Petróleo, cenizas y fundación

89 AÑOS DE CIUDAD OJEDA

Juan Vicente Gómez es quien inicia una política de concesiones masivas a las empresas petroleras y con ello le abre las puertas a la explotación en el Zulia. El recordado Pozo "Zumaque I" instalado por la Caribbean Petroleum Company, el 31 de julio de 1914 en tierras de Mene Grande, comenzó a producir unos 250 barriles diarios de petróleo.

Para los años 30 toda la Costa Oriental del Lago respiraba petróleo. Un oro negro que transformaba el paisaje y atraía miles de almas que fueron rápidamente ensanchando los pequeños pueblos en esas orillas lacustre. Allí existía el Caserío Lagunilla, un laberinto de palafitos que se adentraba en el Lago, hogar ahora de trabajadores petroleros.

En este contexto, el presidente Eleazar López Contreras, en un esfuerzo por imponer orden y planificación a la frenética expansión de la región petrolera, firmó un decreto visionario. El 19 de enero de 1937, la Gaceta Oficial N° 19.632 dio vida legal a un nuevo núcleo urbano en tierra firme. Se ordenaba la fundación de Ciudad Ojeda, en honor al conquistador Alonso de Ojeda.

El texto del decreto era preciso. Su objetivo declarado era agrupar en una población cómoda y adecuada a los habitantes del mencionado caserío de Lagunillas de Agua. Sin embargo, en 1937, la respuesta de los Lagunilleros fue tibia; su mundo era el agua. La historia, cruelmente, se encargaría de darle una urgencia trágica al decreto.

El 13 de noviembre de 1939, un incendio devastador, alimentado por el petróleo derramado en las aguas, consumió gran parte del poblado lacustre. Fue entonces cuando el decreto de 1937, que había permanecido como un plan en papel, se transformó en un salvavidas urgente. Ciudad Ojeda pasa a ser el destino forzoso para los sobrevivientes del viejo poblado de Lagunillas.

Así, la fundación de Ciudad Ojeda surgió en medio de la voluntad del gobierno y las cenizas dejadas por un petróleo en llama, erigiéndose no sólo como un homenaje a un conquistador del siglo XVI, sino como un monumento a la resiliencia de un pueblo, que encontró en tierra firme su nuevo destino hasta el día de hoy.



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Douglas Zabala


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