Conflagración en puertas

Las pruebas presentadas por Colombia contra Venezuela en el seno de la OEA son inconsistentes, las fotos tienen como trasfondo una selva difícil de diferenciar -bien podría ser venezolana como colombiana- que la hace indefinible, pero esa circunstancia demuestra la gravedad de la denuncia, significa que la acusación presentada no es una simple treta de desprestigio, sino un plan mucho más vasto, puesto en práctica, una vez más como pretexto por los Estados Unidos, cuando ha cometido sus grandes fechorías, como en el caso de la bahía de Tonkín para agredir a Vietnam y el cuento de las armas de destrucción masiva inventado para justificar la invasión de Irak.

Podemos estar en la antesala de una de las más graves decisiones de Estados Unidos: invadir a
Venezuela.

A la que se ha cercado por todas partes en pocos meses: las siete bases militares en Colombia, la de Panamá, la de Costa Rica, donde previamente hizo elegir presidenta a una funcionaria de la CIA; las bases en Curazao y Aruba y, finalmente, colocada en sitio estratégico la IV Flota con portaviones nucleares, seguramente para sus escaramuzas con las guerrillas de las Farc en el Caquetá.

Toda la operación inicialmente estará a cargo de Colombia, la que ha demostrado una destacada condición de gendarmería yanqui en América Latina, a imagen y semejanza de Israel en el Medio Oriente, pero con una diferencia, el mundo que rodea a Israel son los países árabes llenos de miedo, en cambio, a Colombia la rodean países latinoamericanos, la mayoría de los cuales luchan para afianzar su soberanía. Esta circunstancia aconsejaría un ataque inicial violento y despiadado a fin de evitar la reacción de los países libres latinoamericanos.

Venezuela debe convocar al mundo ante tal amenaza. Si analizamos los embestidas constantes de EEUU contra Venezuela, los ataques colombianos a la revolución bolivariana, el júbilo de la oposición a causa de la agresión y el cerco militar a nuestro país, podemos concluir que el cuadro de la conflagración está diseñado, sólo falta un toque final que podría no producirse por la enormidad de las consecuencias de la conmoción que se produciría en América Latina.

Abogado


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Manuel Quijada


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