La expansión territorial, continuidad histórica de la violencia extranjera

Las pretensiones hegemónicas y neocolonialistas actuales

Nuestra política es la paz y la defensa de la soberanía nacional.

Exigimos la libertad del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores.

UNA NECESARIA SÍNTESIS

 

John Foster Dulles (ex-secretario de USA) afirmó: "Hay dos maneras de conquistar un país extranjero. Una de ellas consiste en imponerse a su pueblo por la fuerza de las armas; la otra, quedarse con el control de su economía a través de las finanzas".

La expansión territorial continuidad histórica de la violencia extranjera

EEUU en su inicio eran trece colonias anglosajonas, ello a comienzo del siglo XVII, dependiente de Gran Bretaña hasta el día que declara su independencia el 4 de julio de 1776.

Abarcaba, en ese entonces, una superficie de 160.000 kilómetros cuadrados, la misma extensión que el territorio de nuestro Esequibo.

Irrisoria extensión territorial para cuando se declara independiente, sorprendentemente en menos de cien años (1867) su expansión territorial es de 9.342.850 kilómetros cuadrados. Su crecimiento fue de más de nueve millones de kilómetros cuadrados (nueve veces y más la extensión territorial de la República Bolivariana de Venezuela).

La expansión territorial consecuencia de "las guerras, del dolor y del ron", también de la diplomacia del dólar en contra de la población originaria y de otros pueblos existentes incluyendo a su inmediato vecino territorial (México), que fue despojado en un 55 por ciento de su territorio.

Expulsaron a los "indios" al sur y al oeste con la fuerza y la superioridad de las armas, de las enfermedades como la peste de la viruela, propagadas mediante el regalo de mantas infectadas. Así murieron millones de seres humanos, niños, mujeres y hombres. Para los invasores colonialistas el "indio bueno era el indio muerto".

Su expansión territorial también vino de las manos de gobernantes monárquicos y autoritarios que vendían la soberanía del país, y se subordinan al papel moneda ofrecido como recompensa, así fue Napoleón Bonaparte quien le vende Las Luisianas a Thomas Jefferson, un territorio que pertenecía a España. Así alcanzó las costas de México. El gran bocado para el tiburón. Su presencia son los límites de ambos océanos.

Esgrime, ayer como hoy, "la seguridad continental" y sus ojos de buitres en búsqueda de la expansión territorial los dirigió sobre las Luisiana, Florida, Texas, California, Nuevo México, Nevada, Utah, Arizona, Oregón, Alaska, Hawái, Gadsden y otros, logrando apropiarse de esos espacios.

Se valió del pillaje, la violencia, la guerra, las invasiones y el soborno. Migajas de dólares o pesos invertidos, "esfuerzo" y planificación guerrerista a cambio de millones de kilómetros cuadrados. La conquista territorial fue fuente de fuerza y poder.

Indetenible el capitalismo norteamericano apuntalado por las guerras y las conquistas, garantizada su capacidad de exportación, asegurada la materia prima propia y la de los países dominados y así como mercado de consumo para sus artículos industriales.

Todos un conjunto de hechos políticos y económicos, en sus manos las minas de California, las praderas de Texas, los bosques, los puertos y las costas, los minerales preciosos, el hierro y la energía barata, controlan el petróleo y demás recursos naturales en su propio país y en los países que giran bajo su esfera y dominación desde casi su fecha fundacional, imponiendo su unilateral hegemonía a partir de los años finales del siglo XIX, caso relevante fue la entrega y dependencia de nuestra patria, a la directrices de EEUU, en el gobierno de Juan Vicente Gómez y demás gobernantes, excluyendo la política soberana e independiente de los presidente Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros.

"La seguridad continental", el destino manifiesto ("los elegidos de Dios", "la raza pura" y su proclama de América para los norteamericanos) ha sido el manto que cubre la verdad de la guerra y su propósito colonizador.

Las pretensiones hegemónicas

neocolonialistas actuales

El imperio español, durante la conquista y colonia, allanaba las aldeas y comunidades indígenas bajo el grito de los rescates, la "pacificación" y la guerra santa.

El imperialismo yanqui invade a Venezuela enarbolando las banderas de la "seguridad continental", de la instauración de la "democracia" y en contra del "régimen dictatorial", para ello proclama la doctrina Monroe, la política del gran garrote y la diplomacia del dólar, atribuyéndose el "derecho" de declarar la guerra y decidir sobre la vida y la muerte de los venezolanos.

Ayer bajo el reinado del colonialismo ibérico hasta pasada la independencia, los trabajadores (campesinos en situación de servidumbre) estaban obligados a comprar los productos que necesitaran en la bodega del propietario de la hacienda y se le pagaba su salario con fichas que únicamente tenían valor cambiario dentro de los límites territoriales del terrateniente o dueño de las tierras.

Hoy el imperio norteamericano (el moderno "hacendado") pretende imponerse como único proveedor de toda mercancía que Venezuela requiere comprar, exclusivo y excluyente vendedor, ordenando y prohibiendo cualquier negociación con países distinto del globo terráqueo. ¡Una barbaridad propia de la economía monopolista colonial antes de 1811! ¿Es una nueva forma de servidumbre e instauración de una variante del esclavismo sobre toda una república?

El resultado, en el PASADO, el control sobre la explotación perlera, la apropiación del oro y otros minerales, la esclavitud indígena, el despojo de las tierras y la imposición de la supremacía del rey.

El resultado, en el PRESENTE, aspirar apropiarse del petróleo, del agua, gas, otros recursos naturales y tierras raras, controlar la economía, imponer la superioridad bélica, imponer las instituciones políticas y sus representantes, explotar y dominar al pueblo venezolano e instaurar la servidumbre controlando el territorio nacional, mediante la violencia, la agresión y el crimen.

La soberanía venezolana es lo primero y no se acepta ninguna intervención extranjera, tampoco tutelajes ni protectores. Es inaceptable que EEUU se crea el dueño del mundo y el modelo de sociedad.

Nuestra política es la paz y la defensa de la soberanía nacional.

Los venezolanos y venezolanas deseamos vivir en libertad, en paz y bajo el influjo del pensamiento de Simón Bolívar. Proclamamos el derecho de la autodeterminación y de decidir el rumbo de la república sin intervención extranjera

Como venezolanos descendientes de los próceres de la independencia suramericana y practicantes de la paz, exigimos la libertad para el presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, el cese del bloqueo de las costas venezolanas y del espacio aéreo, proclamamos que es inaceptable las pretensiones hegemónicas norteamericana sobre la economía petrolera nacional y demás sectores que dinamizan y son la base de nuestra economía.

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida.



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Eduardo Orta Hernández


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