Sin ingenuidades, porque el imperio ataca

Fueron muchos años soñando esta revolución que camina por la patria venezolana, y que da savia, respeto y amor al pueblo. Muchos años percibiendo las consecuencias de ser gobernados por hombres insensatos, títeres del imperio, abusadores que disfrutaron de los dineros de la nación, dejando hundir al país en la más completa miseria.

Muchos años esperando el despertar del pueblo, construyendo la patria nueva con la esperanza que salía del alma y se edificaba en palabras, palabras de cambio, palabras para dar luz, palabras para movilizar el
colectivo, palabras para la toma de conciencia.

Muchos años despiertos, con el corazón apretado que lloraba las canciones de Ali Primera, con los ojos pálidos de leer el pensamiento de Bolívar, con la mirada perdida en el abandono del campo. Tierras y más tierras infecundas que parecían infinitas, bordeadas con la marca de la posesión.

Muchos años despiertos, con la mirada perdida en los palomares que encajados en los cerros parecían hermosos pesebres por las noches e infortunio citadino durante el día. Y mas allá, escondidos, después de
pasar el lastre de la opulencia, miles de barrios pobres con los nombres de los gobernantes, sus esposas y los oligarcas, exclamaban: piedad, regalen algo por favor, a esta comunidad.

Una creciente desigualdad se vislumbraba en Venezuela, la injusticia como frazada cubriendo al pueblo, mientras los poderosos se adueñaban de los recursos del Estado, disfrutando y compartiendo la botija
venezolana con las transnacionales norteamericanas, extranjeros opresores sin una gota de sangre indígena. Estados Unidos, disfruto a sus anchas de los recursos de nuestra patria, sin pedir permiso al pueblo, llego y ancló su barca, con la aquiescencia y benevolencia de "venezolanos" que tutelaban los destinos de la nación

Mientras ellos, los apátridas, reían y compartían nuestro patrimonio con el usurpador norteño, el pueblo se empobrecía, la clase media hundida en el abismo gritaba auxilio desaparecemos y la pobreza extrema crecía, el hambre tocaba las puertas. La brecha social entre ricos y pobres, cada vez mas acentuada, la barbarie escalando en la sociedad petrolera elitista del siglo XX.

Las innumerables protestas contra las políticas neoliberales, el Caracazo, rebelión de un pueblo ante la inmoralidad, ante la bestialidad del capital. Movimiento de masas, que no calló su voz, ni con la matanza de inocentes, pues fue, el grito de la conciencia que desbordada protestaba el bipartidismo, la usurpación y el hambre, fue el inicio del cambio, cambio que prosperó con el levantamiento militar fallido, que sorprendió al pueblo venezolano por su condición, pero después sembró fe y fortaleza para la construcción de la patria nueva.

La elección de Chávez como presidente, no fue circunstancial. Quienes pensaron que su arribo a Miraflores daría luz verde al neoliberalismo demoledor, acicateado por la clase política, la burguesía criolla y el poder imperial, tomaron el rábano por las hojas. Y al equivocarse, prorrumpieron a provocar inestabilidad desde sus trincheras, alcaldías, gobernaciones y medios de comunicación que controlaban.

Sucedió el Golpe de Estado, sucedió el paro de la industria petrolera que derrumbo la economía venezolana, pero también sucedió la adhesión del pueblo al proyecto bolivariano en marcha, la conciencia de pertenencia estallaba en el alma del pueblo venezolano y aún así, el irrespeto a la decisión popular, no se hizo esperar, guarimbas, insultos, sicariato, violación a las leyes. La vieja norma de la indiferencia, conducta de los amos de la cuarta republica, por encima de la voluntad del pueblo: El Estado soy yo. El poder de los derrotados, se enfrenta al poder de las mayorías, con odio y desvergüenza para quitar el tesoro venezolano perdido, bajo
cualquier acción.

La Venezuela de hoy, con el mayor crecimiento económico de América latina, con un pueblo organizado, asumiendo los programas de bienestar social, que elevan su nivel de vida y contribuye a la erradicación de la pobreza. Con políticas de tierra y de viviendas que dan la oportunidad de vivir bajo la presencia de la decencia y el amor, con obras de infraestructuras grandiosas, con proyectos comunales en marcha dirigidos por los ciudadanos. La diferente Venezuela de hoy, es trepada por la burguesía nacional y el imperialismo, con codicia y maldad, sin importar los efectos dañinos de sus actividades que se ocultan bajo una estela democrática, de libre expresión y tránsito.

Bajo este caminar de maldad, el gobierno nacional y el poder popular, no pueden apuntalar una postura de ingenuidad, jamás. La ingenuidad, la falta de visión del oponente, la falta de vigilancia puede derrumbar el sueño hecho realidad que es nuestra Revolución Bolivariana. Recordemos al Che Guevara cuando nos decía: Tenemos que ser firmes y vigilantes de nuestros discrepantes, sin perderlos de vista, no debemos enfrascarnos en un debate interno que nos lleve al fraccionamiento y al descuido del adversario. La eficacia de la defensa depende de la vigilancia que nosotros hacemos al adversario.

La falta de vigilancia, donde el enemigo pueda perpetuar su fechoría, es un grave error. Desamparar nuestro proceso en marcha, asumiendo que no hay vuelta atrás, sin la vigilancia adecuada en fronteras, en aeropuertos, en la industria petrolera, en zonas estratégicas para la conversión de una insurrección que pueda violentar nuestra soberanía de un zarpazo y acabar con nuestro proyecto país, es de inocentes.

Con la madurez necesaria para observar al enemigo siempre, con la investigación adecuada y las acciones pertinentes, siempre. Lo que ha sucedido con los enseres de la valija diplomática de Estados Unidos, traducida en camiones de carga, en contrabando, en implementos para la elaboración de bombas, en repuestos para aviones F16 y en 80 kilos de pollo sin control fitosanitario, es un abuso de poder, es un abuso que no debemos aceptar, es un abuso en cadena que no termina nunca, y no podemos callar, es el abuso imperialista acechando nuestras vidas, el fantasma criminal que nos espía. Valor para derrotarlos, porque las experiencias de Chile y Nicaragua están presentes en las mentes de los amantes de la libertad y el amor por los pueblos, valor para sacarlos de nuestras vidas para siempre.

No sabemos si el cargamento fue cambiado, si se revisaron todos los camiones…y por Dios a revisar esos pollos, abramos esos pollos, porque así como la droga la trasladan en artículos para el consumo, implementos para armar un batallón delincuente también pueden venir como menudencia dentro de ellos.

Ah inspeccionar esos pollos, carajo. Ah protestar ante el mundo, ese hermoso derecho que tenemos de ser libres. Ya basta de lacayos, de bota gringa ensuciando de maldad la tierra venezolana, forzando su soberanía bajo la mirada incrédula de los defensores del proyecto
bolivariano.

Sin ingenuidades porque el imperio ataca. Su envestida está unida con los oligarcas desplazados y eso, ya lo sabemos.

¡SON DIEZ!
MILLONES LOS QUE LES VAMOS A METER
¡SON DIEZ!


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Carmen Arelis Contreras M.


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