Frontera a buen resguardo

Las relaciones de la Revolución Bolivariana con los gobiernos de la oligarquía santanderista colombiana, se han caracterizado por la confrontación permanente. Francisco de Paula Santander, siempre vio al Padre Libertador, Simón Bolívar, con recelo y temor, de ser considerado por la historia un “héroe menor” frente al “gran héroe americano” que fue el Padre Libertador, como lo definiera Rafat Ahmed desde Colombia: “Santander es el hijo mayor de la obra del Libertador, un héroe nacional que no va más allá de una frontera o una sociedad particular”. Bolívar, en cambio, como lo definiera Benjamin Constant era: “Un hombre extraordinario se ha destacado en América, que durante más de 10 años ha sido el de la revolución. En el Consejo y en los combates, Bolívar ocupa siempre el primer lugar.(…) “La consolidación de la independencia americana ha dado principio a una nueva era en el universo”. La historia, registra unos veinte atentado contra la vida del Padre Libertador, Simón Bolívar, “tramas secretas contra su vida” así los llamaba Bolívar. Dos de ellos, al menos, se le atribuyen a Santander. Uno, tras la Convención de Ocaña, junio 1828, frustrado tras ser puesto en tanto de lo planeado por un grupo de santanderistas y alumnos de la ciudad de Bucaramanga, donde permaneció Simón, el grande de América. O’Leary y Briceño Méndez, le comunican de la intentona, se toman las medidas oportunas que la aborta. Miguel Peña, en abril de 1828, le presentó a Bolívar unos perfiles sobre Santander: “¿Sabe usted cuál es mi concepto, la verdadera cuestión que se discute en el día? Los efectos del odio y rivalidad que Santander profesa a Usted, es a Usted a quien él dirige ahora sus tiros para sacarle de la escena, y a mi parecer Usted rechaza sus golpes con un desdén generoso que conviene poco a con un enemigo ambicioso, cruel y cuyo carácter lo forman la codicia y la venganza…Santander es enemigo muy temible; todas las arterias de Maquiavelo están en su cabeza y todos los crímenes de la edad media están en su corazón”. El mismo odio que sintió contra el valeroso Coronel Leonardo Infante, afrodescendiente  y una de las mejores lanzas llaneras, quien conoció de sus debilidades como militar en plena batalla de Boyacá, pues, en pleno ardor de la batalla, Santander bajó de su caballo y se escondió en un puente, hasta el sitio fue Infante y tomándolo de la solapa, le gritó a viva voz: “¡Ven y gánate como nosotros, las charreteras”!

  Ese odio de Santander hacia el Padre Libertador, se acrecentó aún más, cuando Bolívar en un gesto de magnanimidad, le perdona la vida tras el llamado “atentado septembrino” de 1828 en que se complotaron contra la vida del Padre Libertador, 38 partícipes directos y 59 implicados, siendo de ellos 14 condenados a muerte; complot, liderado por Santander a quien Bolívar le perdona la vida y lo expulsa de Colombia. Desde Europa y EEUU, Santander, se dedicaría a desprestigiar la obra y pensamiento del Padre Libertador. No por casualidad, historiadores como el colombiano William Hernández Ospino, han lanzado la hipótesis que tras la muerte del Padre Libertador, Simón Bolívar, estarían Santander y el gobierno de EEUU: “Después de exhaustivas investigaciones y confrontaciones con otras hipótesis llegué a la conclusión de que el Libertador Simón Bolívar fue envenenado en Santa Marta con altas dosis de polvo de cantárida y arsénico” (…) “Santander en Washington planea con el alto gobierno de los Estados Unidos un complot para desaparecer finalmente a Simón Bolívar del escenario político” (Correo del Orinoco, 17-12-2014). En la misma línea, Jorge Mier Hoffman, en su último libro: “La Carta”, cuestiona la historia hasta ahora presentada: ¡..Bolívar fue asesinado..! No se trata de una especulación. Hubo una Conspiración tramada por las personas más allegadas al Libertador, que se decían leales a su autoridad y que lo acompañaron hasta Santa Marta. Todo fue parte de un complot”. De allá venimos, ese odio de Santander hacia el Padre Libertador Bolívar, se transmitiría de generación a generación, y es el mismo odio que siente la oligarquía colombiana hacia el pueblo venezolano; consciente como está, que en sus genes y sangre, corre esa hidalguía revolucionaria que caracterizó la vida de Bolívar, “el hombre de las dificultades”, esa bravura de los centauros de nuestros llanos que caracterizó a Infante, y mucho temen a eso.

