A propósito de la visita de los sicarios de Bush a nuestro Continente

Sobre la teoría de la dominación

LA HISTORIA.

Desde finales del siglo XIX, la política exterior norteamericana ha sido esencialmente la misma. La Doctrina Monroe de 1823 que surgió como respuesta a las pretensiones de la Santa Alianza europea de intervenir en los estados independientes de América del Sur para reinstaurar sus colonias al servicio de Fernando VII, inició el camino hacia la ruptura definitiva con la tradición aislacionista de la política exterior norteamericana que se produciría cuando el presidente Wilson involucró a su país en la primera Guerra Mundial. En su 'Farewell Address to the American People', documento publicado por el American Daily Advertiser de Filadelfia el 19 de Septiembre de 1796 y endorsado por John Adams, Thomas Jefferson, James Madison y otros miembros fundadores de la República, George Washington delineaba los principios del beneficio mutuo y comercio pacífico con el resto del mundo, 'sin forzar nada', y recomendaba evitar inmiscuirse en los asuntos políticos y conflictos de otras naciones, pero permanecer fuertes y preparados para la defensa de cualquier ataque

Durante la crisis Anglo-Americana de 1895-96, el presidente norteamericano Grover Cleveland invocó la Doctrina Monroe y exigió a Gran Bretaña que desistiera de sus pretensiones de adjudicarse una larga porción del territorio venezolano en la frontera con la Guyana Británica, y sometiera la disputa al arbitraje internacional. El fuerte lenguaje utilizado por Cleveland fue interpretado como un ultimátum que pudo muy bien haber desatado una guerra entre las dos poten! cias. De acuerdo al catedrático Christopher Layne, 'Estados Unidos estaba dispuesto a pelear contra Gran Bretaña si fuese necesario para establecer su supremacía sobre el hemisferio occidental.' (La Feber y May en Layne 1994) Sin embargo, algunos historiadores señalan que el conflicto nunca estalló porque 'Gran Bretaña estaba restringida de ir a la guerra al no tener una distribución favorable de sus capacidades militares' (Layne 1994), mientras que otros estiman que el hecho de compartir un idioma, historia y cultura fue un factor decisivo que evitó un conflicto de grandes proporciones.

No obstante, la “Doctrina Monroe” no fue siempre utilizada como una política defensiva frente a Europa, sino como lo manifiesta acertadamente el catedrático Manuel Salgado Tamayo (2002) en su trabajo “El Plan Colombia y el ALCA”, ...”una amenaza contra cualquier pretensión de cerrar el paso al expansionismo norteamericano”, convirtiéndose así en un instrumento imperialista que bajo la tesis de la “responsabilidad global” desplazaba la política aislacionista a fin de “evitar enredos políticos” con otras naciones. En este sentido, Salgado Tamayo destaca la guerra contra México en 1846 y 1948 en la que Estados Unidos se adjudico Texas, Arizona, Nuevo México, California, Nevada, Utah y parte de Wyoming; la Guerra Hispano Norteamericana de 1898 en la que logra apoderarse de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam; y el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 con el cual consigue la división del territorio colombiano para crear artificialmente a Panamá y hacerse del control de la construcción y posterior administración del canal, así como de todos los asuntos geoestratégicos de la región centroamericana y del Caribe

En 1904, el “Corolario Roosevelt” vino a legitimar el carácter intervencionista de la “Doctrina Monroe” al establecer que cualquier país podría ser invadido por Estados Unidos si no actuaba ...”con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones”. En este sentido, el presidente Teodoro Roosevelt, señalaba que ...”la injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir a fin de cuentas, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y, en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina de Monroe, puede obligar a los Estados Unidos, aunque en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de policía internacional”. A partir de este posicionamiento imperialista, se produjeron de acuerdo a las investigaciones del periodista e historiador argentino, Gregorio Selser (1922-1991), más de 10 mil ocupaciones, agresiones y desembarcos en América Latina.

