La cajita infeliz

Eduardo Sartelli, el conocido escritor argentino autor de “La Cajita Infeliz”, ofreció una excelente charla en el auditorio de PDVSA, en la cual de manera muy didáctica desmenuzó las razones por las cuales el capitalismo, como forma de relación social, tiene obligatoriamente que basarse en la inequidad y en el incremento permanente de la plusvalía, hechos que se vinculan a la recurrencia de las crisis que periódicamente lo afectan. Ergo, eso del “capitalismo popular” de María Corina, encierra un oxímoron, como diría Jorge Luís Borges, paisano de Sartelli.

Sobre la base de que sólo puede cambiarse lo que se conoce a fondo, el expositor describió las características del capitalismo en su país, cuya economía al igual que la nuestra, se basa en la exportación de materias primas. Así como Venezuela depende de los precios del petróleo, Argentina depende de los precios de la soya y de la carne vacuna. En su país, el esquema no ha cambiado en más de medio siglo: antes producían trigo y ganado y ahora soya y ganado. Hoy por hoy, la soya y China son para Argentina lo que el petróleo y Estados Unidos son para Venezuela. Y en el marco capitalista, si la economía del cliente más importante se cae, como está ocurriendo en Norteamérica y Europa, y predice Sartelli que pasará en China (cuya tasa de crecimiento se debilita), entonces  las economías dependientes sufriremos las consecuencias.

Sin embargo, son precisamente las crisis prolongadas, es decir, las generadas por caídas en la tasa general de ganancias, las que motorizan revoluciones, que según el autor y con base en el costo humano que muestra la historia, son muy cruentas. En Argentina, Sartelli estima que ocurre una crisis cada siete a diez años, y que en el año en curso puede haber cambios, que estarían vinculados a la decisión de la presidenta Cristina Fernández, de suprimir algunos subsidios importantes. Pero si bien la alternativa es el socialismo, éste sólo podrá construirse sobre la base de una revolución conducida por un partido organizado, que desplace a la burguesía y sus intereses, y que coloque a la clase obrera en el poder, para trabajar por el colectivo. Pero, ¿cómo lograrlo?

Obviamente, ello no es nada fácil, y de hecho Sartelli considera que en América Latina estamos lejos de un proceso revolucionario en gran escala. Mientras tanto, de su exposición surgen numerosas preguntas, que deberían motivar un debate en el marco de la izquierda, y en particular para ayudar a aterrizar a muchos camaradas exageradamente optimistas y fanáticos, que suelen reducir el socialismo a un adjetivo. Por ejemplo: ¿cómo construir el socialismo desde la periferia del capitalismo, cuando nuestras economías son tan dependientes de los países centrales? Considerando que los grandes avances tecnológicos de los cuales disfrutamos, provienen básicamente del capitalismo (con mano de obra asiática mediante), ¿cómo crear modelos socialistas que mantengan el interés por la innovación, para evitar el estancamiento que afectó a las economías socialistas de Europa?

Esta última pregunta nos lleva a otras muy relacionadas. Desde Marx para acá está claro que para cambiar el capitalismo es necesario saber bien cómo funciona, ¿pero acaso no es igualmente importante conocer en detalle las razones por las cuales fracasaron los intentos socialistas, más allá del papel de la propaganda gringa y sus aliados nacionales? ¿Cuál fue el peso de la burocracia y la corrupción como factores causales? En un país con alto circulante como es el nuestro, que ha crecido al amparo del petróleo y con la cultura gringa como norte, ¿cómo evitar el consumismo exacerbado de los jóvenes y de los no tan jóvenes, a veces impulsado desde las propias empresas nacionalizadas, y cómo reducirlo hasta un límite aceptable? Si partimos del hecho de que en cualquier sistema, la economía real demanda que las empresas sean rentables, ¿cómo tenerlas en el socialismo, que apunta a la satisfacción de necesidades verdaderas?, ¿cómo construir desde un esquema socialista, programas de comercialización que no sean alienantes, y que respeten al ser humano? ¿Durante cuánto tiempo pueden mantenerse los subsidios keynesianos, descritos por Sartelli como el recurso del burgués asustado, cuando la economía capitalista tiene problemas?

Si bien el capitalismo es una “caja bastante frágil”, como afirmó el conferencista, sus trescientos años de sobrevivencia de crisis en crisis, ya representan un fardo demasiado pesado para la humanidad, porque la amenaza actual supera hasta la barbarie que profetizó Rosa Luxemburgo: hoy está planteada la destrucción del planeta, que tanto angustia a Fidel Castro y a todos quienes tienen los pies sobre la tierra.

Mientras persiste la amenaza de una confrontación definitiva, que podría empezar por la invasión de Israel y Estados Unidos a Irán, después de la destrucción de Afganistán, Irak, Libia, Siria y el bombardeo cotidiano a Palestina, en Venezuela nos jugamos la posibilidad de proseguir con el intento de crear pacíficamente el socialismo del siglo XXI, en las elecciones del 7 de octubre. Abandonemos el triunfalismo y apretemos el paso.

(*) Profesor UCV.  


charifo1@yahoo.es



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Douglas Marín(*)


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