Historia regional y nacional de Venezuela, libro que nadie publica

Libro que no se publica porque el autor no jala, no sabe cómo o aquél no sirve aunque nadie lo haya leído.


“Facetas de Historia Regional y Nacional”, es uno de los cuatro libros, o proyectos que he escrito, que andan danzando por allí desde hace cuatro y hasta más años, buscando quien les edite. Sé muy bien que no tengo motivos para pretender, pero “he visto mucho muerto caminando”, como los muertos de “Pedro Páramo”. También estoy conciente que durante la educación formal e informal a la que me sometieron, siempre me rasparon en jalar, hacer antesalas largas o, más exquisitamente, “lobby” y hasta aplaudir sin motivo. Una novela, cuyo tema central lo constituye un crimen ecológico que aún pide justicia, también es parte de este basurero mío. Pero me reconforto, diciendo a los hijos, a menos favores recibidos, mayor libertad. Y por aquello de Kotepa Delgado, “escribe que algo queda”.

El texto que ofrezco es la presentación de “Facetas de Historia”-



PRESENTACIÒN

La cultura de la dominación se expresa de diferentes formas. A veces con tanta sutileza que suele pasar desapercibida. Un conocido escritor alemán, Andre Gunther Frank, decía que en el mundo capitalista, las sociedades y países adoptaban forma y operatividad del sistema planetario. Según su perspicaz percepción, se podían percibir planetas, respectivos satélites con conductas de dominadores y dominados.

Pero quien aquello sostuvo pasó por alto que ese criterio puede perfectamente aplicarse a sistemas y sociedades de dominación distintas al capitalismo, como los grandes imperios esclavistas y mercantiles. Hasta en el llamado socialismo real, aquella relación se reprodujo, particularmente en Euro-Asia, en cierta medida, aunque con sus particulares perfiles.

Lo anterior, porque hablando de las sutilezas de la dominación, es bueno refrescarnos y recordar que ésta, no necesariamente se corresponde con la fuerza de las armas, control de capital, producción, circulación de mercancías y hasta la distribución internacional del trabajo, sino que suele acompañarse de la comunicación y las ideas. Hasta éstas, pueden de manera conciente, premeditada o no, interferir una realidad y actuar como objeto de dominación que detiene o entorpece los procesos. Es frecuente que alguien diga que una individualidad o grupo se comporta como satélite o colonia mental de otro.

La historiografía Venezolana ha estado atrapada por ese concepto de pretendida dominación de la gran provincia caraqueña, capital de lo que fue la Capitanía General de Venezuela, sobre lo que allá siempre han llamado el interior. Expresión que pareciera tener algo de aquello de “nuestro patio trasero”. O ser una inocente manera, pese a todo, de desdeñar el poder creador de los pueblos a quienes se tiene como inferiores. Pero también se escribió nuestra historia republicana, particularmente lo relativo a la guerra de independencia con influencia determinante del romanticismo, lo que hace que solamente las poblaciones “interioranas”, para hablar como los caraqueños, parecieran haber tenido vida e historia, cuando fueron escenarios de actuaciones del Libertador.

El personalismo, a tono con la percepción romántica, ligada a la épica, cercana a la esclavitud, y posteriormente a las formas capitalistas de producción, se aviene con la idea de la dominación, el desdeño de los pueblos y colectivos, pues centra su interés en los grandes personajes, tenidos como dioses, hijos de éstos o manejadores del mundo. Esa percepción contribuyó y contribuye a exaltar lo individual, ignorar de manera conciente o no la creatividad y contribución popular. El accionar de los pueblos sólo tiene interés si está ligada a la mención del “personaje épico”. De modo que los pueblos, sobre todo los “interioranos”, quedarían como petrificados, profundamente dormidos y hasta eunucos, mientras el héroe y el centro de dominación no le mueve los tinglados.

Frente a ese concepto de dominación y manera parcializada de escribir la historia, se hace necesario hacerlo desde otras perspectivas que reconozcan los esfuerzos colectivos y la participación de pueblos que no fueron invitados de piedra, sino que rindieron esfuerzos y sin cuya participación toda aquella gesta independista no hubiese sido posible...

La escuela venezolana, de alguna manera, con todas sus deficiencias, en alguno de sus peldaños, aborda aquella acción guerrera de gran magnitud que se conoce como la “Campaña Admirable”, en el año 1813, iniciada por nuestro Libertador desde la Nueva Granada, hoy territorio colombiano, que incluyó la hazaña de la travesía de los Andes y le llevó a Caracas de victoria en victoria y a la restitución de la república perdida en 1812. Pero casi ignora, que un grupo de patriotas, invadieron desde Trinidad bajo el mando de Santiago Mariño y terminaron, en aquel mismo año 13, recuperando esta parte del territorio nacional con la participación descollante de los guerrilleros que en los llanos orientales mantuvieron viva la lucha independentista. La llamada campaña de oriente, se ha escrito así, con letras minúsculas, pese a que en el año 14, aquella gesta hizo posible que las fuerzas de Bolívar, acompañadas de parte de la población caraqueña, se pudiesen desplazar a esta parte de Venezuela, en lo que se llamó la “Emigración a Oriente”, huyendo del acoso de José Tomás Boves.

