Los límites de Venezuela (9)

Es importante reiterar esto. Dije al final del artículo anterior, el 8, que el conflicto se revive desde 2015 porque Guyana, que desconoce ya la Zona en reclamación, está permitiendo que barcos de Estados Unidos se muevan en esas aguas marinas explorando y buscando petróleo. La empresa exploradora es nada menos que la Exxon Mobil, ese enorme y bien conocido consorcio petrolero estadounidense al que años antes Chávez había enfrentado en Venezuela. La Exxon se movía y se mueve en esa zona marítima como si fuera propia, con autorización abusiva de Guyana, ya que es y será mar de la zona en reclamación por Venezuela mientras no se llegue a una decisión definitiva de la ONU sobre el problema limítrofe. Y, es más, porque incluso la Exxon había delimitado en ella varios bloques, uno de los cuales es el bautizado como Stabroek, que es el bloque en el que ha descubierto el ansiado petróleo. Y se trata de una serie de pozos submarinos que contienen petróleo ligero de alta calidad. La Exxon prometió iniciar esa explotación desde 2020, calculando que para 2025 la producción podría alcanzar los 750.000 barriles diarios.

Esto volvió a cambiarlo todo y a convertir el diferendo en un tema explosivo que llevó al gobierno venezolano a reaccionar. La amenaza era realmente seria. Y Venezuela, que estaba amenazada y bloqueada por Estados Unidos (EU), venía confrontando desde entonces una creciente crisis que afectaba profundamente al país en los planos más diversos. El Caricom, que había sido ayudado generosamente por Chávez cuando más lo necesitaba, viendo ahora que la ayuda económica y petrolera de Venezuela había disminuido por la crisis venezolana y por el bloqueo imperial estadounidense, se mostraba cada vez más oportunista y más comprometido con Guyana, esperando compartir la riqueza petrolera de la que pronto ésta dispondría. Estando de por medio la Exxon, era de esperar que EU, ya enfrentado abiertamente a Venezuela y decidido a quebrarla, se declarara a favor de Guyana en el diferendo. Y así fue. Guyana estaba ampliando abiertamente su área marítima a expensas de Venezuela. Tanto Trinidad como Barbados hacían lo mismo, y todo indicaba que el objetivo de ambas era reducir o bloquear por completo el acceso marítimo venezolano a las aguas del Atlántico. Hay que pensar solo en lo que representa para Venezuela esta descarada agresión contra sus derechos. Y como resultado inevitable de todo esto, el asunto de defender con firmeza las amenazadas áreas marítimas de Venezuela cobraba absoluta primacía.

Y hay todavía más. En cuanto a los organismos que debían decidir la controversia, desde 2017 Guyana había empezado a pedir a la ONU que fuese la Corte internacional de justicia la que la dirimiera. Venezuela se había opuesto a eso por considerar con toda razón que la Corte no era organismo idóneo para ello. En 2018 el secretario general de la ONU, el gelatinoso y ambiguo Gutérres, cobarde y oportunista como siempre, acepta que sea la Corte la que dirima la disputa, lo que implica que prefiere no involucrarse en el problema, tal como es su costumbre, dándole así clara ventaja a Guyana. Venezuela se niega a aceptar la decisión de que sea la Corte y el 15 de abril de 2019 ratifica su negativa a acudir a ella. Y aunque Venezuela por prudencia prefiere no decirlo, es claro que su anterior propuesta de que fuese el Secretario General de la ONU quien sirviese de juez en lo tocante al Esequibo, vista la ambigüedad y reiterada cobardía de Gutérres y su ahora abierta y oportunista identificación con Guyana hacían erróneo pensar en que acudir a él hubiese podido ser la solución. En fin, la situación se hace más y más tensa y cada vez más desfavorable a Venezuela. A principios de 2020, nuestro país reitera otra vez que se niega a acudir a la Corte internacional de justicia a dirimir el diferendo. Pero no es sólo que Venezuela ha sido sobre todo en estos años que van de 2015 a 2020 un país agredido y bloqueado por EU y sumido en una profunda crisis económica, política y social, y que además ha contado con escaso apoyo internacional para su justo pero cada vez más problemático reclamo sobre el Esequibo, sino también que Guyana, para su defensa de ese territorio, cuenta en cambio con un respaldo grande y sustancial. Y a ello se suma en ese mismo mes de agosto de 2020 el resultado diferido y finalmente resuelto de la elección presidencial del año anterior en Guyana. El ganador y nuevo presidente de esta es Irfaan Ali, miembro del PPP, el partido guyanés que desde un principio declaró que reconocía el Laudo de 1899 y que rechazaba la reclamación venezolana. Apenas asumido el cargo, Ali declaró que mantiene la propuesta de acudir a la Corte internacional de justicia, añadiendo que la soberanía del estado guyanés y la integridad de su territorio son sagradas y que Guyana es una nación indivisible.

