Efectivamente ¡Miranda quiere cambio!

Con la consigna ¡Venezuela quiere cambio!, la derecha paraopositora recogida en la Mud ha rotulado la desabrida campaña electoral que viene desarrollando en función de las elecciones legislativas previstas para el 6D. Consigna por lo demás nada novedosa, pues, cada cierto tiempo la derecha, la saca a relucir, no sólo en Venezuela, intentando concentrar en esa expresión ¡Cambio! todo el significado de la intencionalidad que, supuestamente, les anima y con la que pretenden ganar la voluntad del electorado.

Cambio gatopardiano

Obama, en su primera campaña presidencial, en los Estados Unidos; Macri, ahora, con su ¡cambiemos!, en Argentina, son las muestras más recientes del uso felón de esta consigna a nivel del Continente; en los hechos, resulta ser no más que una expresión demagógica que nunca se traduce en un cambio efectivo de la situación que se plantea superar.

En el caso de Obama, ganó las elecciones para superar, no para cambiar, sobre todo en el ámbito internacional, la orientación de la política criminal de su antecesor, George W. Bush, ocasionando la destrucción de varios países (Libia, Siria, Ucrania) y la muerte de centenares de miles de personas; y, en cuanto a Macri, ha quedado claro que su propósito de alcanzar la presidencia argentina es para echar hacia atrás las reivindicaciones populares logradas durante los 12 años de gobierno peronista de los Kirchner, contener los avances en la defensa de los derechos humanos y restablecer los vínculos de sujeción de la nación argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI), además de servir de ariete contra el gobierno bolivariano y los esfuerzos integracionistas en la Patria Grande; es decir, la derecha levanta la consigna del cambio (del cambio gatopardiano) con la idea de que todo vaya peor, siempre en pro de beneficiar a los sectores privilegiados y en detrimento de los intereses de los pueblos.

Cambio neoliberal

En nuestro país, el uso de la palabra cambio como consigna se remonta a la primera candidatura presidencial de Rafael Caldera (1998), oportunidad en la que ganando la presidencia de la República, ese hecho no significó ningún cambio positivo para el pueblo ni para el país, sí, por supuesto, para el proceso de acumulación capitalista de la élite gobernante y de los círculos imperialistas; luego, quien lanzó la palabreja pero con resultado adverso fue Eduardo Fernández (1978), con el ánimo demagógico, de cambiar alguna cosa para que todo permaneciera igual.

Y ahora, a los sesudos publicistas de la derecha se les ocurre desempolvar la consigna sin estar revestida de voluntad direccionada a profundizar los cambios reales que se han producido en el país en estos 16 años de revolución bolivariana, sino, por el contrario, la intención es, retrotraer a Venezuela, en el caso de lograr el poder político, a los perversos cánones neoliberales de la cuartarrepública; así lo contemplaba el programa que inspiraba a Capriles Radonski, como candidato presidencial de la Mud.

E igualmente, es lo que pretenden en el supuesto de alcanzar la mayoría en la Asamblea Nacional (2015), utilizarla, no para garantizar los avances políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales y de todo orden consagrados en la CRBV, que son motivo de reconocimiento a nivel mundial y que han colocado a Venezuela en la vanguardia de la lucha por la dignificación de los pueblos y por la humanización de las relaciones sociales a nivel mundial.

Cambio por la soberanía y la integración

No, esta derecha paraopositora, alcanzando la mayoría parlamentaria, lo que se propone desde la Asamblea Nacional es obstruir la gestión del Presidente Nicolás Maduro y facilitar los propósitos desestabilizadores del imperialismo estadounidense, cuyo afán no es otro que destruir la Revolución Bolivariana para reponerle las manos a las riquezas nacionales, en especial, a los ingentes recursos energéticos.

De allí la significación de las elecciones del próximo 6D, en las que, a pesar de su naturaleza parlamentaria, implican la beligerancia, inevitable, de dos modelos de país que son los que han estado en antagonismo permanente desde que Chávez asumió el poder en 1998.

Miranda requiere cambio

Ahora bien, si de cambio de orientación política se trata, no hay la menor duda de que habría que destacar el requerimiento de cambio que se palpa en la entidad mirandina, tanto a nivel del poder ejecutivo regional como a nivel de la representación parlamentaria opositora en la Asamblea Nacional; pues, por una parte, han sido, 6 años de desgobierno opositor, en los que Capriles Radonski ha dado muestras patéticas de negligencia e ineficacia para responderle como se merecen las comunidades mirandinas, que cada día asumen la inminencia y necesidad de un cambio revolucionario en la administración regional.

Por otro lado, en cuanto a la representación opositora en el Parlamento Nacional se hace perentorio insuflarle una alta dosis de cambio, dado que la actual se ha caracterizado por diputados como: Enrique Mendoza y Julio Borges con record de inasistencias y desatención de sus responsabilidades como parlamentarios; María Machado, que tuvo el tupé de asumir, en la OEA, la representación diplomática de un país extranjero; Juan Carlos Caldera, defenestrado del Parlamento por acto de corrupción; y Alfonso Marquina, que tan mal rendimiento tuvo ante su electorado que ahora aspira a la reelección por otro estado del país. Y en la nueva camada de aspirantes, aparece Freddy Guevara que compite con el monstruo de Ramo Verde por la condición de ser el más fascista de los fascistas de Voluntad Popular; la señora Delsa Solórzano, cada día más inconexa en su discurso y la señora Adriana D`Elías, hasta hace poco Directora del Despacho del desgobierno de Capriles; en verdad, nada nuevo bajo el sol.

Efectivamente, ante este hándicap, tiene pleno sentido la consigna ¡Miranda quiere cambio! que es lo que va a iniciarse el próximo 6D con el triunfo de las fuerzas bolivarianas.

 



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Miguel Ugas

Miembro de la coordinación nacional del MoMAC

 miguelugas@gmail.com

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