Una peculiar amistad dentro del neoliberalismo carnal

Cuando aquel presidente argentino, muy engreído él y con pose tradicional siempre de actor hollywoodense de los años 30, declaraba a través de su canciller en los 90 que las relaciones de su país con Estados Unidos eran nada más y nada menos que “carnales” (para significar con ello que eran mucho más que amistosas) nunca pensó que esa tan neoliberal relación “carnal” podía jugarle, al cabo de veinte años (que en verdad, nada son) una mala pasada, y no sólo a su pueblo, que llegaría a sufrir toda clase de escarnio por su grandísima culpa, sino a su vida privada misma, que en realidad a nadie importa.

Dicho sujeto no sé si en segundas o terceras nupcias (tampoco es que haya llegado a casarse tantas como Daniel Santos) contraería un matrimonio que por parte de él se veía obligatorio, casi forzoso, pero que por parte de ella lucía inconcebible, hasta boboloco (o bobolongo, no recuerdo la exacta expresión). No es fácil discernir cómo una mujer con esos quilates de seducción podía casarse con un planchadito tan desestimable, no obstante fusilárase la mirada de Clark Gable y poseyera en su caso la indigna condición de ex presidente. Es la pura verdad, y no garantizo que no pudiera ser lo que siento una muy simple, corrosiva y hasta explicable envidia de viejo pudibundo.

Lo cierto es que el famoso itinerario matrimonial de ellos (se mantienen aún casados) ha discurrido no exento de barahúndas y voceríos, que a la prensa chepacandelosa de mucho refrigerio le habrá servido.

Lo último ha sido que la “señora bonita” sería sorprendida según por algunos intrusos adictos a la privacidad de otros, entre otras cosas con sus dos cuarentonas tetas al aire y muy de cerca acompañada de un empresario europeo de arriesgados 53 años, en una zona del mundo donde resulta muy fácil que arribe un huracán o se genere un tornado; y que, por fortuna, no llegara a generarse ninguno de ellos al menos conforme al testimonio no sé si parcial de las encubiertas tomas.

También lo cierto es que, al salir publicadas en una revista las fotos, la infortunada señora ha exhibido tanto sentimiento solidario, que ni siquiera ella se ha sentido agredida por el reportaje, si no que más bien ha sentídose muy preocupada porque haya sido su “adorable” marido en este caso la víctima. Ella, muy tranquila de conciencia, le ha pedido perdón por lo que pueda corregir de esas fotos tan reveladoras. Y sobre todo, porque se esté en el zaguán de una casa de campaña electoral, donde su marido aspira experimentar de nuevo el ardor presidencial, mostrando, como paradoja hoy tanta languidez, como en la otra relación con un país tan galán que algún día fue también “carnal”, cuando debió ser más bien amistosa.

Ella siempre ha dicho en descargo suyo (y no veo por qué no deba creérsele) que ese capitalista europeo es un compañero sólo de emprendimientos, y además, un amigo íntimo en lo más, que por cierto las benditas fotos ponen demasiado en evidencia...

Ahora, habiendo resultado tan fallidas aquellas “carnales” relaciones de su gobierno con Estados Unidos, nada de extraño tendría que, por mero rencor vengativo característico, quien haya tomado las fotos fuera la CIA, y ello para demostrar que, en la otra, en la propia y real carnalidad, falló también este futuro y ardoroso candidato presidencial.

Y así como los altos burócratas gringos se la pasan preocupados por todo, este simple hombre del pueblo se la pasa rogando, y en este caso, lo hace porque a nuestras bellas revolucionarias no se les vaya ocurrir jamás adoptar un concepto de amistad con varones, como esta de marras, que sea de naturaleza tan confusa y sobre todo tan (ham)burguesa…

crigarti@cantv.net


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Raúl Betancourt López


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