En lo sucesivo, la política exterior norteamericana hacia América Latina cambiará de nombre de acuerdo a las circunstancias políticas del contexto internacional. La “Unión Panamericana” de 1910, la política del “Buen Vecino” bajo la cual se crearon la OEA y el TIAR, y la “Alianza para el Progreso” promovida el la administración del presidente John F. Kennedy en la cual se planteaba el desarrollo de la región latinoamericana en el marco de la guerra fría. Esta formula progresista, aunado al acercamiento con el jefe de la revolución cubana, Fidel Castro Ruz, el eventual retiro de las tropas norteamericanas de Vietnam y la promoción de los derechos civiles de las minorías negras que ponía fin a la política segregacionista, representaban, sin lugar a dudas, una amenaza para el sector reaccionario de la política norteamericano. Estas contradicciones fueron resueltas mediante un golpe de Estado magnicida que saco a Kennedy del poder y le dio un vuelco radical a la política exterior norteamericana. En este sentido, el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, se encargaron de profundizar la intervención norteamericana en América Latina con el financiamiento y apoyo irrestricto a los regímenes totalitarios de derecha, golpes de Estado, asesinatos de lideres políticos de izquierda y la aplicación del “Plan Cóndor”, que tal y como lo había advertido el Libertador Simón Bolívar...”los Estados Unidos están predestinados a plagar la América toda de hambre y miseria a nombre de la libertad”.

ESCENARIO PARA LA POST GUERRA.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética emergieron como las dos potencias mundiales, pero sus diferencias ideológicas las llevarían a una pugna de intereses que devino en lo que se conoció como la Guerra Fría. En ese sentido y para enfrentar el nuevo escenario internacional, elaboraron la “Doctrina Truman” que en 1948 consistió en facilitar apoyo financiero y logístico a todos aquellos países que se “resistieran” a incorporarse a la órbita e influencia comunista; estableciendo la denominada “política de contención” que tenía como base el desarrollo y crecimiento de su capacidad militar nuclear con el objeto de “neutralizar” la expansión soviética y limitar el área de influencia (suya y de estos), a los territorios que ya dominaba.

Con el fin de la Guerra Fría tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, surgió la noción del “fin de la historia” del teórico, Francis Fukuyama, quien supuso la desaparición de las resistencias populares y consolidación del capitalismo; por tanto, lo que él consideraba, la estabilización del sistema internacional. En este contexto de post-Guerra Fría, la política exterior de Reagan y Bush padre, fue basada en la promoción del neoliberalismo en América Latina como la plataforma fundamental para la creación del “Mercado Común de las Américas”, conocido hoy como ALCA, cuyo aspecto político y militar fue auspiciado por Bill Clinton a través de la guerra contra el narcotráfico y la aplicación del “Consenso de Washington” que contemplaba el amalgamiento de las economías regionales según los preceptos neoliberales. Esta fracasada política dejó el terreno abonado para que el nefasto gobierno de George W. Bush profundizara la implementación del Plan Colombia y diera pasos definitivos hacia la materialización del ALCA. Ambas iniciativas se acelerarían notablemente tras el ataque terrorista perpetrado contra Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, aunque el centro de gravidez de la política exterior norteamericana se encontrara en el Medio Oriente.

LA DOCTRINA BUSH.

