(La Inviolabilidad de la Ley de la Ofertademanda)

Derivados normales de la paridad cambiaria en el mercado intervenido

Las truculencias financieras de índole cambiaria no son tales, son simples expresiones de los diferentes ajustes propios del vaivén correspondiente operado entre una Oferta y una Demanda   desbalanceadas entre sí. A la larga el equilibrio debe restablecerse a punta de unos ajustes que lucen o resultan más o menos especulativos, pero ellos están a la orden tanto de los particulares cuando la producción no se adecua a las necesidades del consumo, como del propio Estado que no respete el libre cambio mercantil.

Es una impostura tachar de ladrones ni de bandidos a quienes apliquen los usuales mecanismos comerciales y financieros según el libre desenvolvimiento de la ofertademanda. Lo que hace un “acaparador” o un “especulador” es adecuarse a la coyuntura que le brinda una Economía desajustada. Por ejemplo, cuando las cosechas agrícolas son excedentarias los productores suelen vender a precios bajos y nadie protesta, pero cuando ocurren bajas en la cosecha son los campesinos o sus intermediarios quienes logran vender a elevados precios, pero entonces son tachados de hambreadores.

Bien, una forma expedita de desbalance financiero es escasear las divisas es mediante el Control de Cambio, en caso de un Estado que no logre satisfacer oportuna y cuantitativamente las necesidades cambiarias de cada día. Dólares preferenciales, cuotas máximas, etc. y fijación   arbitraria de la paridad cambiaria mediante un Control de Cambio, son un camino desbrozado que conduce a desviaciones donde necesariamente el “acaparamiento” y la “especulación” se presentarán sin que haya forma posible de evitarlos sin exponerse a desajustes mayores.

Resulta lógico que una demanda que sobrepuje la oferta provoca un alza de precio, y viceversa. Resulta lógico que una Oferta que desborde la demanda se traduzca en bajones de precios y viceversa.

Los justes financieros alcistas son de vieja data, se remontan a la época tardía del Medioevo, por allá cuando se formaron los bancos, o los “banqueros” 1/, quienes in situ, a boca de puertos, se ocupaban del trueque entre las monedas de entonces que requería el comercio internacional. Esos “banqueros” alzaban la paridad cuando sus clientes sobrepasaban pedidos que ellos no podían cubrir oportunamente.

Las medidas que acaba de adoptar el gobierno en esa materia, medidas tendentes a evitar la especulación cambiaria que  catapulta “mágica y tramposamente” el precio del dólar permuta, y que supuestamente podría formar parte de una estrategia desestabilizadora   emprendida por comerciantes y financistas interesados en  retomar  al poder político de Venezuela, esas medidas, decimos, necesaria y coherentemente  también deberían servir de ejemplo para que el mismo Estado se vea reflejado en esa “especulación” y considere el daño  que causa a sus acreedores por concepto de Deuda Social.

Tomemos el mismo ejemplo usado por el gobierno para ilustrar uno de los procedimientos “técnicos” financieros, lógicamente viables y usados por los corredores y agentes cambiarios, procedimientos que no pueden ser evitados por decretos, salvo males peores para la Economía nacional:

Acotemos que la transacción de bonos en dólares atrajo a los comparadores para evitarse perjuicios patrimoniales en caso de   de devaluaciones del bolívar. Estos tenedores querían asegurarse a futuro un monto estable de divisas, además de ganarse un interés. Hasta allí, el Estado actuó con todos los mecanismos que ofrece el mercado, y mecanismos respetados por la banca privada:

1.- Así, un tenedor de un bono en dólares emitido por el Estado venezolano, en lugar de esperar su vencimiento decide convertirlo en dólares. Posiblemente busque su reventa al nuevo precio reinante para el dólar en el mercado paralelo.

2.-El tenedor del bono acude a un corredor, y de este recibe los dólares correspondientes afectados de un razonable descuento por pronto cobro.

3.-Bien, ese tenedor compró, digamos, a Bs 2.150,00/$, hoy, BsF. 2,15/$. Si el bolívar mantuviera ahora su misma paridad que tenía cuando compró el bono, es de esperarse que reciba tantos dólares como los que nominalmente vale el bono, menos el descuento del caso.

Ahora bien, como la moneda ha sido devaluada por el propio gobierno emisor de esos bonos, si el corredor, por ejemplo, le reconociera el mismo monto neto nominal en dólares, no hay duda de que ese tenedor entonces tendría la opción de revender esos dólares al precio en bolívares más alto que empiece a regir en el mercado “permuta”, donde posiblemente la paridad cambiaria se torne en alzas para el dólar   debido al posible surgimiento de un desbalancee entre la demanda y la oferta de la divisa en el mercado controlado por el Estado.

4.- Por supuesto, el corredor le entrega dólares según su equivalente en BsF. actuales, es decir, sólo le reconoce los bolívares que el tenedor desembolsó en su oportunidad cuando compró el bono, razón por la el tenedor termina recibiendo una cantidad menor de dólares que de todas maneras tiene un equivalente aproximado en tantos bolívares como los que el tenedor desembolsó cuando adquirió el bono en cuestión. El vendedor del bono simplemente cedió la estabilidad patrimonial que le había garantizado el Estado, en caso de que esperara el tiempo de su vencimiento, se dispone a revender en alza los dólares que en menor cantidad recibiera del corredor. Se abre así un juego de ofertas y demandas improductivas que terminan inflando el precio de una divisa que por no estar suficientemente disponible en el mercado, entra en escasez y esta viabiliza la operaciones que despectiva e injustamente  se conocen como especulativas.

Por otra parte, cuando el Estado entra en mora con sus funcionarios públicos (los jubilados) para una fecha determinada, el monto de ese pasivo tiene un valor en dólares según la paridad de marras. Si el Estado en el ínterin antes del finiquito devalúa la moneda y luego honra la deuda acumulada, estará entregando menos dólares que los adeudados según los mismos bolívares que adeudaba cuando estos tenían un mayor poder adquisitivo frente a la divisa. O sea, el Estado también asume una conducta tan “especulativa” como la que practican los financistas privados, y sin embargo mal podríamos suponer que el Estado esté tramando ninguna desestabilidad contra sí mismo..

1/ Se historia que estos vendedores de divisas se sentaban en unos “bancos”, oficinas afuera, cual buhoneros del dinero.



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Manuel C. Martínez M.


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