Desde entonces esa es la situación. De modo que frente a este preocupante panorama hay preguntas que surgen en forma inevitable una tras otra. ¿Qué puede pasar en la ONU y en la Corte internacional de justicia? ¿Cuáles son hoy las perspectivas reales de Venezuela? ¿Es que está ya agotado este camino? ¿Qué puede hacerse? ¿Seguir reclamando ritualmente el Esequibo y repitiendo que es nuestro, pero sin esperanza de lograr nada, sólo por sostener un principio jurídicamente válido e incuestionablemente cierto, pero que parece cada vez más irrealizable y más lejano? ¿Puede Venezuela seguir asumiendo un papel que muchos países ven como el de permanente obstaculizador del desarrollo de Guyana? ¿Sería todavía posible a estas alturas, y en medio de tantas dificultades como las que tenemos, retomar la propuesta de Chávez que abría un camino de colaboración y acuerdo fraternal entre las partes y que lamentablemente no pasó del plano declarativo? ¿O es que sería ya demasiado tarde para intentarlo, debido entre otras cosas a la excesiva tensión acumulada entre ambas partes y a la actual situación de acoso y de aislamiento que vive Venezuela, aunque la situación venezolana ha mejorado bastante en estos dos últimos años? ¿Es que puede buscarse otro camino? Y en caso de que así fuese: ¿cuál es o cuál podría ser ese camino?

Responder esas punzantes cuestiones no es por supuesto tarea de este modesto ensayo personal que se contentaría con haber contribuido en algo a dar una bien fundamentada visión de conjunto sobre el complejo tema de la justa lucha de Venezuela por recobrar el territorio de que la despojó la Gran Bretaña pirata, ladrona y colonialista, la misma que, como heredera de esa arraigada tradición saqueadora, hoy le roba a Venezuela el oro depositado en el más importante de sus bancos. En fin, son solo preguntas. Y lo único que podemos asegurar es que nuestra cancillería, con la dignidad con que ha defendido nuestros derechos, tiene un gran reto por delante: buscar cómo enfrentar ese grave problema con ideas y planes nuevos, discutirlos, hacerlos conocer, limar asperezas, lograr apoyos e intentar abrir caminos hacia una verdadera y justa solución, que compete por igual a ambos países, y que en ningún caso podría esperar otros cien años.

Y es que en estos dos últimos años se han producido casi en silencio cambios importantes en Guyana que en medio de sus complacientes acuerdos con empresas sobre todo de EU en el territorio que administra como suyo y que Venezuela reclama con todo derecho como propio, ha empezado a vivir esos cambios y obtener ventajas que la llevan a asumir una actitud cada vez más agresiva y beligerante contra Venezuela. Esto, que es lo que ocurrió hace poco en la ONU y que incide negativamente en la búsqueda de un acuerdo compartido y justo entre ambos países, es algo importante que quiero examinar en próximo y último artículo sobre el tema.

Los límites de Venezuela (8)

Tomado del diario Últimas Noticias.



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Vladimir Acosta

Historiador y analista político. Moderador del programa "De Primera Mano" transmitido en RNV. Participa en los foros del colectivo Patria Socialista

 vladac@cantv.net

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