Rusia, Venezuela y Bolivia acuerdan intercambios con el temor, disfrazado de burla, del gobierno yanqui

1. Vladimir Putin, el premier ruso, visitó antier Venezuela. Hugo Chávez, en su discurso como gobierno anfitrión, resaltó la “cooperación estratégica” del Kremlin con el Palacio de Miraflores y anunció que el apoyo de Moscú es para que Venezuela tenga su propia industria para el uso de su espacio ultraterrestre. El primero en sobresaltar con disgusto fue el gobierno yanqui porque ve en la estrategia chavista un estrechamiento importante en las relaciones entre ambos países y la región; sobre todo porque Evo Morales, el presidente boliviano, también aprovechó la visita de Putin a Venezuela para realizar algunos acuerdos de apoyo. Por eso el pronunciamiento de ayer del Departamento de Estado de EEUU, al mofarse de los planes del presidente venezolano de llevar a cabo un programa espacial, resulta ridículo. Dijo –sangrando su lengua- que los objetivos de Caracas “deberían ser más terrestres que extraterrestres”.

2. Cuando Rusia desapareció como país al triunfo de la revolución bolchevique en 1917, se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A partir de entonces los poderosos países del gran capitalismo (EEUU, Inglaterra, Francia, Alemania) unificaron intereses y fuerzas para evitar que ese “peligro comunista” se expandiera provocando otras revoluciones. La URSS, con su enorme poder desarrollado durante 40 años, se convirtió a partir de los años sesenta, en una gran fuerza frente a los EEUU a tal grado que comenzó a hablarse del primer, segundo y tercer mundo. La URSS se convirtió en un fuerte contrapeso frente a los yanquis. Fue tanto que cuando Cuba fue despreciada, amenazada y cercada por el gobierno de Kennedy, luego de Johnson y Nixon, la URSS se convirtió en la sombra protectora del único país que en América se había proclamado “socialista”. A pesar que la URSS nunca fue socialista, fue un buen contrapeso.

3. La URSS se derrumbó, se disolvió en 1991 y se estableció la Federación Rusa; sin embargo a pesar de la dispersión, Rusia se conservó como heredera de la personalidad legal de la URSS. Dado que es el país territorialmente más extenso del mundo y uno de los primeros en número de habitantes, conserva aun un gran potencial productivo, económico y militar. Con el desplome como URSS siguió conservando gran parte de su armamento y es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU. Por ese motivo, aunque EEUU tiene ahora al mercado común europeo, a China, a Japón, como peligrosos competidores en el mercado mundial, no olvida que Rusia puede reconvertise en poderoso aliado antiyanqui. Por eso cuando se enteró que Venezuela y Bolivia firmarían acuerdo con Rusia –como antes lo había hecho con China- se pusieron nerviosos amenazaron con tartamudeos y burlas a tales acuerdos. ¡Pobres yanquis!

4. Putin no es socialista, se convirtió en poderoso político después de Gorbachov y Yelsin –con sus políticas de “apertura capitalista”- echaron abajo lo que quedaba de la burocracia seudo socialista. Mucho menos puede ser Putin continuador de las ideas de Marx o Lenin; sin embargo dado que la competencia por el dominio mundial se da dentro del capitalismo transnacional entre ocho o 10 países, Rusia inscrita dentro del G 8, es parte del juego económico y político entre los grandes que deciden. Por eso Chávez, con toda habilidad y –al parecer de manera correcta- se aprovecha de los contrapesos para confrontar a los yanquis. ¿Quién puede negar que en estos juegos de poder entre China, la India, Brasil, Rusia, el lejano oriente, se conforme un poderoso bloque que pueda enfrentar a los EEUU y sus aliados? Por ese motivo, además de estudiar la situación de cada país, hay que mirarlos en su contexto internacional.

5. Pienso que el editorial de La Jornada es justo: “La voluntad (de Venezuela) de desarrollar y expandir su propia industria espacial –cuya punta de lanza es el satélite Simón Bolívar, en operaciones desde hace más de un año– no es, contrario a lo que pareció insinuar ayer el funcionario estadunidense, parte de un afán estrafalario ni mucho menos un capricho personal de Hugo Chávez: antes bien, se inscribe en una necesidad de reafirmar la soberanía venezolana en materia de telecomunicaciones –en una región donde sólo México, Brasil, Argentina y Venezuela cuentan con satélites propios– y de reforzar, por esa vía, tareas concernientes a la defensa y la seguridad nacional de ese país. El punto central de la coincidencia actual entre Caracas y Moscú no reside en afanes armamentistas o posturas “antiestadunidenses”, sino en la necesaria defensa de las soberanías nacionales frente a pulsiones hegemónicas y colonialistas como las que persisten en la superpotencia”.

6. No me queda duda que en países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, -a pesar de que los gobiernos han logrado avances democráticos importantes- las izquierdas radicales, los marxistas revolucionarios, tienen que ayudar a profundizar las luchas de esos países hasta crear sociedades justas e igualitarias. Recogiendo la idea de mi admirado amigo venezolano Rafael Fraile, militante marxista con muchas décadas en lucha, al decir: los gobernantes de esos países “tienen sus méritos que por supuesto los revolucionarios no negamos, pero tampoco estamos obligados aceptar y aprobar como verdades sus reflexiones filosóficas metafísicas, como el caso de declarar que “la lucha armada ya pasó de moda”; porque de tomar esta actitud sumisa dejamos de ser revolucionarios y estamos dando paso y alimentando una actitud peligrosa y contra revolucionaria como es la enfermedad del culto a la personalidad”.

7. Es necesario que aprendamos a evaluar correctamente las políticas internas y externas que aplican los gobiernos que han planteado sus intenciones de transformar las economías y políticas capitalistas o burguesas en socialistas. Tenemos que estudiar sin prejuicios todas las relaciones de poder. No pueden ser políticas lineales en un mundo donde las confrontaciones son diarias y deben aplicarse diferentes estrategias. Pero tampoco podemos, como dice Fraile, mantener confianzas ciegas y oportunistas porque por ese hecho dejamos de ser críticos y luchadores sociales independientes. Debemos combatir al enemigo imperialista y capitalista, pero también tenemos la obligación de revisar continuamente nuestros objetivos, estrategias y métodos de lucha. Hoy pienso que se puede decir que la estrategia de Chávez y Morales de realizar acuerdos con Rusia fue correcta, y la prueba es el disgusto que le provocó al gobierno yanqui.

pedroe@cablered.net.mx


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Pedro Echeverría V


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