¿Será que firmamos?

Las firmas son muy famosas en Venezuela, quizás como en ninguna parte del mundo. Hay firmones y firmonas contra todo aquello que vaya en contra “del gran poder de los E.E.U.U”. Dentro  de ese orden se ubican las firmas contra Chávez, contra el proceso bolivariano, y en suma en contra de la sociedad venezolana toda, que sufre por igual los rigores de explotación y saqueo de nuestras riquezas,  la implosión de la soberanía y el menoscabo del grado de felicidad que hemos alcanzado en los últimos 15 años.
También sufriríamos por igual las bombas que se atrevan a lanzar los gringos sobre nuestro territorio, pero algunos escuálidos disociados, cruzados y recontracruzados, piensan que todavía no hay motivos suficientes para firmar en contra de su amado imperialismo. Caramba, hay amores de Chucky, que son difíciles de controlar.
 
“¡Obama, deroga el Decreto ya!”Es todo lo que hay que firmar si somos coherentes con la condición de venezolanos, que se supone que deberíamos tener clara. Pareciera que los líderes de la oposición, y una buena parte de sus seguidores, no aceptan a Bolívar y a Chávez como fuerza de cohesión patria, de antiimperialismo, de independencia y liberación, dentro de la cual se supone que nos tendríamos que encontrar todos.
 
Los que dudan en poner su firma en el documento que le exige al señor Paraco Obama, derogar su asqueroso decreto, también dudan del nombre de venezolanos que Bolívar nos dio; los  que se niegana firmar esa justa exigencia niegan a Venezuela como madre de todo lo que somos en autodeterminación y soberanía.
 
Ciertamente tenemos muchos dudones, viudas de RCTV y Globovisión, que siguen repitiendo fastidiosamente las consignas imperialistas de que “Venezuela ya se jodió”. Muchos son creyones que no se han dado cuenta que todo lo que estamos sufriendo hoy ha sido promovido por el imperialismo en su guerra de cuarta generación para ponerle la mano a las riquezas del mar, el suelo y el subsuelo venezolano; para convertirnos en Colonia como a Puerto Rico y  Colombia.
 
Aquella célebre lista, atribuida a Tascón, reseñaba a aquellos que habían firmado contra Chávez. Más fue el ruido que hizo la oposición en torno al supuesto carácterrepresivo del listado, que los efectos sancionatorios de la misma. Lo cierto es que la gran mayoría de esos firmones están trabajando, y echándole vainas al proceso bolivariano desde cada uno de sus puestos de trabajo; saboteando hasta más no poder el servicio que deben prestar con eficiencia y cariño a todos y cada uno de los usuarios.
 
Los antifirmones del documento Exigencia a Obama muy probablemente jamás estén en una lista. No hace falta que estén;  a lo peor, nunca tuvieron a Venezuela en sus extraños sentimientos. Esos antifirmantes de la salvaguarda de la soberanía nacional, en su mayoría estarán aquí para cuando los gringos se atrevan atacarnos; no porque ellos quieran, sino porque el capitalismo imperialista que ellos defienden los volvió tan pobres que no pueden comprar el pasaje para salir del país a sufrir las humillaciones que sufren las decenas de millones de latinos que en mala hora se fueron a vivir a los Estados Unidos, la bestia que descuartizó sus posibilidades de ser feliz.
 
Todavía hay mucha gente, nacida en Venezuela confundidos en el dilema ¿Firmamos o no firmamos? Esa lavativa contra Paraco Obama.
Es el síndrome de Estocolmo: la víctima enamorada del verdugo. El antifirmón o antifirmona, para estar acorde con el respeto a las luchas de género, ¿Qué te pasa?, está atrapado o atrapada en su amor por el capitalismo.
 
 
Si  no fuésemos capaces de construir un mundo mejor,entonces nuestra vida sería suceptible de ser revisada por aquellos que estan trabajando en ese noble propósito.
 
 
 

tutas13@yahoo.com

 


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Eduardo Mármol


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