Desmontar el estado burgués

Muy recientemente el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela lanzó esta consigna y desde ese momento, he estado dándole al asunto para darme una orientación que permita enfilar las cargas de la mandarria. No logro avanzar mucho porque registro varias situaciones con sus respectivos problemas, que me inducen a la duda o plantearme que este desmontaje es necesario afrontarlo desde diferentes puntos. La duda o incertidumbre me viene porque antes de plantearme el direccionar la mandarria, estuve haciéndome varias preguntas: ¿Qué somos? ¿Cómo llegamos a ser lo que somos? ¿Dónde hay que golpear?

En función de esas dos preguntas, determiné dos puntos claves. Uno de esos puntos, cuyo resultados no está muy cercano en el tiempo, debe focalizarse en el área de los servicios públicos y soy de la opinión, que la mandarria debe apuntar al sector educativo y al sector salud, porque en esa dos áreas de servicios básicos, el Estado burgués muestra todo su esplendor para producir las situaciones que nos alejan o nos mantienen sin avanzar mucho en la ruta ya trazada: Socialismo del siglo XXI. En estas dos áreas o sectores el capitalismo se recrea en su dimensión más miserable.

En el ámbito educativo debe reconocerse, que entre 1969 y 1973 hubo avances significativos y estos avances hay maneras de evaluarlo, pero me permito ofrecer una referencia importante que mide ese proceso: Entre 1960 y comienzo de los años setenta, era altamente probable que un hijo de analfabeta alcanzara un cupo en la universidad pública y culminara sus estudios. A partir de ese punto (1970), la educación favoreció un proceso de diferenciación social que aún se mantiene y los cambios intentados en ese sector han encontrado mucha resistencia mediática y muy curiosamente, la resistencia ha contado con el apoyo de un sector de la clase media, que muy probablemente en sus antecedentes estén registrados padres casi analfabetas.

La propuestas de cambio en el sector educativo se ha encontrado con el muro mediático, pero no es descartable la idea de tener a este servicio como uno de los puntos claves para el desmontaje del Estado burgués. Es estratégico y de concreción a largo plazo, porque el Estado burgués no se resume en la institucionalidad burocrática, es también un orden y un esquema mental-cultural, cuya modificación no dependerá exclusivamente de una propuesta curricular. Si las aulas, las paredes, los pasillos, los baños, lo que se pensó como área verde de las escuelas y toda la escuela, llega a ser un espacio diferente a lo que hoy tenemos, es posible que el desmontaje de ese Estado no encuentre resistencia.

Todos hemos visto, que los consejos comunales en su gran mayoría han solicitado recursos para construir la llamada casa comunal y la ejecución de ese proyecto se ha anotado como una hecho significativo, pero ahí mismo, está la escuela y la comunidad no la ha sentido como una herramienta suya, como una gran casa comunal. Sentirla distante es una señal que debe mover a una reflexión.

El otro punto clave es el de salud. Ese punto nos ha hecho y nos hace diferente. No considero la salud, como un concepto secuestrado en un hospital o que decide en esos espacios, pero estoy claro que la red de atención que el Estado tiene para atender parte de este punto va en otra dirección o no nos sirve. Las instituciones paralelas del sistema (CDI-Módulos de barrios adentro) que tienen otro tipo de funcionamiento permiten visualizar el deterioro y casi inutilidad del servicio de salud que se presta en hospitales. Este es un punto difícil pero clave y requiere de un tratamiento muy especial. No hay en este sector espacio para la improvisación pero queda tiempo para idear y gestionar una política con un nuevo modelo. Es claro que el asunto de las enfermedades sea un tema para los médicos, pero dejar el problema de la salud y de los hospitales en manos de los médicos no parece ser una salida muy confiable, porque en todo este tiempo los hospitales y la salud ha estado en manos de los médicos y esos son seres muy especiales con un juramento que lo guardaron ahí……

Si logramos cambiar o modificar ligeramente esas dos situaciones, parte del desmontaje del estado burgués se ha iniciado. El otro punto clave puede ubicarse en la institucionalidad y si hay que sustentar esto con una propuesta teórica, se me ocurre echarle mano a un concepto no muy utilizado ya, cuyo creador fue Paúl Baran y que se lo denomino “excedente económico potencial”, que logra concretarse a través de varias situaciones y una de ella, se concreta en todos esos recursos que (potencialmente) pierde el Estado y la sociedad por una organización burocrática innecesaria. Si me preguntas por instituciones innecesarias, inmediatamente pienso en los Consejos Municipales y en los Consejos Legislativos estadales. Soy de la idea que estas instituciones ya vivieron sus ñapas en la revolución, consumen recursos sin mucho que ofrecer y ya deberíamos estarle preparando sus funerales para darle paso a otras instancias comunales legislativas (democracia participativa y protagónica), con gasto de personal mínimo pero con la carga y responsabilidad de ejercer la función contralora y legislativa.

El desmontaje del Estado burgués carece de sentido sin la opción de responsabilizar a las comunidades organizadas en la planificación, control y financiamiento de los servicios básicos. Los ministerios y los ministros estarán para acompañar técnicamente ese proceso de conducción.

evaristomarcano@cantv.net


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Evaristo Marcano Marín


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