¿Y, ahora qué hago con esos idiotas venezolanos: pensará Trump?

Bendito el que escapa de la muerte, maldito el que encarga la muerte sin prestarse a enterrarla, feliz el que muere en paz sin esconder sus penas, afortunado el que se lleva una sonrisa, aunque muera de tristeza, pulcro el que se va habiéndole servido a su pueblo sin traicionarlo ni odiarlo y, ni evaporar sus fuerzas en ser uno más que vigile los sueños, traidor el que se rinde sin pelear y no tiene nada que defender, pobre el que se queja de su mala suerte si nunca quiso pasar de la esquina más cercana, poderoso el que toma las riendas del mundo en sus manos e impone castigos odiosos con complicidad de los que callan o, se depravan por cualquier interés.

¿Qué es más fácil llorar o reír? O lo fácil es lo difícil y, entre uno y otro, obviamos el presente, y nos devolvemos al pasado en retroceso, a ese pasado que nos encoge de engaños, de ruindades, por el que nos sofocamos cuando fue presente y, a la buena de Dios esperamos superar, pero no, dependemos ahora de un protector que nos estira sus manos de compasión, le rezamos y, seguimos en penitencia cabizbajo en el rincón de los embrollos como deudores.

¿Imagina usted o ha imaginado qué ha pensado Trump de nosotros de los que no tiene idea de lo que somos capaces, que no nos conoce, ni jamás ha pensado visitar este país? ¿Qué como venezolano, lo acerca a usted a Trump sin tratarlo, sino lo que habrá leído sobre él que no es gran cosa y, además sin ser un capitalista como él más bien del montón de ambos bandos? ¿No nos cree capaces de que resolvamos nuestros problemas conversando sin que nadie se meta con nuestras cosas? ¿Ha habido alguna vez seriedad de cómo resolver nuestros problemas políticos y económicos? ¿Ve usted -señor, señora- pertinente qué un país por más potencia que sea deba tomar las riendas y decisiones internas que solamente son nuestras?

¿Usted no cree posible que haya igualdad entre los venezolanos de acuerdo a la Constitución? ¿No cree que las competiciones en el terreno que sea: son para ganar o perder y, que hay que saber perder y tener dignidad más que coraje de aceptar la realidad que eres tú y, no es otro que tiene que dar la cara por ti, y llegado el momento de la derrota sin participar porqué pusiste todas las trabas posibles a tu favor, vengas después a comportarte como un verdadero carajito y sigues órdenes preestablecidas de antemano y, de allí en adelante te aferras a ellas y sin medir consecuencias te llevas por delante toda la lógica de la vida y pones en peligro la vida de los demás y, como un acto de desesperación te "autoproclamas" y comienzas a actuar a como te lo impongas como un beneficio privado que sólo tú tienes derecho hacerlo y, sólo en este país puedes hacerlo con todas las atrocidades jurídicas que como quieras haces, como si fuera un juego a tu merced y, que nadie se queje, pobre de aquel y, hay tanta miseria humana entre naciones que se prestan a un desvarío que en el mundo no hay un ejemplo de tal magnitud que, raya no sólo en lo imposible sino en lo real maravilloso como fantástico.

Trump tiene que estar preocupado y nervioso en su fuero interno que, por muy intrincado de magnate "lobo" que sea fuera de toda lógica, no tiene nada a su favor que no sea acariciar día tras día una Guerra a Muerte a los venezolanos, en que lo ha metido de cabeza la gente de la oposición acá dentro con su beneplácito y otros huyendo fuera del país por apátridas y otros por ladrones y terroristas y, otros por sinvergüenzas, lucrantes parasitarios, sin ninguna moral ni luces que los acerque a Bolívar -varones y hembras- los grandes estafadores que, de Patria lo único que los refuerza es pensar que la fracción de su egoísmo llegue al poder, y ellos sacarle el mayor provecho como se habían malacostumbrado en el pasado

Ningún otro mérito lo avala de recio heroísmo que lo acerque al pedestal de los inmortales, más bien al de los miserables que en un momento dado del tiempo pierden el vuelco de su memoria y se agazapan a aprobar el martirio que habrán de padecer los que no circulan en su entorno de imperio y, posiblemente se acerque más a Tiberio como un oscuro y sombrío gobernante de la antigua Roma.

¿Y, será Iván Duque por mandato de Trump y fiel escudero quien venga arriando la caballeriza bogotana: a acabar con los bolivarianos que tanto odia?



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Esteban Rojas


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