Al interpretar el desarrollo del imperialismo, partiendo de la visión de Lenin del imperialismo para llegar hasta nuestros días, nos permite comprender el dolor de Simón Bolívar cuando escribió, Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia de llenar a la América de Miseria en nombre de la Libertad. Es que eran dos libertades distintas. La libertad de los pueblos oprimidos contra la libertad de los propietarios
La clarividencia de Simón Bolívar expresada en su famosa sentencia de 1829 no fue solo una premonición política, sino el choque trágico entre dos ontologías de la libertad que hoy, gracias a la perspectiva de la historia y siguiendo a Voltaire de su análisis permanente, como proceso en cambio constante, que podemos exponer con mayor exactitud y presentar nuestra hipótesis interpretativa.
El dolor de Bolívar, ese sentimiento de traición histórica que lo acompañó hasta Santa Marta, radicaba en una incomprensión fundamental sobre la naturaleza del proyecto que nacía en el norte. Bolívar, quijotesco en su esencia, concebía la libertad como un acto de ruptura absoluta con el pasado colonial, una emancipación del espíritu y del territorio que debía conducir a la justicia y a la igualdad de las naciones. Sin embargo, lo que él enfrentaba no era un modelo de libertad universal, sino la expansión del constitucionalismo feudal inglés, que los Estados Unidos habían heredado y perfeccionado bajo un ropaje republicano.
Para Bolívar y para todos los pueblos que le siguieron, la libertad era un fin en sí mismo, un ideal que exigía grandes sacrificios, la eliminación de los privilegios para la creación de una ciudadanía real. Para el grupo de poder que se consolidaba en Washington, la libertad era y lo sigue siendo en esta etapa de feudo-capitalismo pues no pueden concebir una libertad más amplia, una categoría jurídica destinada a proteger la propiedad, la expansión territorial, su hegemonía.
Esta es la libertad como la entiende el inglés con su constitucionalismo feudal y que orienta al imperialismo actual y la política total de Estados Unidos. Es un sistema de derechos para los "propietarios" y de vasallaje para los no propietarios, los trabajadores. En su valoración de la libertad, nuestros libertadores creyeron que compartían un mismo diccionario con el norte, cuando en realidad estaban ante las antípodas de la estructura feudal anglosajona. Estados Unidos defendió a España contra la libertad del pueblo de Bolívar, pues era lo que más se parecía a lo que ellos buscaban.
Inclusive bajo esta argumentación toda la agenda humanitaria actual de Estados Unidos se cae.
Estados Unidos no traicionó la libertad, simplemente aplicó la libertad que conocían y por la cual lucharon, la libertad del señor feudal para administrar su feudo sin interferencias, o su plantación, o su encomienda. En nombre de esa "libertad", se justificó el despojo, pues dentro de la lógica del constitucionalismo feudal, quien no tiene la capacidad material de defender su propiedad es, por definición, un vasallo en potencia.
Bolívar, al intentar construir repúblicas soberanas sobre la base de una ética humanista y emancipadora, estaba chocando contra los molinos de viento de un sistema que ya había decidido que América Latina sería su esfera de influencia, que debía siempre verse sometidos.
Su dolor fue el de quien descubre que el vecino no está construyendo una casa para la fraternidad, sino un imperio de gestión territorial donde el territorio del otro es un estorbo para el libre flujo del capital, un botín a conseguir y la propiedad de la tierra.
Hoy, al observar las distintas etapas del desarrollo capitalista, entendemos que la miseria sembrada en nombre de la libertad no es una contradicción, sino el resultado lógico de un sistema que ha abandonado sus posiciones liberales y consecuencias. EEUU es un señor de la guerra feudal y no un socio democrático. El vasallaje que Bolívar denunció anticipadamente es hoy la norma del feudo-capitalismo digital y financiero. Por ello no establece ninguna relación Ganar-Ganar, tal como lo proponen en esta época sus escuelas gerenciales, porque para ello es necesario que seamos iguales, y somos desiguales, Señor Feudal vs Vasallo.
Aquella "Providencia" de la que hablaba el Libertador no es más que la inercia de una estructura de poder que, desde el siglo 10 inglés, ha buscado convertir el mundo en un conjunto de parcelas bajo su mando.
La lucha quijotesca de Venezuela y de otros pueblos por romper el vasallaje es, la continuación de ese duelo inconcluso entre la libertad como dignidad humana contra la libertad como derecho de propiedad feudal, capitalista e imperialista.
Reconocer este desfase teórico es el primer paso para dejar de ser víctimas de una semántica diseñada para dominarnos, permitiéndonos finalmente ver al enemigo tal cual es, despojado de sus ropajes democráticos.