Venezolanos contra Venezuela

Tres gobernadores venezolanos fueron a Washington a pedir la intervención de la OEA contra Venezuela. El secretario general de la organización los mandó de paseo. Casi que les dice: “vayan a trabajar”. Luego acudieron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con el mismo llantén. Ultimas Noticias ironizó: “Opositores le echaron dedo al Gobierno ante la CIDH”.

En eso andan, patéticos, Pérez Vivas, Pablo Pérez y Antonio Ledezma, echando dedo por el mundo sin que le mundo les pare un dedo. El último precedió su periplo soplón de una opípara huelga de hambre, como para conmover al planeta, pero el planeta permaneció inconmovible al oler el guiso publicitario del suculento ayuno.

Lo que Insulza respondió a estos heraldos del ridículo internacional –“la OEA no se mete en eso”- nos apenó a todos. El más antipatria en la apuesta resultó Ledezma. Pedía histérico la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela. Ya antes, había emprendido un periplo Andes abajo para exigir que se impidiera el ingreso de Venezuela en el Mercosur. Allá también le pintaron su currucucú.

Si Jorge Olavarría viviera, se estaría muriendo de la tirria ante la conducta antivenezolana de estos tres mosqueteros de la antivenezolanidad. A raíz de la burla que se hizo del presidente Chávez en la embajada de Estados Unidos en tiempos del inefable Shapiro (con un cómico disfrazado de la Colomina), el ex editor recordó la gallardía de Pio Gil cuando su enemigo, Cipriano Castro, fue vejado en Nueva York.

“Pedro María Morantes, quien con el seudónimo de Pio Gil había escrito los más ácidos libros acerca de Castro, dio un ejemplo del calibre moral que vertebran los raciocinios de su incisiva pluma. Con esa autoridad, Morantes protestó el vejamen que había sufrido el ex presidente en Nueva York así: Venezuela tal vez tenga derecho de darle a Castro cuatro tiros en cualquier plaza pública; pero no le es permitido, sin abdicar de sus fueros de nación soberana, consentir que ningún gobierno extraño pueda vejarlo y punirlo”.

Semejante grandeza no se le puede pedir a la medianía. Ya vimos en la Asamblea Nacional a un diputado oposicionista defender, con doloroso desgarramiento, el informe del Congreso estadounidense en el que acusa a Venezuela de narcoestado. La pena ajena conmovía hasta las columnas del viejo edificio gumancista. Algunos de sus compañeros de bancada trataron de dorarle la píldora, para peor.

No es nueva esta conducta entreguista de la oposición. El momento cumbre de la carrera de María Corina Machado, fue cuando se retrató en la Casa Blanca con ese genocida que es George Bush, rodillas al aire para darle un toque sensual a la cosa. Los medios privados titularon eufóricos: “Esa entrevista legitima a la oposición”. El pueblo venezolano se limitó a rebautizarla: la Malinche.

Contra Venezuela se han ido a hablar al exterior no sólo los carcamales de la Cuarta República, sino también los jóvenes oposicionistas, como para ir practicando el arte de la antipatria que tanto irritó a Pío Gil. Los chicos manos blancas que huyeron de la Asamblea Nacional, fueron acogidos en en el regazo de Aznar, Rajoy y demás saurios de la ultraderecha europea. El tetero del fascismo los empalagó. Otro de ellos andaba por Estados Unidos recibiendo un biberón de 500 mil dólares.

Voy a dejar esta crónica hasta aquí porque me viene a la memoria y al estómago aquella novela de Jean Paul Sartre titulada La Náusea.

earlejh@hotmail.com


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

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