A propósito de ser ciego

Fedecámaras y Consecomercio deben fijar salario mínimo en 50 dólares ¡O debemos ir a un gran paro nacional de trabajadores!

El madurismo ha dejado de gobernar porque perdió la gobernabilidad, y sólo usurpa Miraflores tratando de mantenerse de facto en el poder con sus colectivos armados y un minúsculo grupo de generaluchos quienes controlan los negocios que explotan a los venezolanos.

Ante ello, resulta evidente que Venezuela desde que Nicolás Maduro llegó al poder, ha sido de tal manera la destrucción económica y social, que los ingresos que percibíamos por renta petrolera en 365 días, el madurismo ha llevado al país a la indigencia de recibir sólo en un año 12 días de ingresos de lo que en recibíamos entre el período 1998 - 2012. Algo realmente deplorable, cuya barbarie la estamos viviendo los venezolanos no solamente con el empobrecimiento de los trabajadores y la población, sino que lo poco que trata de mantenerse en pie en lo queda de "Estado", se hace con dinero inorgánico para pagar unas nóminas y unas pensiones que sólo han terminado por destruir la economía. Hasta la nómina de la propia industria petrolera se paga con dinero inorgánico, y eso explica el origen de esta perversa hiperinflación.

Verbigracia, la destruida industria nacional de crudo, apenas sobrevive con menos de un millón de barriles por día de producción que realizan los chinos y rusos, y de los cuales unos 500 mil barriles deben entregarse gratuitamente a tales países porque desde que Chávez se endeudó con esas naciones, el madurismo en vez de haber enfrentado con responsabilidad esas deudas, lo que hizo fue acabar con la producción de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). De hecho, en la praxis lo que percibe el país por ingresos petroleros apenas si llega a los 100 mil barriles diarios, lo cual indica que lo que antes recibíamos en ingresos por divisas en un día entre 1998 y hasta que Chávez se mantuvo en el poder, hoy con una población duplicada – porque un tercio ha abandonado el país – 20 años después, apenas lo recibimos en un mes.

Y ante esa calamidad, el país al carecer de divisas no ha podido ni siquiera mantener servicios públicos esenciales como el agua y la luz, razón por la cual, han explotado sendas crisis que está pagando toda la población con una humillación humana que ni los países en guerra habrían enfrentado. Verbigracia, resultan dantescas las imágenes de un país que clama ante el cómo llenar un tobo de agua. Ciudades enteras sin luz. Sin obviar que la educación y la salud son una simple entelequia, que solamente se mantiene operando destruidos institutos educativos y asistenciales por la vocación de su personal y trabajadores, porque tanto esa educación como esa salud están paralizadas de facto.

Así vemos lo que ocurre con la explotación del oro. Poco importa la destrucción de nuestra biodiversidad y contaminar el Orinoco con mercurio. Más aún, ese precio es insignificante, si hay que matar nuestros indígenas o la población que en esos espacios reclama por sus derechos y la conservación de los hábitats. O sea, el madurismo violando la Constitución y las leyes entrega parte de nuestras riquezas minerales a un grupo de delincuentes con tal de que le aseguren ingresos a su cúpula, y sus mafias de militares, y cuyos negocios se realizan descaradamente con Turquía o criminales de países africanos, sin que el Estado y menos los venezolanos reciban algún tipo de beneficio de semejante explotación.

Y ante este desmadre político, económico y social, el país no existe en esencia. No puede hablarse de que existe un país, en el cual sólo prevalecen la tristeza, las lágrimas y la depauperación de su población, ante un discurso pueril de una cúpula madurista que acabó con la nación.

En esta tragedia vemos el cómo la economía se mueve por la inercia de quienes controlan el capital en las pocas empresas y comercios que aún se mantienen activas. Hay empresas privadas como la Duncan que mantienen el monopolio de la venta de baterías, cuyo precio se vende en dólares – tasa de cambio del día – con la complicidad de militares y las mafias del poder en desmedro de un pueblo y trabajadores que apenas sobreviven con 5 dólares de "salario" al mes. Pero de eso nada dicen los maduristas, porque ellos saben que con esa explotación descarada es parte del negocio para seguir manteniendo la neodictadura.

En consecuencia, el último eslabón de sobrevivencia de todo este desastre ha sido la dolarización de facto de la economía. No obstante, hay que decir con responsabilidad que conforme el madurismo destruyó por completo la estructura económica de Venezuela en beneficio sólo de sus mafias, existe un grupo de empresarios y comerciantes que han encontrado en esa dolarización su manera de sobrevivir, pero salvo una que otra excepción, éstos al igual que la cúpula usurpadora de Miraflores, explotan descaradamente a los trabajadores con una neoesclavitud que apenas cancela unos 0,15 centavos de dólar al día, lo que representa una completa perversión humana, que de manera insólita cuando Nicolás Maduro decreta unilateralmente cada "aumento de salario" habla hipócritamente de la "protección" de ese salario ¡Cínico!

Por ejemplo, cómo explicar que un mediano supermercado que tenga unos 20 trabajadores, puede justificar tener de "costos laborales", 100 dólares al mes cuando "ajusta" todos los días los precios, así el dólar se mantenga estable durante varios días. Es decir, tendríamos que preguntarnos ¿En qué país del mundo una empresa tiene 3,33 dólares de costos laborales diarios por 20 trabajadores, máxime cuando esa cantidad de dinero incluso la obtiene de ganancia por la venta de un solo producto? Eso es una aberración que en nada difiere a lo que hace el madurismo.

¿Y dónde están los sindicatos? ¡Claro! Ni los mal llamados sindicatos "bolivarianos" llaman a paro en contra de estas empresas privadas, incluyendo las del grupo Polar, porque de hecho sería un paro contra el propio madurismo, lo cual revela que la crisis les estallaría en su propia cara y de eso nada dicen, nada mencionan, lo cual comprueba el nivel de hipocresía de esta sociedad, y del cómo tanto el madurismo, como la clase política, pseudosindicalistas, y por supuesto, empresarios y comerciantes son responsables en el hambre que azota a la población.

Si Fedecámaras y Consecomercio como los mayores agrupadores de la empresa privada en Venezuela no fijan el salario mínimo en 50 dólares, resulta evidente que en nada quieren ayudar a la clase trabajadora a mantenerse sobreviviendo en esta debacle económica, razón por la cual, urge que se levanten las voces de los trabajadores y vayamos a un gran paro nacional, al cual los maduristas son quienes más temen, porque de facto sería la estocada final contra este régimen neototalitario y explotador.

Nada tenemos que perder los trabajadores. Hay que salir a la calle a exigir que el salario sea llevado en 50 dólares como mínimo en una economía que de facto está dolarizada, y con la cual el régimen tiembla porque éste es el primero que viola los derechos laborales. No hay más alternativa. Urge ir a un gran paro nacional de trabajadores. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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