"Misión uranio"

Es tiempo ya como para que no quepa la menor duda, que tanto el tenebroso contrincante aparente de Chávez, como el verdadero y más tenebroso aún, no pueden disimular la profunda admiración que sienten por el formidable gladiador de Sabaneta. A tal conclusión he arribado luego de seguir las evidentes imitaciones que ambos hacen de sus realizaciones más heterodoxas: las diversas misiones. Claro, entendiendo también que las misiones de ellos son para el mal, tal como el eje que representan de manera tan arquetípica, y que las de Chávez son para el bien, tal como el eje que representa junto a Evo y Fidel, y a otros más en camino de construcción.

La última misión que creara Bush, y casi coetánea con la Villanueva de Chávez (además de la siempre denigrativa y rotativa del famoso comandante Sur), fue la “Uranio”, cuyas líneas generales se trazarán en lo adelante.

Es oportuno recordar, que en una entrega anterior había significado que de Colombia se había percibido venir, al menos de manera oficial, sólo un sutilísimo cuestionamiento a la decisión de Venezuela de separarse de la Comunidad Andina de Naciones, y eso a través de amables ironías, además de haber invitado Uribe a Chávez a trabajar con hermandad, aclarando que Antonio García, el jefe militar del ELN, se encontraba en Venezuela bajo protección a pedido suyo. Pero es que también mucho antes ya Uribe le había aclarado a Bush que él no se prestaría jamás para un frente anti Chávez, y le había asegurado, al propio Chávez en Santa Marta, que no permitiría que nadie armara conspiraciones contra un gobierno democrático, y “menos contra un país hermano”, confirmándole allí mismo lo del complot que planificaban ex militares venezolanos y uniformados colombianos contra su gobierno; y además, significando en su filosofía antioqueña, y en jerga paisa (que por cierto los cachacos de El Tiempo se esmeran en explicar, no sé si apenados) que, "cuando uno pierde el tiempo en odios, le pasa lo de la vaca en el pantano: que mientras más patalea, más se atolla”…

Pero resulta que, para sus diversas y ruines misiones, Bush siempre piensa, de manera muy desprendida, en que sus buenos aliados colaboren de la manera “espontánea” que él siempre espera. Y en este caso de la “Misión Uranio”, ¿qué más que esperar entonces la valiosa y espontánea colaboración de un tan carnal y agradecido aliado? Y pondría al pobre Uribe a parir… (Sabemos que tanto a Bush, como al “tenebroso”, les gusta cobrar…). Uribe pujaría y pujaría hasta que naciera entonces una historia que no hiciera despertar la ira de Chávez como cuando Granda (lo que en verdad resultó así), y explicada luego por una recién nombrada y atractiva cancillera, María Consuelo Araújo, con quien Chávez incluso, conociéndola, “echara un pie” sonando un cadencioso ballenato…

El ambiente por supuesto muy erotizado por la llamada de la bella, e influido por la inminente visita del menudo y firme Ahmadinejad a Venezuela.

Y la cipote historia, es la que sigue: el ex ministro de la Defensa colombiano, y a la vez embajador en la OEA, declararía, a “título personal” mucho antes en una conferencia en Estados Unidos, que Venezuela explotaba uranio y bla, bla, bla, bla, bla, hasta que pudiera resumirse todo, en que la nueva misión de Bush era lograr que Venezuela apareciera ante el mundo como productora clandestina de uranio haciendo ver que fabricaba bicicletas y motocicletas, para que luego Ahmadinejad lo transformara allá, y gratiñán, en una poderosa bomba atómica… Bomba atómica que caería indefectiblemente sobre el indefenso pueblo norteamericano lanzada por Chávez, tal como en histórica exclusividad dos de ellas cayeran alguna “afortunada” vez sobre los “terroristas” de Hiroshima y Nagasaki.

De inmediato, el actual ministro de la Defensa, que es un redomado anti chavista confeso, “enmendaría” el desaguisado diciendo que, además de ser una declaración personal del embajador, no pasaba de ser ello sino una mera hipótesis académica… opinión que seguro edulcorara aún más la agraciada cancillera al transmitir la disculpa, aprovechando para recordarle a Chávez lo bien que se sintiera cuando bailaran, a la luz de la luna, aquel ballenato que nunca ha podido olvidar…

A última hora, Uribe daría la convincente razón de que el embajador se había equivocado, y Chávez no tendría más remedio que calársela…

¡Pobrecito Uribe!.. Esperando ver cuál será la próxima siniestra misión contra Chávez en la que lo encompichará Bush, pero sin saber que Chávez, quién sabe hasta dónde la espere con ansias, para recibir entonces “la convincente llamada” de la bella María Consuelo.

Al fin y al cabo, Uribe siempre ha clamado por la confianza recíproca como leña necesaria para mantener el calor de una sana relación bilateral.


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Raúl Betancourt López


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