En su primera alocución publica tras el ataque terrorista del 11 de septiembre, el presidente Bush anunció lo que él denominó “una monumental batalla entre el bien y el mal”, y quien no estuviera al lado de Estados Unidos, estaría a favor del terrorismo. De esta manera se comenzaba a hilvanar la no-tan-nueva “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos” (20 de septiembre de 2002), mejor conocida como “Doctrina Bush”, elaborada por una logia neoconservadora integrada por el vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y los ideólogos reaccionarios Karl Rove y Paul Wolfowitz, vicesecretario de Estado que en 1992, inmediatamente después que Bill Clinton venciera en las elecciones presidenciales al padre de Bush, escribió un documento en el que se establecían los parámetros estratégicos hacia la consecución de un nuevo orden mundial bajo el mando supremo de Estados Unidos. El documento titulado “Defence Planning Guidance” considera que Estados Unidos debía...“impedir la competencia de quienes aspiren a jugar un papel preponderante en el ámbito regional o global”, y contemplaba el uso de armas nucleares, biológicas y químicas de manera preventiva, “aun en conflictos en los que los intereses estadounidenses no estén directamente amenazados”. (Ed Vulliamy: 'Two men driving Bush into war.' The Observer, 23 de Febrero de 2003). De esta forma se planteaba por primera vez el “ataque preventivo” como el eje fundamental de una política de seguridad y defensa que diez años mas tarde seria la base de la nueva política exterior norteamericana, distanciándose radicalmente de la política de contención puesta en práctica desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En septiembre de 2000, un proyecto secreto titulado “Reconstruyendo las defensas de Estados Unidos: para el nuevo siglo” elaborado por Cheney, Wolfowitz, Rumsfeld, Jeb Bush, Lewis Libby y demás miembros del grupo reaccionario 'Project for the New American Century', proponía el mantenimiento y expansión de una “Pax global Americana” y “la preeminencia de las fuerzas militares estadounidenses”. Para ello, el documento establecía cuatro misiones fundamentales para las fuerzas militares estadounidenses: 1) defender el territorio americano; 2) pelear y ganar decididamente múltiples y simultáneos teatros de guerra; 3) ejercer las tareas de “gendarme” asociadas a la construcción de un clima de seguridad en regiones criticas; y 4) transformar las fuerzas estadounidenses para explotar la “revolución en asuntos militares” que asegurara una superioridad a largo plazo a través de la aplicación de tecnologías avanzadas y el mejoramiento de las capacidades militares. En este sentido, el documento urge mantener la superioridad estrategia nuclear, restituir la fuerza del personal militar, reposicionar las fuerzas militares estadounidenses para responder a las realidades estratégicas del siglo 21, modernizar las fuerzas militares de manera selectiva, desarrollar e instalar mísiles globales de defensa para defender a Estados Unidos y sus aliados, y controlar el nuevo espacio común internacional y el ciberespacio.

El documento también señala que si bien la estrategia estadounidense había sido contener la expansión soviética durante la Guerra Fría, los retos de hoy requieren asegurar y expandir 'las zonas de paz democrática', impedir el surgimiento de nuevos poderes rivales que compitan con la superioridad estadounidense, defender las regiones clave, preservar el predominio norteamericana a través de la transformación de la guerra realizada con nuevas tecnologías, y dar forma al orden de seguridad internacional de acuerdo con los principios e intereses estadounidenses... tan pronto como sea posible..' Asimismo, el documento se refiere a la necesidad de mantener el liderazgo de las misiones pacificadoras en Estados Unidos y no en las Naciones Unidas, auspiciar el proceso de democratización en China, preparar 'nuevos métodos de ataque electrónico, no letal, biológico capaces de atacar genotipos específicos', y calificar a Corea del Norte, Libia, Siria e Irán como regímenes peligrosos cuya existencia 'justifica la creación de un sistema de control y mando en todo el mundo.' (Neil Mackay: 'Bush planned Iraq 'regime change' before becoming President' Sunday Herald de Escocia, 18 de Septiembre de 2002) Según este documento, para llevar a cabo tan ambicioso proyecto, Estados Unidos requiere proveer suficiente fuerza y recursos presupuestarios al aparato militar.

En este sentido, se recomienda incrementar gradualmente el gasto de defensa para llevarlo a un mínimo de 3,5 o 3,8 puntos del Producto Interno Bruto, lo cual le agregaría de 15 a 20 millardos de dólares al gasto anual de defensa. No obstante, el documento señala que una transformación de las capacidades militares de esta magnitud sería un proceso largo, por lo que un incremento masivo del gasto militar requería de 'un evento catastrófico y catalizador, un nuevo Pearl Harbor; y como arte de magia, exactamente un año mas tarde, y pese a todas las advertencias realizadas por la CIA y diversos servicios de inteligencia, se producía el ataque terrorista del 11 de septiembre que le daría puerta franca a la promulgación e implementación de la 'Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos' elaborada por la logia neoconservadora que maneja la defensa, seguridad estratégica y política exterior de la administración Bush.

LA CONCRECIÓN DE LO TEÓRICO.

