Vargas Llosa y su triste papel de paladín de reyes y estúpidos

Quizás no tanto la toponimia como la genealogía colombiana, haga darse cuenta de inmediato de que, en el mundo político -u otro cualquiera que defina el predominio de la clase oligárquica de allá- se oigan y se lean siempre los mismos apellidos, funcionando a todo vapor, como si un orden de cosas superior los fuera organizando, lo que debe resultar revalidado al sólo raspar un pelito la costra que cubre las cosas. De allí que, ciertos apellidos que puedan corresponder a plumas inconformistas en apariencia, no resultan a la larga sino en subalternas de esa oligarquía abusiva y babosa que se vale de toda la carga (sobre todo mediática) para embrollar. Vese por tanto que, cuando opinan sobre un tema interno, se muestran como feroces antigobierneros para que pueda decirse, no sin algo de razón, que allí hay al menos como una democracia funcionando, lo que los haría lucir a la vez como progresistas de pensamiento (en migajas, y nunca de izquierda) pero que muy pronto se definirían sin sonrojo, como bufones, al sentirse obligados a denigrar de todo aquello que huela a progresismo atestiguado y certificado. De allí pues que, algunos especimenes de columnistas neogranadinos de semejante ralea, se hayan puesto de inmediato del lado del rey (los venezolanos que lo hayan hecho serían de una peor) porque aquellos todavía se creen virreyes… Y no es cuento. Incluso van a España -y viven largas temporadas con la livianeza que se adquiere allá con (o desde) la revista Hola- como para reabastecerse el espíritu de vasallos reales que sí resultan, y que les merma con el uso y el paso del tiempo tal como la carga lo hace dentro una pila; y contrario a muchos ejemplos de dignidad constante de otros paisanos suyos.

Pero en el caso de ciertos escritores encumbrados y esculturados -como pudiera ser Vargas Llosa en su expresión más arquetípica-, que no vinieron del vientre de la oligarquía, sino que se refugiaron en él deslumbrados cual ramerilla de módico importe por el dinero y la fama que les deparara la industria editorial española, han llegado a convertirse en una especie de detrito político –y peor aún, ideológico- haciendo un viraje de sabandija para aliarse a lo más apestoso que pudiera haber en el mundo de hoy, como son los casos de George W. Bush y de uno de sus aditamentos más útiles, José María Aznar, el escudero más conspicuo de la degradación materialista junto a Vicente Fox y otros temas de igual o menor gravedad. Y ellos, de manera descarada, siéntense muy bien patrocinados por supuesto por la gran prensa internacional que es su posesora a través de los grandes trusts de la información sesgada y reaccionaria…

Un ejemplo deslumbrante en Hispanoamérica, es el denominado grupo Prisa español, propietario del El País de España (quizás el diario más reaccionario en lengua española) y que aprovecha la mercancía de la información para ir penetrando el mundo oscuro de sus negocios reales y potenciales y que, no conllevan sino inversión extranjera especulativa y generadora de ingentes y netos recursos transferibles a sus casas matrices, sin producir ni siquiera un puesto de trabajo productivo o socialmente útil para Latinoamérica en particular. De allí que paguen muy bien a sus hinchas (como Vargas Llosa y otros) para tratar de elaborar con ellos bombas de vacío y lanzarlas sobre las aspiraciones de los que se afanan por un mundo distinto, mejor y necesario. Y lo peor es que lo hacen casi con total impunidad, dado que del lado de los escritores consagrados, de la ribera contraria, digámoslo así, hay un silencio que al menos luce como cómplice cuando no cobarde. En Venezuela se presenta como más grave aún. Es trabajoso leer alguna consideración pública a nivel de medios de comunicación impresos, de algún escritor “consagrado” nuestro, respondiéndole a sus infamias contra la Revolución y contra Chávez en particular. No quisiera pensar cosas, y mucho menos tener que decirlas… Me negaría a pensar con rotundidez, por ejemplo, que la “generosidad” de la cuarta república les hubiera esterilizado el ánimo inyectándoles dos CC de fama fugaz, por lo que hoy se vieran obligados a tener que vivir de su trasnochada y mínima consagración. Pero la verdad es no sospecho a qué débase semejante resignación.

Pero bueno, no le niego a Vargas Llosa ni a nadie que milite activamente en lo que quiera dentro del abanico político disponible, lo que si no le permito es que mienta sin vergüenza, y sobre todo, prevalido de su renombre literario (porque como político fue, es y será todo un revés) para tratar de minimizar la importancia que tenga por ejemplo Chávez para una multitud que le cree con sobradas razones además, como expresión contraria a lo que él (Vargas Llosa) representa; y para colmo, catapultado por un grupo editorial y económico español que pudiera resultar, en cualquier paso de luna monárquica, en entredicho como otros antes lo resultaran con penosa indignidad y desmedro.

Pienso que habría que investigar y analizar por qué Vargas Llosa, y otros, de buenos escritores, se metieron a traficantes de negación y desesperanza para los pueblos indoamericanos.


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Raúl Betancourt López


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