  De nuestros gobernantes bolivarianos, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la oligarquía colombiana a través de sus gobiernos de Pastrana, Uribe y ahora Santos, solo han recibido la generosidad característica de la diplomacia de la paz que nos legara el Padre Libertador, Simón Bolívar, esa misma que le permitió perdonar la vida al traidor Santander, después que atentara contra su vida. Es la misma actitud, que llevó al Comandante Presidente Hugo Chávez, después de las múltiples amenazas de los gobiernos de Uribe para congraciarse con el imperialismo de EEUU, y colocar nuestra Patria como refugio de delincuentes y bandas terroristas, para que el mundo todo, nos viera como un Estado forajido y provocar la intervención armada imperialista. De innumerables “falsos positivos”, fue objeto nuestro país por parte del gobiernillo de Uribe; hasta que en 2010, en las postrimerías de su salida del gobierno, nuestro Comandante Infinito, decidiera: “Me veo obligado a romper relaciones con el gobierno de Colombia por dignidad. Es lo menos que nosotros podemos hacer y estaremos alerta porque Uribe es un enfermo, está lleno de odio”. Respondía así, nuestro Comandante Infinito, a la intervención del entonces embajador ante la OEA, Luis Alfonso Hoyos, quien aseguró en dicha sesión que “el gobierno de Chávez, oculta a guerrillas de la FARC en territorio venezolano”, pidiendo, en consecuencia, la creación de una comisión internacional que verificara la presencia de campamentos en territorio venezolano. Respondía, nuestro digno representante ante la OEA, Roy Chaderton, en términos bien agudos “no hay que prestar atención a los “montajes” de Colombia”, asegurando que, en Venezuela viven millones de colombianos y colombianas, a quienes se les trata con respeto e igualdad. Mientras, nuestro Comandante Infinito, en gesto magnánimo que le caracterizó su vida, ante la agresión del tóxico de Uribe, manifestó: “A una guerra con Colombia habría que ir, llorando, pero habría que ir”. Era el Padre Bolívar, el que hablaba a través de Hugo Chávez, en esos tormentosos días de julio 2010, en que la oligarquía colombiana estimaba que había llegado la hora, ahora sí, de que la garra imperialista gringa se posicionara sobre la Patria Bolivariana y la sometiera, tal cual, lo había hecho ya, con la hermana República de Colombia.

  Desde EEUU, los voceros imperialistas, daban como un hecho los “falsos positivos” montados por el gobiernillo de Uribe, Santos era su ministro de defensa. De inmediato, se pronunció el portavoz del Departamento de Estado, Phillip Crowley, quien advirtió, que las acusaciones de Colombia deben tomarse con seriedad, afirmando que: “Venezuela tiene una obligación con Colombia y con la comunidad internacional de investigar la información y prevenir que grupos terroristas utilicen territorio soberano”. El entonces, recién electo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se limitó a decir: “hemos decidido que nuestra mejor contribución es no pronunciarnos, porque el presidente Álvaro Uribe es todavía presidente en funciones…”, hablaba entonces el Santander de Boyacá, debajo de su puente. En el plano interno, se pronunció la Mesa de la Unidad Democrática, la nefasta MUD, reclamándole al Presidente Chávez, dar una respuesta apropiada en vez de “evasivas y argumentos inconsistentes” a las denuncias de Colombia ante la OEA; a su vez, que acusaban al Gobierno Revolucionario del Comandante Chávez, de “irresponsable”, por su decisión de romper relaciones con Colombia, señalándole, que ha sido “la conducta errática, inconsulta e irresponsable de la política exterior del Gobierno”, la que ha colocado a “Venezuela en un nuevo conflicto”. Poco o nada, apuesta esa oposición por lo que expresa su patria, y mucho apuestan a favor de lo que dicen ser sus hermanos, la oligarquía colombiana. Pobre oposición venezolana la que padecemos los venezolanos y venezolanas, su desapego por lo nuestro, los lleva  a conjurarse con los enemigos de la patria contra su propia Patria, negándose a sí mismos. Solía decir el Padre Libertador Bolívar: “Mi único amor siempre ha sido el de mi patria, mi única ambición su Libertad”.

