Diálogo, ¿con quién y para qué?

Diálogo es la palabra de moda.

El discurso de Presidente Hugo Chávez en la Asamblea Nacional para presentar su informe anual de gestión, fue resumido por los instrumentos de opinión pública como un llamado al diálogo. Fue la nota más importante de la jornada.

Unos días antes, se estrenaba el Presidente del Poder Legislativo, Fernando Soto Rojas, con un maduro llamado al debate democrático.

La respuesta de la oposición ha sido la pose arrogante y el desplante, extremados en el manoteo de un malcriado político de derecha.

La verdad de fondo es que el país quiere diálogo, sea conversa amena o debate encendido, no importa tanto la forma, pero que haya diálogo de verdad.

Para que exista el diálogo debe haber por lo menos dos partes interesadas. Por ejemplo, la clase trabajadora necesita hablar de un pliego reivindicativo mínimo: ajustes salariales respecto del costo de la vida, participación en la gestión productiva, seguridad social, condiciones y medio ambiente de trabajo, estabilidad, actualizar beneficios contractuales.

La juventud estudiantil y el profesorado deben abrir un gran debate nacional sobre nuestro modelo educativo, donde participemos todos de manera corresponsable.

La lista de sectores que desean establecer diálogos específicos es tan larga como temas inquietan a la población, todos los cuales son de gran importancia colectiva.

Pero el diálogo más importante que debe darse en este momento crucial, es entre la militancia revolucionaria. No es una propuesta sectaria, es un asunto de permanencia de la Revolución.

Hay un conjunto de situaciones adversas que se han venido quedando debajo de las alfombras, que deben ser debatidas cabalmente en el seno del movimiento revolucionario.

La primera sin ninguna duda es la corrupción. Son inaceptables los niveles de corrupción que siguen ocurriendo. Soslayar o minimizar este problema es una forma de haraquiri. La corrupción es incompatible con una Revolución Socialista. El mal ejemplo destroza las fuerzas morales.

Abandonar nuestro discurso y nuestra lucha contra la corrupción es traicionar los principios que nos trajeron a este tiempo de revolución, y es darle banderas al enemigo que no merece enarbolar.

El burocratismo espantoso que aun padecemos es el otro enemigo a sentar en el banquillo para trazar políticas de Estado que lo detengan.

La falta de una sana política de emulación es la tercera materia clave. Basta de premiar el oportunismo, el arribismo y la adulancia de los infiltrados, mientras se ignora el esfuerzo sincero, el mérito, la lealtad de los puros de corazón.

Las estructuras políticas de dirección tienen que callar por un momento, abrir bien los oídos y escuchar con atención la palabra de los humildes militantes de base. Algunas de esas estructuras harían mejor apartándose para que cesen las derrotas.

Porque hoy debemos discutir muy francamente, cómo garantizar el rumbo victorioso de la Revolución. Ese es el diálogo que necesitamos.


(*)Constituyente de 1999
Presidente de la Comisión Nacional de Refugiados


"... los Estados Unidos que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad..."
Simón Bolívar, El Libertador. Guayaquil 5 de agosto de 1829.




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Yldefonso Finol(*)

Economista. Militante chavista. Poeta. Escritor. Ex constituyente. Cronista de Maracaibo

 caciquenigale@yahoo.es      @IldefonsoFinol

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