Condón, laicismo agresivo y capitalismo corrupto

Respeto tanto al Papa como a papá, aunque a los dos les niego la cualidad de infalibles. Al primero porque ha tratado a través de la historia de encarnar la doctrina de Jesucristo, que no cabe la menor duda que fue un revolucionario, y que, de tanto serlo, murió como murió. Pues en esto, es donde el Papa de verdad-verdaíta, ha sido burda de falible. Y a papá, bueno, porque intentó hacer de mí un vergatario -como el nuevo teléfono de Movilnet- y lo que logró fue un pajúo penoso. Y penoso, por haber padecido mucho de pena… Es la verdad.

Pero es que el Papa se ha puesto a despotricar por ahí del condón, cuando la humanidad entera tiene que presumir que esa precisamente no es materia de su especialidad, porque ellos mismos, ¡por dios!, se la negaron, al menos legalmente de acuerdo al derecho canónico, o a las reglas de mato de agua. No sé a cuál de las dos en concreto.

Si al pobre Giordano Bruno lo achicharraran en la pira de Campo dei Fiori por ser un pensador independiente, y a Galileo, que por haber dicho que ‘sin embargo se mueve’, lo condenaran a prisión perpetua de manera tan implacable, imagínense con tanto más fruición, esa gazmoñera jauría los hubiese llevado a la hoguera, si le hubiesen detectado un condón lubricado debajo del catre a cada uno de ellos. Afortunadamente que el condón no existía, ni para la época del místico, y ni del astrónomo.

Ahora, existe una teoría por allí que no es mía (¡y qué conste!), que dice que si el Papa aceptara al condón, se acabaría además del Sida con la pedofilia dentro del oscuro mundo íntimo de cierta clerigalla, dado que ellos prefieren, en todo caso pasar por pedófilos y pagar millones y millones de dólares en tiempos de crisis, por indemnizaciones grotescas, que pasar por ‘condonusuarios’… Y vaya que la razón para ello ataca la ética como una serpiente venenosa pudiera atacar la yugular de un menesteroso que yace.

Pero es el caso que la Iglesia pide hoy ayuda a la ONU para combatir una especie de laicismo vesánico que se ha apoderado especialmente de Occidente con algunos de sus organismos internacionales, que el cardenal Ángelo Bagnasco dice que no se va a calar, porque el Papa, lo que hace, no es otra cosa que ‘mostrar el candor de quien no tiene nada que esconder’… Bueno, eso es una opinión muy personal de él, quien está alejado, por cierto, aún mucho más, de la bendita infalibilidad.

Pero es que los ataques no se han basado sólo en la opinión del Papa sobre el indigno condón (que a propósito, permite pasivamente que lo boten luego de ser usado) sino por haberse opuesto el Papa a la muerte de Eluana Engaro, la mujer que rogaba desde su definitiva lejanía porque la dejaran morir luego de diecisiete años de vida vegetativa, sin pensar que, la única libertad que tenemos los humanos, es la de morir cuando nos venga en gana. ¿Y es que acaso el afanoso Bruno quería morir cuando la ‘sagrada inquisición’ lo hoguereara de manera tan bestial?

Por otra parte el Papa no ha hecho sino cuadrarse con las causas más condenables de la humanidad en desmedro evidente de la hermosa doctrina de Jesús. Hoy lo está con el capitalismo más desmadrado y más corrupto que haya podido existir, representado por George W. Bush, a quien fuera a visitar, poco antes de su afortunada salida, como queriéndole significar -si es que acaso no se lo dijera al oído, y muy quedo- su tremenda nostalgia por tal despedida. Y antes, habiéndole dado asilo aquí en Venezuela a un delincuente común, además depravado, luego de haberlo mantenido en su embajada durante dos años, que ruego porque no hayan sido de mucha descondonada saturnia, aún, para mayor desdoro.


canano141@yahoo.com.ar


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Raúl Betancourt López


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