El delirio de los culpables

La riqueza de todo proceso revolucionario consiste en que el permanente cambio de las situaciones, los contextos y las realidades en el devenir político, permiten observar dichos cambios, los movimientos y la contundencia de los mismos, solo por quienes usando las herramientas científicas de la dialéctica, el materialismo histórico y las ciencias sociales entienden que solo bajo los parámetros del enfoque socialista, bajo los parámetros de la lucha de clases y la inexorable confrontación de éstas, solo así es posible entender los cambios dinámicos, vertiginosos unas veces, imperceptibles otras, violentos o suaves siempre deben tener un rumbo definido, es todo ello el elemento catalizador de una revolución. Cuando se entiende nuestra lucha de esa forma difícilmente se asume posiciones individualistas y por el contrario se entiende todo esto como parte de un inmenso cambio contagiante que involucra a toda una sociedad y en donde incluso hasta los indiferentes juegan un papel en el proceso.

La lucha revolucionaria solo se entiende si se asume que todo esto está enmarcado en la lucha de clases, por tal razón, independientemente que la táctica varíe, la estrategia siempre debe estar ceñida a esta premisa, de lo contrario jamás podremos entender los acontecimientos y la forma como se desencadenan acontecimientos y reacciones de los factores en pugna.

Los individuos en los procesos revolucionarios jugamos un papel, sin embargo, si esta actuación no está ensanchada a lo colectivo es muy fácil perder el rumbo, caer en el marasmo de la traición y no saber definir los pasos que da el proceso cuando la fuerza telúrica de los pueblos se deciden a ser libres.
Esta breve introducción la hacemos para rematar con varios ejemplos de este proceso político que estamos viviendo, en hechos acaecidos en algunas regiones del país. Con estupefacción observamos el comportamiento de ciertas individualidades, a veces nos cuesta comprender su actitud, no obstante, solo con recurrir a los factores que decantan un proceso revolucionario, solo con ello, podemos detectar cuan equivocados están quienes aferrados a viejos preceptos, pretendieron abrirse espacio en este proceso revolucionario y seguirán pretendiendo hacerlo seguramente pero enfocados en la vieja política y sin un rumbo claro que trae como consecuencia nefasta para ellos el estar "fuera de foco", cuando en otras oportunidades asumieron un papel bien importante.

En presencia de una contundente manifestación popular en el estado Yaracuy, manifestando apoyo al candidato del PSUV, Julio León, cavilando hechos acaecidos recientemente, nos permitió sentarnos a analizar todas estas cosas. Como el país sabe, en las pasadas elecciones regionales de 2004, por primera vez en esta región asciende a la magistratura regional un representantes de los sectores progresistas, Carlos Giménez apoyado por el polo patriótico logra el triunfo por encima del tristemente célebre Eduardo Lapi, hasta ese momento el calderismo dominaba el espectro regional, en lo político y también en lo económico. Obviamente que esto (el triunfo de Giménez) representó un avance importante, se logró quebrar uno de los espacios más férreamente sostenidos por la derecha, no solo mantenían la gobernación, también la gran mayoría de las alcaldías de este estado central del país.

Giménez, surgido de las luchas populares, de una tradición de izquierda, asciende al poder regional. El cambio en lo político-institucional no representó gran cosa, en lo referente al avance de la gobernación en la vía hacia el verdadero cambio estructural en lo social, independientemente que se impulsaron cambios, sin embargo, los mismos no contaron con un plan estratégico que empujara hacia el verdadero cambio revolucionario y socialista; los grupos económicos, sin sonrojo se alinearon en el nuevo contexto regional y lo que comenzó siendo una esperanza de verdadero cambio para el pueblo, se ahogó en medio de acuerdos y conciliábulos promovidos por los sempiternos "asesores" que poco le importa el color o signo de quien está en el poder, solo necesitan tener poder para se rodeados por una pléyade de expertos, asesores y pare usted de contar, siempre en función de intereses crematísticos, nunca en base a principios revolucionarios e intereses populares.
Este personaje del estado Yaracuy, al igual que otros casos como Acosta en Carabobo y Manuit en Guárico, con sus particulares diferencias, sin embargo, el denominador común gira entorno a lo económico que se entrelaza con los intereses políticos de la derecha, experta en manejar el tema de la traición de los factores políticos que intentan romper con los esquemas tradicionales y luchar por el socialismo.

