En el complejo escenario geopolítico que enfrenta la República tras la agresión imperial del 3 de enero de 2026, la gestión de la Presidenta (E) Delcy Rodríguez tiene ante sí la oportunidad histórica de consolidar una Diplomacia de Resistencia Propositiva. Venezuela no es una reserva de recursos a ser tutelada, sino una nación soberana que dicta las condiciones de su propia cooperación internacional basándose en la justicia y la ética.
La Ética como Requisito: Perdón y Libertad
Como nación libre, establecemos una premisa ineludible en cualquier mesa de diálogo: la reparación moral. No puede haber negociación energética mientras persista la violación del Derecho Internacional. La infamia del 3 de enero no solo se cuenta en la sangre de los más de 100 mártires venezolanos y cubanos; se expresa en el secuestro ilegal del Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros y de la Primera Combatiente, Cilia Flores.
Exigimos el perdón público nacional y mundial de los agresores y el regreso inmediato de nuestros líderes a la Patria. La reparación de daños a las familias afectadas es el único camino para sanar la herida de una acción criminal que pretendió convertir a Venezuela en un protectorado. Sin dignidad no hay acuerdo.
Soberanía Tecnológica: El Modelo Ruso como Inspiración
Para que nuestra independencia sea real y duradera, debemos transitar hacia una Soberanía Tecnológica robusta. Mi experiencia en la Universidad Federal de Kazán (KFU) y en Funda-CEDITEC me permite afirmar que la Federación de Rusia es el referente mundial a seguir. Rusia ha demostrado que es posible resistir el asedio desarrollando una ciencia aplicada que sustituya importaciones críticas. Propongo para Venezuela:
- Autonomía de Procesos: Desarrollar catalizadores, software y maquinaria propia para nuestra industria de hidrocarburos.
- Ciencia al Servicio del Crudo: Agregar valor a nuestro petróleo mediante procesos bioquímicos nacionales, rompiendo la dependencia de patentes extranjeras.
De la Internacionalización a la Internalización
Rescatando la tesis del maestro Alí Rodríguez Araque, con quien tuve el honor de trabajar desde los albores de la Revolución en 1999, el Estado debe profundizar la Internalización. El capital y el conocimiento deben quedarse en suelo venezolano para fortalecer nuestra industria metalmecánica y química. Reivindicamos nuestro derecho a vender energía a China, India y a las potencias emergentes del mundo multipolar, sin permitir que la cercanía geográfica con EE. UU. se convierta en una forma de tutelaje.
El Triángulo de la Seguridad Nacional: Alimentos, Ciencia y Dignidad
Siguiendo la visión de Kléber Ramírez, nuestra política pública debe ser una síntesis de tres pilares fundamentales:
- Producir Alimentos: Garantizar la autonomía nutricional para que el hambre jamás sea utilizada como arma de coacción.
- Producir Ciencia: El "cerebro" de nuestra independencia, fundamental para la soberanía tecnológica en petróleo, gas y petroquímica.
- Producir Dignidad: El alma de la nación, que se mantiene firme exigiendo respeto por sus caídos y la libertad de sus líderes secuestrados.
Conclusión
La integración energética solo es posible bajo un marco de igualdad soberana. Al exigir perdón, reparación y desarrollar nuestra propia ciencia, Venezuela no solo defiende a su pueblo, sino que salvaguarda el Derecho Internacional. La energía venezolana debe ser el motor para producir, finalmente, la plenitud de la vida, el conocimiento y la justicia.