  No bastaron, para la oligarquía colombiana, el intento de satanizarnos ante el mundo sino que, desde su seno se avivaron voces para llevar a nuestro país ante la Corte Penal Internacional: “Si ya logramos establecer eso, y tenemos información de que las personas atacantes se refugian en Venezuela y las autoridades no hacen nada, y por el contrario los apoyan, pues, entonces pudiéramos ya consolidar lo que va ser la denuncia ante la Corte Penal Internacional”; así reducía, su intención el entonces fiscal (e) de Colombia, Mendoza Diago. Juan Manuel Santos, asumió la presidencia de la República de Colombia y aquellas denuncias, pasaron al baúl del olvido. El Presidente Chávez, reanudó relaciones y el peligro se disipó por algunos años, aunque las agresiones no dejaron de cesar contra la Patria de Bolívar, pues, después de la muerte de Hugo Chávez, adquirían connotaciones totalmente distintas a las antes conocidas.

  Si durante los dos cuatrienios de Uribe al frente del gobierno colombiano, privaron las soluciones de tipo militarista  frente a la Revolución Bolivariana, su contingencia; con la llegada de Santos, ya  al frente del gobierno de la Casa de Nariño, las “soluciones” o en palabras de Bolívar: “las tramas secretas contra la vida de la Revolución Bolivariana”, pasarían a ser otras. Nadie como Chávez, pudo demostrarle a la oligarquía colombiana y al imperialismo, que esa solución era inviable. Al responderle, al entonces ex presidente Álvaro Uribe, quien en conferencia en una universidad colombiana,  había expresado que le había faltado tiempo para una intervención armada en Venezuela.  Chávez,  con su ingenio y verbo característico, le respondió en una frase que ha quedado para la historia, y  que desnuda, tal cual lo hiciera el Coronel Leonardo Infante en Boyacá, la cobardía muy propia de esa oligarquía, respondiéndole: que tiempo no le faltó, “le faltaron fue cojones” para intentar agredir a la Patria de los Libertadores de nuestra América, la República Bolivariana de Venezuela!

  Andres Pastrana y Álvaro Uribe Vélez sentaron las bases de un nuevo tipo de agresión, inédita en su forma y estilo. Así, la Resolución 08 tomada por el gobiernillo de Pastrana en el año 2000, mejorada en el 2004 por el gobiernillo de Uribe, creó el mecanismo perfecto para incidir sobre la economía venezolana de manera fulminante. Dicha Resolución, como explica Juan Carlos Tanus, dio facultades a los llamados “cambistas” de las zonas fronterizas para fijar el valor de la moneda en dichas zonas. Se trata, a fin de cuentas, de grupos económicos vinculados al paramilitarismo, quienes a las 4 de la tarde de cada día fijaban el valor de nuestra moneda y del dólar al día siguiente de apertura de sus casas de cambio. Es, en esas mafias, que en 2012, se constituye Dólar Today para servir de marco referencial del costo del llamado dólar paralelo, el cual se constituye, en referente para la burguesía comercial venezolana en su ataque al Gobierno Revolucionario y, al pueblo venezolano. Mediante ese mecanismo de sustracción de la riqueza nacional que, a inicios de la gestión del Presidente Maduro se llevaba a cabo mediante el mecanismo de las llamadas “remesas”, una vez que se elimina o restringe el mismo, adquiere nueva forma en el contrabando y el bachaqueo intensivo de la gasolina, nuestros alimentos y demás productos, hasta producir desabastecimiento en nuestro país. Las consecuencias de tales acciones criminales de Lesa Patria, en contra del pueblo venezolano, contra su bienestar y soberanía alimentaria. Que buscaban, a fin de cuentas, no otra cosa sino su ansiado descontento en contra del Gobierno Revolucionario.

    Todas acciones, de naturaleza delictiva como el contrabando, el bachaqueo y el ataque a nuestra moneda, solo pudieron llevarse a cabo, habida cuenta la pasividad, por no decir la omisión o complicidad del gobiernillo del presidente Santos, quien, como explicara Tanus, se ha beneficiado de tales actividades de la delincuencia paramilitar colombiana quien es, a fin de cuentas, la que controla tales actividades. Explica Tanus: “El gobierno no hace nada porque debe parecer ilógico, el ministro de interior y justicia está ligado al desarrollo político del norte de Santander. Su hermano Andrés Cristo, es Senador de la República. Parte de su electorado, parte de las finanzas que se recaudan para su actividad política proviene de la economía informal, y dígame, de donde se surte, se nutre de la economía Cucuteña” (http://www.aporrea.org/actualidad/n276314.html). Añadiendo Tanus: “Las grandes mafias financian candidaturas. Ñuna Romero es el candidato del Partido Liberal a la alcaldía de Cúcuta, fue asesor económico y de negocios del embajador colombiano en Venezuela, y hoy aspira a ser el alcalde de Cúcuta, pero además, es el presidente de la Asociación de Cambistas, es el que preside la estructura que empobrece a Venezuela”. Ya lo señalaba el mismo Pastrana, en referencia a Uribe, ante la pregunta de su entrevistador para la revista Semana: ¿Qué le preocupa de Uribe como gobernante?, respondía: “La falta de transparencia y la resistencia a la consulta y al consenso en sus pactos con el paramilitarismo y el narcotráfico…” (Revista Semana Staff, Colombia: “El gobierno está legalizando a los narcos”, 01-10-2007).