El 1 de Junio de 2002, durante el acto de conmemoración de los 200 años de la academia West Point, el presidente Bush señalaba la 'irrelevancia' de la política de contención y disuasión practicada por Estados Unidos durante la Guerra Fría en la tarea de 'desmantelar células terroristas' en mas de 60 países, y la necesidad de 'llevar la guerra hacia el enemigo, destruir sus planes y confrontar la peor de las amenazas antes de que ésta emerja.' Para Bush, 'en el mundo al que hemos entrado, el único camino hacia la seguridad es el camino de la acción; y nuestra nación actuara.'The Observer, 16 de Marzo de 2003). De esta manera, el presidente Bush expresaba las líneas generales de la 'Doctrina Bush', la cual establece 'la libertad, democracia y libre empresa' como el 'único modelo sostenible' a ser alcanzado a través de guerras ilimitadas, unilaterales y 'preventivas', ejecutadas contra ' terroristas y tiranos' así como contra 'redes oscuras de individuos' que planeen ataques 'inminentes' con 'tecnología moderna.' Esta nueva noción de 'seguridad' cambia 'drásticamente' la manera de 'defender' a Estados Unidos de sus 'enemigos.'

En este sentido, 'Estados Unidos hará responsables a aquellos países comprometidos con el terrorismo, incluso aquellos que dan refugio a terroristas - porque los aliados del terrorismo son enemigos de la civilización... Y, como una cuestión de sentido común y de autodefensa, Estados Unidos actuará contra esas amenazas en surgimiento antes de que éstas terminen de formarse... En el nuevo mundo en que hemos entrado, el único camino hacia la paz y la seguridad es el de la acción.' A diferencia de lo que aconsejaba sabiamente el prócer norteamericano George Washington, la política exterior trabajará 'activamente para llevar la esperanza de democracia, desarrollo, mercados libres y libre comercio a todos los rincones del mundo...' Aunque esta política fue concebida por la logia neoconservadora de la administración Bush en septiembre de 2000 sobre la base de ideas y proyectos que vienen hilvanándose desde 1992, esta pretensión imperialista llamada 'Doctrina Bush' es justificada bajo el pretexto del ataque terrorista del 11 de septiembre, que según el presidente estadounidense, demostró que 'estados débiles, como Afganistán, pueden representar un peligro tan grande para nuestros intereses nacionales como los estados poderosos... la pobreza, las instituciones débiles y la corrupción pueden hacer que los estados débiles sean vulnerables a las redes de terroristas y a los carteles narcotraficantes dentro de sus fronteras.'

De acuerdo al catedrático norteamericano, James Petras! ('Doctrina Bush: la construcción desenfrenada del Imperio' Rebelión, 7 de octubre de 2002), el objetivo de las amenazas de Bush proferidas en su doctrina es 'la conquista global... y todo país, grande o pequeño, que no acepte o apoye la conquista imperial de Estados Unidos se convierte en un enemigo.' Según Petras, la 'Doctrina Bush' no esta diseñada únicamente contra terroristas activos y fuertemente armados, sino que también 'prevé destruir 'planes' y 'amenazas emergentes' 'discusiones, ideas, debates' licencia para asesinar a todo 'radical' asociado con 'tecnologías peligrosas'.'

LA ESTRATEGIA CONTRA EL RESTO DEL MUNDO.

Desde el inicio de su mandato, la administración Bush puso en practica su tesis aislacionista y sin pudor no suscribieron el Protocolo de Kyoto; se negaron a suscribir el tratado referido a la Corte Penal Internacional; se retiraron unilateralmente del Tratado de Mísiles Antibalísticos suscrito con Rusia; hicieron como el avestruz con relación al conflicto palestino-israelí; desestimaron los problema referidos a la inmigración ilegal puestos en el tapete por México y, metieron en el congelador, la política de “compromiso constructivo hasta ese momento mantenida con China.

Bajo la premisa de que (la agresión es la mejor defensa), se enfrentaron a Francia, Rusia, China, Alemania y al resto de la humanidad a fin de llevar a cabo una invasión imperialista a Irak violentando flagrantemente el Derecho que sustenta hasta ahora el Sistema Internacional que obliga, al consentimiento por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, cuando se trata de llevar a cabo acción militar como la acometida en contra de Irak; que jamás habría sido aprobada en el seno del Consejo por falta de pruebas que demostraran planeaba ataques inminentes con armas de destrucción masiva. Al respecto, ya la ONU había mostrado resultado (a través de sus inspectores), que referían sobre el desmantelamiento y la capacidad bélico militar de Irak.


