Intervención militar en Venezuela no está más cerca, sino más lejos ¿Por qué España anda en lo que anda?

Hay algunos analistas que siguen hablando de la inminencia de una intervención militar foránea en Venezuela. Yo diría que están equivocados, y no porque yo lo diga, sino porque las señales de la realidad hablan de todo lo contrario: esa posibilidad, en este momento, parece alejarse.

Esto ya lo asomé en un artículo que publicó el portal Aporrea.org el 10 de septiembre pasado ("¿Intervención militar en Venezuela? ¡No por ahora!"), en el cual asenté que "Es correcto mantener el alerta amarilla comunicacional contra la posibilidad de una intervención militar foránea en Venezuela ordenada por Estados Unidos, así como extremar las medidas de preparación de la guerra del pueblo contra cualquier invasor extranjero. De allí a pretender que la invasión a nuestro país es inminente hay un buen trecho". Para ello presenté variados argumentos, que si alguien quiere conocerlos, lo remito a este trabajo que he citado. Ahora se suman nuevos elementos que refuerzan mi suposición.

No es un asunto menor la nueva posición que ha venido delineando el gobierno español de Pedro Sánchez, que se distancia del extremismo anti venezolano que venía mostrando la administración encabezada por Mariano Rajoy. Antes de entrar a considerar las posibles razones de este "golpe de timón" de la política exterior de España respecto a Venezuela, repasemos las más recientes expresiones del canciller de ese país, Josep Borrell, las cuales sugieren que España tiene previsto dar un drástico giro a su posición sobre Venezuela durante el consejo de ministros de Asuntos Exteriores de la UE que se celebra en Luxemburgo hoy lunes 15 de septiembre, al día de escribir este artículo. Borrell ha dicho que defenderá ante sus homólogos europeos la necesidad de mantenerse firme ante "el régimen de Nicolás Maduro" en la defensa de "la democracia y los derechos humanos", pero que apostará por el diálogo en lugar de las sanciones como principal vía para promover soluciones políticas en nuestro país. Una vía tal, si se confirma, puede chocar con la administración de Donald Trump, que está endureciendo por momentos su presión sobre Venezuela, pero el actual disenso entre Europa y Trump sobre diversos temas no es noticia nueva.

Según Borrell, "el nuevo Gobierno español va a poner más, si cabe, el énfasis en la necesidad de encontrar soluciones políticas a la situación en Venezuela que no se van a resolver únicamente con base en sanciones". Y Federica Mogherini, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, también ha señalado la necesidad de buscar la solución política en el seno de la sociedad venezolana, tal como declaró el pasado 25 de septiembre: "Todos sabemos que una solución sostenible a la situación actual solo puede venir de dentro de Venezuela… La única salida es una solución política negociada". Esto no es "paja loca" de la italiana. No muchos, en el seno de la alianza imperialista, están dispuestos a embarcarse en una aventura en nuestro país que podría desembocar en un conflicto de dimensiones colosales y de consecuencias impredecibles. En el mundo actual, la masa "no está para bollos", como se dice entre los venezolanos.

A su llegada a Luxemburgo, Borrell declaró que "La posición de España es la misma de la de la alta representante: no puede haber una solución que pase por la intervención militar. La solución tiene que salir siempre a través de un acuerdo entre venezolanos, a través de un proceso democrático, es la primera cosa que tenemos que dejar claro los europeos", Y agregó que los ministros europeos hablarán de "mediación", pero que "no se trata de mediación sino de una facilitación del diálogo, para ver si es posible encontrar una solución que no resulte en dramática evolución de la situación que está viviendo Venezuela".

Lo cierto es que España está colaborando con la apertura de canales de comunicación con el gobierno venezolano. El secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Juan Pablo de La Iglesia, se ha reunido desde hace al menos un mes con representantes del Gobierno y de la oposición, así como con las empresas españolas con intereses en el país, según ha informado la agencia de noticias Europa Press. Los contactos también se repitieron en Nueva York, durante la Asamblea general de la ONU.

Los cambios que se vienen dando en la posición de España no deberían ser casuales. Todo parece indicar que se ha producido un discreto diálogo entre los dos gobiernos, probablemente promovido por el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, quien es compañero de filas de Pedro Sánchez en el PSOE, y no descarto que en esas conversaciones hayan participado representantes del sector electoralista de la oposición venezolana, aunque el ex candidato Henry Falcón lo haya negado tajantemente. Juramento de político no lo cree necesariamente ni el propio Dios ¿Tendrá algo que ver el viaje de Lorent Saleh a España con ese probable diálogo? Son demasiados cabos para que no dejen de asaltarme tales elucubraciones.

En todo caso, otro factor interesante es que los sectores electoralistas de la derecha criolla se han venido deslindando, tímida pero visiblemente, de los sectores extremistas que representan hoy por hoy personajes como Antonio Ledezma, María Corina Machado, Julio Borges, Luisa Ortega Díaz y otros. Ya se sabe que factores como Acción Democrática, Copey y Avanzada Progresista, el partido de Falcón, se muestran partidarios de un cambio de tácticas que implicaría dejar atrás el radicalismo, que hasta ahora los ha perjudicado políticamente, y decantarse por participación electoral en el camino de la acumulación, reagrupación y organización de las fuerzas opositoras, para tratar de convertirse en opción en el mediano plazo.

La más reciente encuesta de Hinterlaces señala una mejoría en el posicionamiento público nacional del gobierno de Nicolás Maduro, mientras que la oposición política va de mal el peor. Ni los numerosos opositores de a pie la respetan o apoyan. Ese es otro dato: sin una conmoción social interna, la intervención armada sería difícil de justificar.

Todas esas cuentas las sacan afuera. Por supuesto, las amenazas y planes de intervención armada persisten y no podemos descuidarnos. Tal como dije en mi anterior artículo aquí citado, "de todas formas, de cualquier malla sale un ratón, así que hacemos bien en dormir con un ojo abierto y otro cerrado, pero es casi seguro que este año pasemos una Navidad en sana paz ¿Y después? ¡Vamos a ver pa’ ver!".

 



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Néstor Francia


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