  Cuando el Presidente Maduro, decidió cerrar la frontera en algunos municipios fronterizos del Estado Táchira con Colombia, jamás imaginaría que estaría haciendo como Prometeo, abriendo la caja de Pandora, revelando al mundo los secretos de la verdadera realidad que, tanto ocultan a sus connacionales, los medios de comunicación colombianos. Atrás quedo, para la historia, aquel mar de felicidad que según su Presidente Santos: “Colombia no exporta pobreza sino que, por el contrario, tiene un modelo económico que genera prosperidad”. Los hechos, comenzaron hablar por sí solos y, a desmentir el discurso de la presidencia colombiana, pues, si ello era cierto ¿por qué huían por miles hacia Venezuela diariamente?, ¿por qué se iban a Venezuela a buscar sus alimentos, demandar su salud, su educación, construir sus viviendas, su combustible, en fin, intentar mejorar su calidad de vida? Decía Siddarta Gautama Buda que: “Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo”. El Presidente Maduro, les había devuelto el espejo hacia sus miradas para que se vieran tal cual son, en realidad, para que vieran sus miserias humanas.

  Pronto, más temprano que tarde, la oligarquía colombiana en compañía de sus actores políticos en territorio venezolano y transnacional (la MUD, la Conferencia Episcopal y el gobierno imperialista de los EEUU), ahora intentan ocultar la realidad, mediante el mecanismo de los Derechos Humanos, la presunta violación de los mismos a los colombianos y colombianas que, estando en territorio de Bolívar y Chávez, han sido deportados por miles, habida cuenta su situación irregular e ilegal en nuestro territorio. La mentira, sigue teniendo sus patas cortas y frente a la conjura nacional e internacional, están de testigos cerca de seis millones de colombianos y colombianas, que pueden dar fe, del trato generoso, trato de hermanos que les ha dado el pueblo venezolano, cuando huyendo de la guerra y de las atrocidades del uribismo-paramilitarismo, se refugiaron en estas tierras cálidas y receptivas, llenas de solidaridad por el prójimo. Por eso, en la misma línea de nuestro Comandante Chávez, el Presidente Maduro ha sido enfático: “No voy a aceptar más abuso de la oligarquía de Colombia, no voy a aceptar más violencia paramilitar, ni aceptaré más bachaquerismo”, trazando en esas cortas líneas, una definición bien concreta de lo que debe ser, y  será la nueva frontera con Colombia.

  Se trata ahora, de que Santos honre su palabra y atienda ese pueblo que clama por salud y  educación gratuitas, por alimentos y viviendas, por combustible para sus vehículos, en fin, que claman por la vigencia de sus Derechos Humanos, que éstos no sean una simple enunciación escrita en un papel, sino de su vigencia plena y el disfrute de los mismos por el pueblo colombiano. Ya basta de la utilización, por parte de esa horripilante oligarquía, de nuestra Venezuela, como el espejo falso donde reflejar sus propias falencias, traumas y defectos, que se niegan obstinadamente a reconocer y atender. No será en el apoyo de la MUD, la Conferencia Episcopal, algunos medios nacionales, y el gobierno de los EEUU, que legitimarán su barrabasada en contra del pueblo colombiano, ¡No!...Pues, la realidad de esa hermana República es inocultable: calidad de vida para las mayorías es precaria, índices de pobreza que aumentan en forma alarmante, sociedad en permanente estado de violencia y alta criminalidad, siendo el narcotráfico el factor dinamizador de su economía, habiendo exportado tanta droga esa oligarquía, como pobreza han creado en su país, en eso se resume, el logro histórico de esa horrible oligarquía, como pocas en esta parte de nuestro continente suramericano…



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Henry Escalante


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