De ello se desprendió que el objetivo de Estados Unidos no era desarmar a Irak, sino derrocar a Saddam Hussein y producir un cambio de régimen (que como efecto dominó), conmoviera a todo el Medio Oriente con las ideas de la democracia occidental y del libre mercado y así, lograr pleno acceso al suministro de petróleo barato y posterior desmantelamiento de la OPEP; expandiendo su hegemonía en el Medio Oriente y sureste Asiático. Dicha invasión, ya había sido trazada mucho antes del ataque terrorista del 11 de septiembre.

EL NUEVO ROL IMPERIAL.

El documento “Reconstruyendo las Defensas de Estados Unidos para el nuevo siglo” escrito en septiembre de 2000 (que sirvió de inspiración a la administración Bush), sugiere por ejemplo, que Corea del Norte y Saddam Hussein podían comenzar una guerra utilizando armas biológicas y nucleares, por lo que Estados Unidos debía no solo vencer estos ataques sino sacar a estos regímenes del poder y conducir operaciones de estabilidad en la post-guerra.

Asimismo, el documento señala que Estados Unidos ha buscado por décadas jugar un papel predominante en la seguridad del Golfo Pérsico, y en este sentido resalta que 'mientras el conflicto sin resolver con Irak provee una justificación inmediata' para intervenir, 'la necesidad de mantener una presencia estadounidense sustancial en el golfo trasciende el asunto del régimen de Saddam Hussein. (The Observer, 16 de Marzo de 2003).

En su estupendo articulo 'Things to Come' publicado por The New York Times el pasado 18 de Marzo, el catedrático Paul Krugman sostiene que ya es del dominio publico que la guerra en Irak es producto de la 'invención de un grupo de intelectuales neoconservadores, quienes lo ven como un proyecto piloto' al que le seguirán Irán, Siria y Corea del Norte ya que la 'Doctrina Bush' esta diseñada para la ejecución de una serie de guerras que conlleve a un 'cambio de régimen' en los países catalogados como terroristas o que le den albergue al terrorismo, aun como en el caso de Irak, no existan evidencias claras de alguna conexión con la organización Al-Qaeda. Por su parte, el analista y politólogo, George Friedman de la organización privada de inteligencia Stratfort (la mayor en ese ámbito después de la CIA), cuyos enlaces en Venezuela están asociados a personas vinculadas a un grupo económico mancomunado a una televisora a la que eventualmente le negarían renovar la concesión para el uso de las ondas gersianas, asegura que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es el próximo en la agenda militar de Bush. ('Oil war: 23 years in the making', Toronto Star, 9 de Marzo de 2003).

VENEZUELA EN EL OJO DEL HURACÁN.

Inmediatamente después de producirse el golpe de Estado del 11 de abril contra el gobierno de Venezuela, la administración Bush manifestó que las acciones antidemocráticas ejecutadas o alentadas por el gobierno de Chávez provocaron la crisis en Venezuela, con lo cual exoneraba de toda culpa a la logia cívico-militar neoconservadora que secuestró al presidente y disolvió la Asamblea Nacional y Poder Judicial. Estados Unidos prefirió referirse al golpe como un “cambio de régimen”. Lo que ocurría tenía mucho que ver con las políticas económicas internas y el manejo petrolero del Presidente Chávez, quien entre otros, fortaleció la OPEP, afectando los intereses generales del sector privado internacional inserto en ella.

Varios países de América Latina se plegaron a la posición de Washington y la OEA de Cesar Gaviria sugería ante el Consejo Permanente que ya que el gobierno de Chávez había sido depuesto, el embajador Valero no debía entrar a las reuniones del órgano. Estados Unidos, Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Colombia en aquel entonces, hacían esfuerzos para que se reconociera el gobierno de facto, mientras que México, Argentina y Brasil, con el apoyo unánime de los países caribeños, insistían en estrenar la Carta Democrática en Venezuela. Mientras ello ocurría, el pueblo Venezolano junto a la FAN restituían la institucionalidad democrática.