También es poco conocido, como los combatientes guerrilleros de los llanos orientales, quienes nunca abandonaron el territorio nacional, mantuvieron siempre viva la idea de la independencia y la disposición a combatir por ella. Derrotados, se escondían en montes y pastizales para golpear aquí y allá, sumar fuerzas y volver a combatir a campo abierto. Y así estuvieron varios años hasta que la guerra tomó grandes dimensiones.

Así mismo, la escuela, gran parte de libros y textos de historia, al hacer referencia a las dificultades que el Libertador tuvo para entenderse con los héroes orientales como Santiago Mariño y Bermúdez, precisamente los mismos que dirigieron la invasión desde Trinidad y liberaron medio país mientras aquel avanzaba desde occidente, en cierto modo obvia éste hecho y factores de carácter económico, como la importancia de las actividades que en el lado oriental se desarrollaban, la desconexión que por tantìsimos años predominó entre oriente y Caracas, desde el inicio de la colonización hasta la creación de la Capitanía General de Venezuela; circunstancias que explican la existencia de aquellos resentimientos, desconfianzas y motivos para no aceptar en lo inmediato el liderazgo de Bolívar.

Para ese entonces, era natural que no prevaleciese el concepto de nación venezolana; y en efecto, éste no existía. Los orientales veían a los caraqueños de entonces y viceversa como extraños y no integrantes de la unidad venezolana. Era válido que los dirigentes o líderes de cada bando, sobre todo aquellos que nunca habían convivido con el otro, tuviesen reparos al momento de decidir el liderazgo. En estos trabajos hay una carta de Bolívar, relativo a las deserciones que habla también de este asunto y como soldados caraqueños u orientales, desertaban de sus ejércitos cuando éstos eran comandados por jefes ajenos a sus regiones de nacimiento y formación. Este sentimiento llegará hasta la guerra federal, expresado en las ideas de Juan Antonio Sotillo, para quien “Federación era que en Caracas manden los caraqueños, en Guárico los guariqueños y en el Zulia los zulianos”. Criterio éste que dominaba el pensamiento y la visión de aquellos combatientes. Años más tarde, el caudillo zuliano Venancio Pulgar, todavía sustentaba el mismo criterio y le utilizaba para su práctica política.

Para Bolívar, pese su genio y capacidad “para mirar por encima de los siglos”, como se ha dicho muchas veces, con sobrada razón, por voces muy respetables y autorizadas, hasta el año 1816 y parte de 1817, la guerra de independencia necesariamente pasaba por tomar Caracas, fortalecer allí sus posiciones, para obtener el reconocimiento internacional. Por ello, donde estuviese, apenas disponía de unos hombres y unas cuantas armas, se lanzaba sobre Caracas.

Los acontecimientos de la Casa Fuerte, la derrota y retirada del Libertador por los lados de Aragua de Barcelona, ambos acontecimientos del año 1817, estuvieron envueltas en aquellas rivalidades y la estrategia bolivariana. La Casa Fuerte fue atacada por Aldama con violencia para apoderarse de un cuantioso parque que aquel allí había depositado, por lo que encargó al general Freites defender la plaza con su vida, mientras intentaba convencer a los jefes orientales que le acompañasen a Caracas.

Todo cambiará cuando se imponga la estrategia, acariciada desde el año 1813, de tomar la plaza de Guayana, retaguardia casi inexpugnable del poder español, usada para descanso de las tropas, producción de alimentos y medio de comunicación y transporte, a través de los grandes ríos, en la que un discrepante como el general Piar, estrechamente relacionado por sus ejecutorias y presencia a los guerreros orientales, jugará un rol de primera línea.

Hasta ahora se ha persistido en la costumbre de explicar la caída de la primera república a través de lo expuesto por el Libertador en “El Manifiesto de Cartagena”, obviando por diferentes razones y prejuicios otras circunstancias políticas, de relaciones de producción y distribución de los bienes, que en la constitución de 1811, los legisladores introdujeron en ella favoreciendo a los mantuanos y que, entre otras dieron origen a un Estado débil, ajeno de apoyo popular y desatarán fuerzas en contrario de la magnitud como la que representó José Tomas Boves.

Estos asuntos son tocados en estos trabajos de historia que ponen cierto empeño en el rol de los combatientes orientales.

Lo relativo al 19 de abril, la declaración de la guerra de independencia se revisan a la luz de las cifras que hablan de las relaciones económicas de la colonia que era Venezuela con su metrópoli y las otras potencias de entonces. También se revisan aquellos acontecimientos, en las que las provincias orientales no se limitaron a “seguir el ejemplo que Caracas dio”, sino que actuaron de conformidad al deterioro de sus relaciones de sujeción política y sobre todo económica con la metrópoli y lo que en Europa sucedía que bien conocían. Es bueno para comprender esto, la interesante anécdota del bodeguero cumanés, contada en este texto.

Del desarrollo de la Guerra Federal en oriente también se habla en estos trabajos y dentro de ésta de la participación de los generales Juan Antonio Sotillo y José Eusebio Acosta.

Al final aparece el general Piar. Un trabajo en el cual el héroe de San Félix toma la defensa de su propia causa. Dejémosle hablar y pongámosle atención.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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