguero. Las hormigas obreras se encabritan, se vuelven respondonas e inconformes. Objetan con obstinación la conducta de las reinas, las ponedoras de huevos para que subsista la vida del hormiguero, cuando éstas se vuelven demasiados exigentes o descuidan su vital labor. Van de aquí a allá con premura, se tropiezan y pelean entre ellas.

En estos casos, llevan su insatisfacción y hasta rabia más allá del “portón” del hormiguero y entonces uno puede ver promontorios de tierra negra extraída de las entrañas y vericuetos del hormiguero dispuestos en desorden y de manera irregular.

Algunos hablan de desviaciones, caprichos intolerables y descuidos injustificados de las “reinas” y las allegadas a la corte. De la conducta burocrática en el proceder y las relaciones entre todos que hace que las obreras, quienes arriman lo necesario para el mantenimiento de la sociedad, resulten marginadas, sin participación y protagonismo.

Otros escriben abundantemente sobre el diagnóstico y proponen fórmulas para cambiar las cosas y establecer el equilibrio en el hormiguero. Muestran preocupación por el incumplimiento de las metas, por procederes inadecuados y cómo la inconformidad crece entre la población toda. Denuncian que quienes deben ser vigilados, supervisados y exigidos, son vigilantes, supervisores y exigentes.

A la mayoría obrera, mortifica que no haya cómo pedir a los de arriba, quienes manejan los asuntos administrativos, de planificación, es decir al grupo dirigente del hormiguero. Porque éstos se cobran y dan el vuelto. Todo queda allí en la intimidad del contubernio y en los vericuetos del hormiguero.

Las hormigas obreras, que son casi todas, arrean tierra de la negra con furia y la dispersan en desorden por los alrededores del “portón” del hormiguero. Cuando caminan patean con furia y marcan sus huellas profundas en la tierra todavía fofa.

Reparten volantes; discuten el contenido de los mismos y hasta promueven reuniones de otros insectos distintos a su comunidad para dejar constancia del empuje del reclamo. Porque las hormigas obreras, estas del hormiguero, aunque se diga son estériles, o más bien se les tenga como tales, le echan tantas bolas que hasta sus huevitos ponen.

Eso, si, se cuidan en exceso que la culpa no recaiga sobre la “reina madre” o su consorte, que por extraña circunstancia suele ser la misma identidad. Lo que no es malo por que él, sólo él, hace posible que aquel hormiguero pueda mantenerse incólume. Esto lo reconocen todos, nadie lo discute y le ponen donde no puedan tropezarlo.

Cuando el hormiguero todo, incluyendo aquellos amancebados al “bachaco fondillù”, quien reina al norte del hormiguero y de todos los hormigueros, se reúne para dictaminar sobre algo, pisando unos símbolos con el dedo índice en la pantalla de una maquinita, y produce resultados que incomodan y hasta llegan a alarmar, allá en los predios de arriba, comienzan a escuchar y poner atención a la protesta e inconformidad que cunde entre las obreras. El rùn rùn, inaudible por un tiempo, comienza ahora a percibirse como una avalancha que viene desde arriba de la montaña.

Entonces, la entidad superior, logra deshacerse de la marca y permear entre las barreras de todos los anillos que han cerrado en torno suyo y recoge todo lo que ha dicho el vocerío. Lo sistematiza, ordena, pondera y relanza para como dijese “el loco aquel”, enderezar entuertos, porque si los perros ladran cuando la caravana pasa, el paso de ésta hace ladrar aquellos.

En ese instante, cuando la entidad máxima del hormiguero hace suyos los reclamos, ideas y metas de la multitud o todas las hormigas obreras, éstas se regocijan y palpitan complacidas porque ha empezado el camino hasta que “la tortilla se vierta”.

Quienes agarrados de las manos forman los anillos, desde el más grande, del lado externo hasta el chiquito, aquel que cuida hasta la respiración, se sienten complacidos por aquella reacción que no es contra ellos y menos les afecta. y hasta más se estrechan. ¡Ya verán!

Los burócratas y quienes vigilan en lugar de dejarse vigilar, que suelen ser los mismos, tampoco se dan por aludidos. ¡Ya verán!

Las hormigas, suelen ser sensibles al lisonjeo. El gatopardismo les embelesa. Parecieran conformarse con el discurso y unos simulacros de cambio para que todo quede como está. Esta circunstancia de ahora, con cinco pomposas “líneas estratégicas” que recogen todo lo que la inconformidad produjo, ha “embarbascado” tanto, para decirlo como Simón Díaz, que todos quedaron felices y contentos. Y aquello quedó tal cual antes estaba.

Los mismos, observen bien, siguen haciendo lo mismo. Los bachacos siguen de bachacos y las hormigas obreras en lo de antes.

El cambio no ha sido tanto. Ha habido más bulla que cabuya.

Esperemos por un nuevo espasmo o revuelta de hormigas.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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