El soplido del ventarrón

La intervención de Colombia en Venezuela refleja una data en sus archivos de 30 años. Es un programa pausado donde priva el interés de controlar faja petrolífera del río Orinoco y las áreas cultivables que se encuentren más cercanas a la frontera. Hacia el centro se monitorearan grupos o núcleos de paramilitares con el único fin de destabilizar al gobierno central y limpiar las zonas residenciales de sus líderes natos.

Por esto, los gobernadores y alcaldes deben levantar informes para dar una respuesta inmediata a quienes se benefician del gobierno bolivariano, pero, incumplen con las normativas y leyes del Estado venezolano. Estos encuentros deben permitir integrar más la región y fomentar el trabajo mancomunado, con el fin de que las juntas comunales tengan un mejor control de sus parroquianos. Estamos en el momento acertado de los cambios en el país y sus transformaciones sociales, siendo necesaria nuestra abocación a interpretar la historia de nuestra región en una sola y avanzar hacia la consolidación de una nueva patria.

La derecha ha venido fomentando grupos paralelos de lucha ciudadana y seguridad, pero, transcurridos unos meses observamos como la plantilla de ciudadanos que integran el grupo primario son suplantados por extraños que no tienen ninguna vinculación con la zona o región donde cumplen sus funciones laborales. Estos, medran con el tiempo el pequeño capital productivo de los campesinos para lograr desplazarlos hacia los cascos urbanos. Sin duda, es un reflejo del paramilitarismo en el país con todas sus secuelas.

El DAS, viene trabajando directamente con el presidente Álvaro Uribe, quien recibe asesoramiento del servicio de inteligencia norteamericano. Los programas de ataque a nuestras fronteras se llaman Salomón y Falcón. Como también el Fénix. Todo bajo la sombra económica del movimiento financiero de gran escala la Globalización y el Tratado de Libre Comercio, su apéndice.

Para nosotros, es un gravísimo riesgo tener las bases militares al lado de nuestra frontera y los vecinos colombianos no saben el problema que les viene llegando porque costara mucho tiempo darse cuenta del error cometido. Ya las comunidades donde se asentaran los rangers serán un criadero de protistución, narcotráfico y no existirá paz social.

La intervención de estos grupos es total en el país, vienen incorporándose en el aparato educativo e industrial venezolano para informarles a sus superiores de cada gestión del gobierno bolivariano o simplemente, la acción de un colectivo en una parroquia determinada, ya llevan años en esa tarea y nadie los detiene por lo amorfo de nuestra legislación.


emvesua@gmail.com


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Emiro Vera Suárez


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