Los desafíos de Barack Obama: Irak, Pakistán y Afganistán (I)

La buena voluntad de Barack Obama para "hablar" con el enemigo fue uno de los temas que definió su campaña por la presidencia. ¿Puede Obama estar a la altura de esa promesa? La diplomacia es la única alternativa sana al ciclo de violencia desde el Medio Oriente hasta Asia Central que amenaza con devorar al mundo. Un corolario es reconocer que la violencia solamente engendra violencia. También ayudaría si la administración de Obama y Occidente enfrentaran tópicos que impulsan la política en la región.

Irak. El Gobierno de Irak ha forjado un acuerdo sobre el status de las fuerzas de ocupación que Washington aceptó con renuencia. El acuerdo tiene como propósito terminar con la presencia militar de Estados Unidos en la nación árabe. El acuerdo es el último paso en el proceso de resistencia masiva no violenta que ha obligado a Washington, paso a paso, a aceptar las elecciones y el aumento de la independencia del país ocupado.

Un vocero iraquí dijo que el tentativo acuerdo "se ajusta a la visión del presidente electo de EEUU, Barack Obama". La "visión" de Obama no está claramente definida, pero él probablemente aceptará, de alguna manera, las demandas del Gobierno iraquí. Si es así, eso exigirá reformas en los planes de EEUU de asegurarse el control sobre las enormes reservas de petróleo de Irak mientras establece bases para reforzar su dominio en la región más importante de producción de energía del mundo.

Es bueno señalar que recientes encuestas a nivel mundial muestran una fuerte oposición a la existencia de bases navales de EEUU en el Golfo Pérsico. La oposición es muy fuerte dentro de la región.

La perspectiva de trasladar las fuerzas desde Irak hacia Afganistán hizo que The Washington Post señalara en un editorial: "En tanto EEUU tiene interés en evitar la resurgencia del Talibán afgano, la importancia estratégica del país palidece ante la de Irak, que reposa en el centro geopolítico de Medio Oriente y contiene algunas de las reservas de petróleo más grandes del mundo". Éste es un reconocimiento de la realidad. Los pretextos sobre la seguridad y la promoción de la democracia no pueden seguir ocultando los reales intereses e intenciones.

El comando de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) también está comenzando a reconocer los temas cruciales de la energía. En junio del 2007, su secretario general, Jaap de Hoop Scheffer, informó en una reunión de miembros que "las tropas de la Otan tienen que cuidar los oleoductos que transportan petróleo y gas hacia Occidente". También necesitan proteger las rutas marítimas usadas por los tanqueros, y otra "crucial" infraestructura del sistema energético, dijo el funcionario.

La tarea podría incluir el proyectado oleoducto Tapi, que será construido a un costo de 7.600 millones de dólares y enviaría gas natural desde Turkmenistán hasta Pakistán y la India, atravesando la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están emplazadas tropas canadienses.

El objetivo es "bloquear un oleoducto competitivo que traería gas a Pakistán y la India desde Irán" y "disminuir el dominio de Rusia sobre las exportaciones de energía de Asia Central", informó The Globe and Mail (Toronto), bosquejando de manera verosímil algunos de los contornos del nuevo "Gran Juego" (cuando Gran Bretaña y Rusia competían por la influencia en Asia Central durante el siglo XIX).

Pakistán. Obama ha respaldado la política de George W. Bush de atacar a presuntos líderes de al-Qaeda en países que Estados Unidos no ha (todavía) invadido. En particular, no ha criticado las incursiones de aviones Predator guiados por control remoto que han matado a muchos civiles en Pakistán.

En este momento una despiadada mini-guerra se está llevando a cabo en el área tribal de Bajaur, en Pakistán, cerca de la frontera con Afganistán. La BBC describe una destrucción extensa a raíz de los combates. "Muchos en Bajaur consideran que las raíces del levantamiento provienen de un presunto ataque norteamericano con misiles contra un seminario islámico, o madrassa, en noviembre del 2006, que mató a alrededor de 80 personas".

El ataque fue denunciado en la prensa de Pakistán por el respetado físico disidente paquistaní Pervez Hoodbhoy, pero ignorado en EEUU. Las cosas suelen parecer diferentes del otro lado del garrote. Hoodbhoy señaló que el resultado usual de ese tipo de ataques "ha sido casas arrasadas, niños muertos y mutilados, y una creciente población local que busca venganza contra Pakistán y contra EEUU".

Bajaur permite ilustrar el círculo vicioso de ataques y represalias que Obama no parece desear romper.

El 3 de noviembre, el general David Petraeus, recientemente designado jefe del comando central de las fuerzas armadas de EEUU, que cubre Medio Oriente, tuvo su primera reunión con el presidente paquistaní Asif Ali Zardari; con el jefe del ejército, general Ashfaq Parvez Kayani, y con otros funcionarios. La preocupación principal de los funcionarios paquistaníes fueron "los continuos ataques con aviones manejados por control remoto en nuestro territorio, que causan la pérdida de preciosas vidas y de propiedades, son contraproducentes y difíciles de explicar por parte de un gobierno elegido de manera democrática", le dijo Zardari a Petraeus.

El Gobierno de Islamabad, agregó Zardari, está "siendo presionado para reaccionar con más agresividad" frente a los ataques.

Esto podría conducir a que exista una "repercusión negativa contra EEUU", que es ya profundamente impopular en Pakistán.

Petraeusdijoquehabíaoídoelmensaje,yque "nosotros tendremos que tomar en cuenta (la opinión paquistaní)" cuando se lancen ataques.

Se trata de un requisito práctico, sin duda alguna, si se toma en cuenta que más de 80% de los suministros para la guerra que libran EEUU y la Otan en Afganistán pasa por Pakistán.

El modo en que la opinión paquistaní fue "tomada en cuenta" fue revelado dos semanas más tarde en The Washington Post. El diario informó que EEUU y Pakistán llegaron a un "tácito acuerdo en septiembre (de 2008) sobre una política de no-preguntar/no-decir. Eso permite atacar objetivos de presuntos terroristas" en Pakistán con el avión Predator, dijeron funcionarios de ambos países que pidieron no ser identificados. "Los funcionarios describieron el acuerdo como uno en el cual el Gobierno de EEUU se niega a reconocer públicamente los ataques, mientras que el Gobierno de Pakistán continúa quejándose ruidosamente sobre esos ataques" que conllevan riesgos de inestabilidad interna.

Un día antes de que fuera publicado el informe sobre el "acuerdo tácito", un atacante suicida en la conflictiva zona tribal cerca de la frontera con Afganistán mató a ocho soldados paquistaníes. Eso fue en represalia por el ataque de un Predator en que murieron 20 personas, entre ellas dos líderes del Talibán. El parlamento paquistaní exigió entablar un diálogo con el Talibán. Haciéndose eco de esa resolución, el ministro del Exterior de Pakistán, Shah Mehmood Qureshi dijo: "Hay una comprensión cada vez más grande de que el uso exclusivo de la fuerza no puede producir los resultados deseados".



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