La posición del gobierno norteamericano y los países aliados frente al golpe de Estado en Venezuela, lo que demostró fue la necesidad que los norteamericanos tienen de controlar las reservas petroleras del mundo; tanto para reactivar su economía como para sustentar su posición de dominio frente a sus competidores comerciales (y eventualmente militares en un futuro no muy lejano), valga decir Europa, Japón y China.

Esto último, fue lo que (según algunos expertos), habría estimulado la oposición de la Francia de Chirac y Alemania a la agresión a Irak. De allí que, la elección del conservador y derechista, Nicolás Zarkosy le caiga como anillo al dedo a la administración Bush, a los fines de inclinar definitivamente la balanza política de la Unión Europea para su lado; tanto en lo que se refiere a la ocupación de Irak como a la futura invasión de Irán y por que no de Venezuela hacia el segundo semestre de 2007 y primero del 2008.

En este contexto intervencionista se inscribe la insistencia del gobierno de Nariño para que Venezuela, Brasil y Ecuador, países que comparten su frontera y cuyos gobiernos discrepan de la política hegemónica norteamericana, declaren a las FARC como grupo terrorista. La posición de no ingerencia del gobierno del Presidente Chávez en los asuntos internos de Colombia, en virtud del petitorio de la administración Uribe, significa para la oposición fascista un tácito apoyo del gobierno bolivariano y hasta “albergue” a los grupos insurgentes del vecino país.

CONCLUSIÓN.

Estados Unidos ha venido combinando coerción militar con inducción intelectual, “moral” y cultural para asegurar el “consenso espontáneo”, político e ideológico de parte de los grupos que aun conservan una subordinación a la tierra de Tío Sam; el fin último sería asegurar (como hemos destacado en otros trabajos de investigación), el libre acceso a los recursos naturales y energéticos; así como, al gran mercado que representa para sus productos, nuestra Región. Es por ello que sostenemos que no descansarán hasta que se produzca un cambio de régimen político en nuestro país, sin importarles si para ello tengan que enfrentar a los movimientos populares en el Continente o a los gobiernos amigos de Argentina; Bolivia; Brasil; Ecuador y Nicaragua. Sin descontar claro está, el apoyo irreductible de la Cuba Socialista.

El fallido golpe de Estado fascista del 11 de abril nos indica que las tácticas y estrategias de los Estados Unidos no han variado y siguen siendo esencialmente desde Monroe hasta hoy en día, las mismas, sean republicanos o demócratas quienes se encuentren en la Casa Blanca.

Sostenemos la tesis que una invasión militar a Venezuela (de ocurrir), no será con las mismas características como la efectuada en Irak o se cierne en Irán. Más sin embargo, no descartamos una operación similar justificada de la misma forma como lo hicieron en el Golfo de Tonkim en Vietnam o en el Golfo de Fonseca en la Nicaragua de Sandino.

Por lo tanto, siendo que tenemos el Plan Colombia operando por nuestra frontera occidental y dado que la OTAN maniobra desde un portaviones llamado “Antillas Neerlandesas”, creemos definitivamente (salvo cambios ulteriores), que dicha invasión y operaciones militares las iniciarán a partir de un escenario de conflicto producido en nuestro Golfo de Venezuela.

Recordemos que sobre el particular, ya la derecha militarista colombiana (léase pro gringa), realizaron (en tiempos de la administración Lusinchi en nuestro país), un ensayo colocando una nave de guerra “El Caldas”, en aguas del Golfo, como mecanismo de presión en el marco de las discusiones que sobre el Diferendo se daba entre ambos países.

No obstante que tenemos (según dicen), un “traidor” por los lados del Golfo de Paria, la verdad, no creemos que por esos lados pudiera venir un evento de esa naturaleza. Pero como de que vuelan, vuelan, no debemos bajar la guardia por si acaso. Total, el Delta y el Esequibo están bastante cerca y por esa región (en los años sesenta), ya los mariner habían entrenado algunos grupos de sus fuerzas élites, para que fueran a combatir en Vietnam.

(*) Politólogo e Internacionalista

Magíster en Seguridad y Defensa

monlan2001@yahoo.com


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Manuel José Montañez Lanza (*)


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