Ayer, en medio de la inscripción de la candidatura a la gobernación por parte de Julio León, apoyado por el PSUV, los yaracuyanos demostraron estar claros en su rumbo, igual en Carabobo, igual en Guárico, no obstante me refiero a Yaracuy por haber tenido la oportunidad de observarlo muy de cerca, pero la realidad en los otros estados no debe ser muy diferente. Ayer quedó sepultado políticamente quien alguna vez pretendió desafiar los poderes de un pueblo, de un colectivo amalgamado por una idea, un rumbo y una esperanza, el que pretendió en convertirse en "dueño" del PSUV.

Más allá de las individualidades, más allá de lo personal, la militancia del PSUV salió a apoyar a su candidato, independientemente del factor afectivo entre éste y el colectivo, el colectivo yaracuyano interpretó, no ya al caudillo tradicional, común en este estado, sino al representante de una organización que el pueblo sabe será su herramienta para la liberación, su candidato a la gobernación por el PSUV Julio León Heredia.

No se trata de la promoción de aparatos burocráticos que pululan alrededor del poder, se trata de batallones socialistas, vitales para lograr la meta, sin mucha parafernalia, con pocos recursos la gente se movilizó, entre el sol y la lluvia se mantuvo, escuchó los discursos y marchó para corroborar su respaldo. Fue una muestra de consciencia, de compromiso más allá de un candidato, de una fórmula o unos factores internos, el compromiso es con el PSUV, el PSUV es la herramienta del pueblo que no puede ser secuestrada por nadie, ni de viejo o nuevo cuño.

Sin trauma cada batallón asumió el compromiso de reestructurar lo que hubiere que reestructurar, de cambiar lo que hubiere que cambiar. Allí está este pueblo construyendo la esperanza, fortaleciendo a su partido, porque el PSUV no es de alguien en particular, es del pueblo y eso deben entenderlo quienes aún pretenden regresar a viejas prácticas, un gobierno de un socialista debe ser abierto al pueblo, para el pueblo, no para grupúsculos que pululan en torno al poder, persiguiendo intereses económicos y grupales, un socialista que es candidato está por encima de esa miseria humana que todavía llevamos dentro, las ansias de controlar y sacarle provecho individual a estas circunstancias, los discursos tanto del vicepresidente del PSUV, Carlos Escarrá, como del candidato Julio León fueron claros y contundentes en cuanto a la necesaria marcha, desde todas las trincheras hacia el socialismo. Esto jamás lo entenderán quienes en el cristal tradicional sacan las cuentas y los numeritos basados siempre en los tradicionales factores de poder y en donde el pueblo solo era un invitado marginal que salía a depositar su voto y ya.

Papelitos cartelones escritos por cualquier camarada del batallón tal o cual, sobresale el nuevo enfoque, contrario al tradicional despliegue propagandístico de quienes aún siguen pensando en las viejas formas de hacer campañas en donde siempre se impone las maquinarias aceitadas y viciadas la mayoría de las veces...la cantidad de personas que paulatinamente se van incorporando a la campaña de Julio León lo hacen rompiendo con los cánones tradicionales del caudillismo que pudo ejercer el ex-gobernador Giménez, en proceso de juicio por hechos de corrupción, y que además intentó arrastrar a todo un colectivo a su drama individual producto de haber sido objeto del secuestro por parte de poderosos grupos económicos que lo sacó de la senda revolucionaria para convertirlo en simple títere de los grupos económicos de la región.

El ejemplo de estas regiones, Yaracuy, Carabobo y Guárico, es importante para la revolución, el éxito de la política del PSUV en estas zonas derrumbará el viejo mito del caudillismo, aplicado por la derecha y repetido, lamentablemente, por quienes estaban llamados a construir el camino para la revolución socialista en estas regiones. Ahora le toca a León Heredia, camarada que tiene la responsabilidad de encabezar la candidatura en Yaracuy, Mario Silva en Carabobo y William Lara en Guárico, el éxito o fracaso del mismo dependerá si se consolida o no los batallones socialistas, los consejos comunales, el poder popular; si se logra que en cada batallón, en cada comunidad se asuma que por encima de caudillos trasnochados y culpables del atentado a la revolución en estos estados, por encima de la manipulación de grupos regionales se impulsa la fuerza telúrica del pueblo y este pueblo asume el compromiso histórico de impulsar una revolución y fortalecer todos los espacios socialistas, si esto se logra, el triunfo del pueblo y la revolución en estos estados estará garantizado.

latojeda@gmail.com


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Luis Alberto Toro Ojeda

Publicista. Militante de izquierda. Integrante del Frente Bicentenario de Campesinos del estado Trujillo. Integrante del PSUV.

 latojeda@gmail.com      @latojeda

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