Papeles para el Debate

Chávez: cambio de timón

La oposición en Venezuela, se ha caracterizado por no tener propuesta de país. Siempre están esperando que hace o no el Comandante Presidente y a partir de allí inician su perorata en un intento de decir algo, que finalmente se convierte en ruido. Algunos dentro del proceso, actúan en ese mismo tenor, haciendole un flaco servicio a la revolución.  

Últimamente, han estado hablando sobre la designación reciente de ex servidores públicos  que otrora estuvieron en el ejercicio de funciones; siendo que sus salidas en sus respectivos momentos, ocurrieron no precisamente por haberlo hecho como los mejores hijos (as) de la revolución. No obstante, los repiten.  

Se ha discurrido también, sobre un presunto encuentro de los militares con el inquilino de “Misia Jacinta”, denominado “Reunión de los Centauros”, donde en ella le habrían increpado, entre otros, sobre la actuación del gabinete -como si solo fuese civil-; a lo cual se presentarían como solución exigiendo, entre otros, más cuotas de poder y espacios de acción burocrática.   

Al respecto, orden, como precepto del positivismo burgués, no necesariamente es sinónimo de eficacia y eficiencia; igualmente la actuación de gobierno con base a la “hiperquinecia” (...”comportamiento hiperactivo modulado con una marcada falta de atención y de continuidad en las tareas”...),  que se plantea ejecutar propuestas más allá o por encima de las líneas y planes ya establecidos, no sería precisamente la mejor forma de actuación.    

Sobre el particular, quisiéramos reflexionar respecto de eventos similares que se sucedieron en época de la IV república consecuencia del desgobierno existente y la para entonces, “Reforma del Estado”, donde los teóricos criollos del neoliberalismo aplicaban recetas económicas, políticas, sociales y culturales a objeto de una vez desmontado el Estado Nación, permitiría sin oposición organizada, privatizar sus empresas en función de la tesis funcionalista que le da paso a la actuación definitiva y consolidada de las élites.  

En aquel entonces, los Jefes de Estado se planteaban poner a dirigir, en cuanto cargo había del aparato burocrático del Estado, a los tecnócratas de PDVSA (se presumía en aquella época que ellos eran los mejores), para que “arreglaran” todo. Luego se demostró, que no eran tan “eficientes” y “eficaces” como se pensaba; simplemente, estaban acostumbrados a reparar, que no resolver, los entuertos a realazo limpio sin modificar lo sustancial de la cuestión; es decir, el modelo productivo imperante. Así, cualquiera.   

Finalmente, las presiones de los cenáculos -que se niegan a desaparecer o transfigurarse- siempre emergen como por arte de magia, en tanto respuesta solapada a problemas existentes, consecuencia de acciones encubiertas de grupos tradicionales del poder o producto de una visión psicológica y filosófica sobre las actuaciones del ser humano (permanente en quienes aún se sostienen en el escenario político de cara a no darle paso a la transición hacia el socialismo), consustanciada con una postura ideológica que en nada tiene que ver con el socialismo que como modo de vida pregonamos de ahora hacia el futuro.   

Ante estos peligrosos desvaríos, es preciso profundizar la democracia popular, participativa y protagónica, para garantizar que la revolución no sea torcida y peor, burocratizada por las élites mimetizadas en la revolución.   
 

(*) Politólogo e Internacionalista Venezolano   

Magister en Seguridad y Defensa

monlan2001@yahoo.com


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Manuel José Montañez Lanza*


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